El barrio Veracruz celebra la entronización del Niño Dios el 1 de enero, una tradición de 421 años que une fe, arte artesanal y fervor popular, consolidándose como uno de los tesoros culturales más antiguos.
El barrio Veracruz celebra la entronización del Niño Dios el 1 de enero, una tradición de 421 años que une fe, arte artesanal y fervor popular, consolidándose como uno de los tesoros culturales más antiguos.

En el corazón de Sonsonate, el inicio de cada año no solo marca el calendario, sino la renovación de un compromiso inquebrantable con la historia.
El Trono del barrio Veracruz, conocido popularmente como el «Trono Garrobero», se erige cada 1 de enero como una de las manifestaciones religiosas y culturales más antiguas de El Salvador.
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Esta expresión de fe popular, nacida en el siglo XVI, rinde homenaje a la Sagrada Familia, teniendo como eje central una imagen del Niño Jesús que este 2025 cumple 421 años de veneración continua.
Según registros históricos del historiador Wilfredo Cea, esta tradición se remonta a 1518 por iniciativa del obispo Juan Ramírez de Arellano.

Lo que comenzó como una sencilla estructura de vara de chimalóite y papel de china ha evolucionado a través de las generaciones, en una compleja creación de gran formato y profundo valor simbólico que representa el lazo indisoluble entre los vecinos y sus antepasados.
El punto culminante de la festividad ocurre al caer la tarde del primer día del año, frente a la ermita del barrio Veracruz. Entre las 6:00 y las 7:00 de la noche, la comunidad se congrega para presenciar la solemne entronización del Niño Dios. En un acto que funde la memoria colectiva con la devoción, la imagen es colocada en el trono, el cual se ilumina majestuosamente entre rezos y cantos.
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Cada año, el diseño del trono es una sorpresa para los asistentes; los miembros de la cofradía y voluntarios locales se inspiran en iglesias, catedrales o monumentos emblemáticos tanto nacionales como extranjeros para su creación.

Este esfuerzo no es improvisado; los preparativos liderados por la Cofradía del Barrio Veracruz inician desde agosto, demostrando que la tradición se sostiene sobre la autogestión y el amor de un pueblo que aporta desde donativos económicos hasta su propio trabajo manual.
La riqueza del Trono de Veracruz también reside en sus figuras ceremoniales. La Malinche: una joven del barrio que representa la belleza y la tradición local, papel desempeñado en 2025 por Victoria Minero.
El Alcalde de la Vara: una autoridad comunitaria simbólica que, durante la «Vela de la Vara» el 30 de diciembre, realiza el rito de «capturar» al alcalde municipal para que presida los festejos.
El Mayordomo: líder vitalicio de la cofradía que preserva los saberes ancestrales de la celebración.

Una fiesta para los sentidos
Durante los primeros seis días de enero, el barrio sonsonateco se convierte en un epicentro de alegría popular. Los visitantes pueden disfrutar de pastorelas, misas comunitarias y el tradicional reparto de tamales, pastelitos y bebidas típicas.
El ambiente, impregnado de olor a pólvora y música, sirve como punto de reencuentro para familias que llegan de diversos cantones e incluso para hijos de Sonsonate que regresan del extranjero para reconectar con sus raíces.
Con el apoyo de la Alcaldía Municipal de Sonsonate Centro, liderada por Roberto Aquino, esta historia viva sigue creciendo, demostrando que «El Trono de Veracruz» es mucho más que un evento; es el testimonio de un pueblo que se niega a olvidar su identidad.
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