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Más de 40 años de alfarería: Roberto, el artesano que forma nuevas generaciones

Roberto aprendió la alfarería siendo joven y hoy, a sus 61 años, continúa produciendo piezas artesanales y transmitiendo su conocimiento en Acogipri.

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Roberto aprendió la alfarería siendo joven y, a sus 61 años, continúa produciendo piezas artesanales y transmitiendo su conocimiento. Foto EDH/ Lissette Monterrosa

Son las 10 de la mañana. Devi, intérprete de lenguaje de señas, aún no ha llegado y esperamos unos minutos. Como suele ocurrir en esta época de fin de año, el tráfico complica los trayectos.

Casi al mismo tiempo en que Devi cruza la puerta principal, desde el interior de la casa aparece Roberto, a quien Rosario llama con cariño «el niño de oro».

Rosario es el primer rostro que recibe a los visitantes en Acogipri, una cooperativa de producción fundada en 1981 ubicada en San Salvador, que promueve la inclusión y los derechos de las personas con discapacidad, brindándoles formación, capacitación y oportunidades laborales.

Roberto saluda en lenguaje de señas. Su sonrisa es contagiosa y su entusiasmo, envolvente. A sus 61 años, tiene la capacidad de inspirar incluso al más desmotivado.

Desde hace más de cuatro décadas se dedica a la alfarería, un oficio que aprendió siendo muy joven, cuando su tío lo llevó a Acogipri, taller actualmente ubicado en la colonia Centroamérica, San Salvador.

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Tazas, pailas y vasijas entre otros son tallados con las manos de este alfarero. | Foto EDH/ Lissette Monterrosa

Con los años perfeccionó su técnica y hoy elabora piezas únicas de barro que se comercializan bajo la marca Chicali Artesanías. Cada creación que sale de su taller lleva un sello personal, fruto de décadas de aprendizaje, paciencia y amor por un oficio que ha hecho suyo desde 1980.

En su día a día, este hombre de piel morena y estatura mediana no solo moldea platos, tazas o pailas: moldea procesos, enseña técnicas y transmite un conocimiento construido paso a paso, igual que el barro que prepara desde su estado más rudo.

Su jornada comienza mucho antes del torno. El barro se convierte primero en polvo; se cierne, se limpia y se mezcla con agua hasta alcanzar la consistencia exacta. Luego viene el secado al sol y el amasado cuidadoso, necesario para eliminar el aire y las impurezas.

Después llega el torno, donde sus manos dan forma a piezas estandarizadas o a creaciones especiales solicitadas por clientes, muchos de ellos extranjeros.

«Es el único artesano que ha quedado de un grupo numeroso de personas con discapacidad. Después de la pandemia, muchos se fueron y ahora solo él saca la producción. Es una persona a la que queremos mucho y tratamos de cuidarlo», dice doña Rosario, con evidente admiración.

Roberto domina cada fase del proceso productivo: el primer horneado, conocido como bizcocho; la elaboración de pigmentos minerales —cuyas fórmulas guarda con rigor en un cuaderno cuidadosamente ubicado en su área de trabajo—; el esmaltado y el segundo horneado, donde el color y la textura terminan de definirse.

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Su talento no se queda en la producción. Roberto también enseña a estudiantes universitarios que llegan al taller en Acogipri a realizar sus prácticas. Foto EDH/ Lissette Monterrosa

Enseñanza y aprendizaje

Pero su talento no se limita a la producción. Roberto también comparte su saber con estudiantes universitarios que llegan a Acogipri para realizar sus prácticas.

Este 18 de diciembre se mueve en el taller como si fuera su primer día de trabajo, rodeado de una decena de jóvenes entusiastas, en su mayoría estudiantes de Diseño Industrial y de Productos de la Universidad Don Bosco. También ha enseñado su arte a estudiantes de Artes Plásticas de la Universidad de El Salvador (UES) y a jóvenes de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).

Con paciencia y dedicación, les explica desde cómo preparar el barro hasta cómo corregir un error en el torno. Superando las barreras de la comunicación, repite las indicaciones cuantas veces es necesario, corrige, bromea y acompaña a cada alumno hasta que logra dominar la técnica.

Para él, enseñar es una extensión natural de su trabajo. Le emociona ver cómo otros aprenden, se equivocan y vuelven a intentarlo; cómo descubren que el barro también exige tiempo y respeto.

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Roberto suma más de 40 años de trabajo en la alfarería y actualmente combina la producción artesanal con la enseñanza a nuevas generaciones. Foto EDH/ Lissette Monterrosa

Como productor, Roberto trabaja con eficiencia incluso bajo presión. Relata que puede elaborar piezas en cuestión de minutos cuando los pedidos son grandes, sin sacrificar calidad ni cuidado en los detalles. Cada objeto es distinto, incluso cuando responde a un mismo diseño.

Al mirar atrás, se siente orgulloso de lo que ha construido. Disfruta su oficio y encuentra satisfacción no solo en el resultado final, sino en la certeza de que su conocimiento no se queda en sus manos, sino que se transmite a nuevas generaciones.

En cada plato, en cada taza y en cada alumno que aprende, Roberto deja algo más que técnica: deja historia, perseverancia y la prueba de que las barreras pueden derribarse cuando prevalecen la pasión, el compromiso y la constancia.

Acogipri está ubicado en la colonia Centroamérica. Su número de teléfono es 7066 9869.

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Roberto, muestra parte de su trabajo y la diversidad de accesorios que venden bajo la marca Chicali Artesanías. Foto EDH/ Lissette Monterrosa

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