¡Gaviotas de un amor! Arrodillado ante mi dulce gaviota la tomé entre mis brazos ya sin vida ante la soledad urbana. Los años han pasado y aún recuerdo el lenguaje de las gavias. Yo regresé al mar y la devolví al océano, pues ella era -como los marinos- que al morir tienen que ser devueltos al piélago. Su amor había sido frágil como las olas contra los arrecifes. Desde entonces llevo una estrella marina que resplandece en mi ser, alumbrando mis versos y nostalgias. Nadie entendería que en el fulgor de aquel cristal vuela un blanco y lejano amor. Verso: “En las playas de un olvido/ encontré un pájaro herido/ Era una blanca gaviota/ que tenía el ala rota/ y muy triste el corazón/ Y la cuidé algún tiempo/ para no morir su vuelo/ y la llevé a los esteros/ para que viera un velero/ y los peces sobre el agua/ ¡Gaviotas! ¡Gaviotas que se van!/ Ella me enseñó a volar/ e imaginar/ con esas ansias secretas/ la libertad/ y yo le enseñé a versar/ ¡y a olvidar!/ como versan los poetas/ enamorados del mar/ Y un día sanaron sus alas/ ¡y se marchó!/ y voló al cielo de un olvido/ ¡dejándome!/ y nos dijimos adiós/ en el amor/ como dos viejos amigos/ Ella se llevó la estrella/ que atardeció/ y a mí me dejó el camino/ Y un día volveré a los riscos/ buscándola/ para encontrarme con ella/ ¡Vagabunda!/ Para pedirle la estrella/ ¡que atardeció!/ y devolverle el camino/ que me dejó/ Para pedirle mi sueño/ que arrebató/ Y devolverle su vuelo mejor/ ¡Gaviotas!/ ¡Gaviotas que se van!/ (De “El Sueño y la Gaviota”) ©