De joven promesa con bolso de peluche en 1996 a leyenda global en 2026, Shakira ha transformado su relación con El Salvador, culminando este año con una histórica residencia de cinco conciertos.
De joven promesa con bolso de peluche en 1996 a leyenda global en 2026, Shakira ha transformado su relación con El Salvador, culminando este año con una histórica residencia de cinco conciertos.

El Salvador se ha convertido este 2026 en el epicentro musical de Centroamérica.
Lo que comenzó en junio de 1996 como una visita promocional de una joven colombiana de 19 años, hoy se ha consolidado como una «residencia» histórica que movilizaría a más de 80,000 personas al Estadio «Mágico» González de San Salvador.
Esta es la crónica de una evolución sin precedentes, que inicia desde la inocencia de los «Pies Descalzos» al rugido de la loba que domina la industria global en el año que inicia.
1996 El origen de la profecía

En junio de 1996, el panorama musical salvadoreño recibió a una artista que rompía moldes. Con una melena negra, lisa y extremadamente larga que le llegaba casi a la cadera, Shakira pisó suelo cuscatleco para promocionar su tercer disco, «Pies Descalzos».
En aquel entonces, la prensa local intentaba encasillarla comparándola con la canadiense Alanis Morissette por su estilo rockero y su capacidad de composición. Sin embargo, ella, con una madurez inusual para su edad, marcaba distancia: respetaba a sus colegas, pero su voz era única.
Durante su estancia en el Hotel El Salvador, los detalles curiosos sobraban. Vestía pantalones a cuadros, una camiseta blanca y cargaba un bolso con forma de osito de peluche. Se definía como una mujer estricta en el trabajo pero «desordenada» en su vida privada, confesando incluso que nunca lavaba su carro.
En esa visita, reveló que acababa de hacer un casting para la película «El Zorro» junto a Antonio Banderas, pero dejó claro que su prioridad absoluta era la música. «Mi meta es que mi música trascienda fronteras y el tiempo», dijo entonces. No sabía que estaba dictando una profecía.
2006 La explosión de la Superestrella

Diez años después, en noviembre de 2006, El Salvador presenció la metamorfosis definitiva. La joven del peluche había dado paso a una superestrella global.
Con el «Oral Fixation Tour», Shakira cambió el ambiente íntimo de los hoteles por un Estadio «Mágico» González a reventar.
Más de 25,000 personas desafiaron las amenazas de lluvia para ver a una artista descalza, pero rodeada de una producción de primer mundo. Fue la noche de la danza del vientre al ritmo de «Ojos así» y del cierre apoteósico con «Hips Don’t Lie».
A pesar de su estatus de diva mundial, mostró su lado humano como embajadora de UNICEF y su sencillez al solicitar comida típica salvadoreña en su camerino, manteniendo ese vínculo emocional con el país que la vio crecer.
2008 El poder de la diplomacia

La tercera visita, en 2008, no tuvo lentejuelas. Shakira regresó en el marco de la XVIII Cumbre Iberoamericana, pero esta vez como una influyente líder de opinión.
Acompañada por figuras como Alejandro Sanz, Fher Olvera (Maná) y Carlos Slim, su misión fue política: promover el desarrollo infantil temprano a través de la Fundación ALAS.
Fue tratada con el protocolo de una jefa de Estado, reuniéndose con mandatarios como Elías Antonio Saca y Michelle Bachelet.
En suelo salvadoreño, Shakira demostró que su voz no solo servía para cantar hits, sino para mover agendas presidenciales y lograr compromisos históricos para la nutrición infantil en la región.
2026 La consolidación como Leyenda

Llegamos al presente. El Salvador es hoy el único destino de Centroamérica que acoge el Las Mujeres Ya No Lloran World Tour bajo un formato de residencia.
Lo que inició como una fecha se transformó, por demanda masiva y un diálogo viral con el presidente Nayib Bukele, en cinco conciertos históricos (7, 8, 12, 14 y 15 de febrero).
El impacto es total: una inyección económica estimada en 25 millones de dólares y un estadio que utiliza tecnología de punta y pantallas de alta definición para una artista que ya no tiene nada que demostrar, pero que lo entrega todo.
30 años de evolución

Al comparar estas cuatro etapas, el contraste es fascinante. En 1996, El Salvador era una parada promocional para una artista emergente; en 2026, el país es el hub logístico y turístico de su gira mundial.
Hemos pasado de verla con un pantalón a cuadros en un salón de hotel a verla dominar un estadio durante cinco noches consecutivas.
Shakira ha sabido navegar tres décadas de cambios en la industria, pasando del rock alternativo al pop global y los ritmos urbanos, pero manteniendo la esencia que prometió en aquel 1996: música que trasciende el tiempo.
Aquella joven que imaginaba a El Salvador como un lugar «mágico y exótico» ha terminado por convertirlo en su segundo hogar, cerrando un círculo de 30 años que ya es parte de la historia dorada del espectáculo en el país.
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