Renee Good no era una amenaza: era una madre, una poeta, una amiga, una miembro de la comunidad, cuyo final se ha convertido en un símbolo doloroso de los atropellos que ICE comete en sus operaciones antiinmigrantes.
Renee Good no era una amenaza: era una madre, una poeta, una amiga, una miembro de la comunidad, cuyo final se ha convertido en un símbolo doloroso de los atropellos que ICE comete en sus operaciones antiinmigrantes.
Las redadas despiadadas que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) lleva a cabo siguiendo las directivas de la Casa Blanca han alcanzado un nuevo nivel de terror e injusticia con la muerte a tiros de una mujer estadounidense en Minnesota.
En la mañana del pasado 7 de enero, en una calle nevada de la ciudad de Minneapolis, Renee Nicole Good fue abatida por un agente de ICE durante un operativo federal. El horrible incidente ha causado indignación y protestas en Minneapolis y en todo el país.
Renee Nicole Good era una estadounidense de 37 años, nacida en el estado de Colorado. Era poeta, escritora, esposa, y madre de tres hijos, y se había mudado recientemente a Minnesota desde Kansas City. En la mañana del día aciago, había dejado a su hijo de 6 años en la escuela y regresaba a su casa con su pareja cuando se encontró repentinamente en medio del operativo de ICE.
Los agentes de ICE rodearon el Honda Pilot de Good. Posiblemente confundida, Good puso el auto en marcha atrás y luego lo movió hacia adelante, pero según videos tomados en el lugar de los hechos no parece que avanzara hacia el agente que hizo los disparos mortales, llamado Jonathan Ross.
La versión del Departamento de Seguridad Nacional es que Good intentó atropellar a los agentes y usar su vehículo como arma. Se llegó incluso a decir que se trató de un acto de “terrorismo doméstico” y que Ross actuó en legítima defensa.
El gobierno federal ha defendido a Ross. Hace seis meses, al intentar detener a un inmigrante indocumentado, el brazo del agente quedó atrapado en la ventanilla trasera del automóvil, y fue arrastrado unos cien metros hasta que logró disparar su pistola eléctrica Taser contra el inmigrante.
“Ese mismo agente de ICE estuvo a punto de perder la vida, arrastrado por un automóvil, hace seis meses –dijo el vicepresidente J. D. Vance el jueves–. ¿Creen que tal vez sea un poco sensible cuando alguien lo embiste con un vehículo?”.
Pero legisladores locales y varios expertos afirman que, en el incidente en Minneapolis, la vida del agente de ICE no estaba en peligro, ya que videos tomados en el lugar de los hechos muestran que el vehículo de Good parecía estar apartándose de él cuando abrió fuego.
La madre de Renee, Donna Ganger, describió a su hija como “una de las personas más amables que he conocido”, una mujer sin antecedentes violentos y que no participaba en protestas contra las autoridades migratorias. El gobernador de Minnesota, Tim Walz, ha pedido una investigación a fondo, y el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, exigió que ICE se marche de la ciudad.
Minneapolis, una ciudad aún marcada por el asesinato de George Floyd a manos de un policía el 25 de mayo de 2020, fue de nuevo sacudida por protestas, vigilias y exigencias de rendición de cuentas tras la muerte de Good. Muchas escuelas cerraron por preocupaciones de seguridad y miles de personas han dejado flores, velas y cartas en el lugar donde Good perdió la vida.
Este trágico suceso pone en evidencia un fallo profundo en la forma en que el Estado utiliza la fuerza en su campaña contra la inmigración, una campaña lanzada desde que Donald Trump volvió a la presidencia. Las acciones de los agentes enmascarados de ICE son intolerables y constituyen un abuso de poder y una violación de los derechos humanos en un país que se jacta de ser un bastión de la democracia y la libertad.
Renee Good no era una amenaza: era una madre, una poeta, una amiga, una miembro de la comunidad, cuyo final se ha convertido en un símbolo doloroso de los atropellos que ICE comete en sus operaciones antiinmigrantes. Su muerte debe ser un llamado para detener la militarización y las redadas de las agencias gubernamentales cuya función es proteger a la sociedad, no crear un ambiente de terror contra las personas, tanto si son ciudadanos nacidos en Estados Unidos o naturalizados, como inmigrantes con permiso de residencia o incluso indocumentados. La búsqueda de justicia en el penoso caso de Renee Good debe ser imparcial y urgente. Y las redadas violentas deben terminar. [FIRMAS PRESS]
Andrés Hernández Alende es un escritor y periodista radicado en Miami. Sus novelas más recientes son El ocaso y La espada macedonia, publicadas por Mundiediciones. También ha publicado el ensayo Biden y el legado de Trump con Mundiediciones y el ensayo Una plaga del siglo XXI, sobre la pandemia del COVID-19.
La realidad en tus manos
Fundado en 1936 por Napoleón Viera Altamirano y Mercedes Madriz de Altamirano.
Facebook-f Instagram X-twitter11 Calle Oriente y Avenida Cuscatancingo No 271 San Salvador, El Salvador Tel.: (503) 2231-7777 Fax: (503) 2231-7869 (1 Cuadra al Norte de Alcaldía de San Salvador)
2025 – Todos los derechos reservados