En estos días, al igual que el resto del año, debemos pensar y en lo posible ayudar a los desamparados, a los niños sin hogar, a las familias abandonadas, a los detenidos en las cárceles
En estos días, al igual que el resto del año, debemos pensar y en lo posible ayudar a los desamparados, a los niños sin hogar, a las familias abandonadas, a los detenidos en las cárceles
Nuestros pensamientos y compasión en estas navidades deben ser para los indefensos en las cárceles, los perseguidos por el odio, las víctimas de dictadores y regímenes de fuerza que se solacen del sufrimiento ajeno, de las torturas y maltrato que padecen a manos de carceleros sin piedad, de los verdaderos terroristas en este mundo.
Monstruos como Putin o el chofer que encabeza la dictadura de Venezuela sacian su sadismo, su abominable impiedad, con las torturas, vejámenes y desprecio que aplican a los encarcelados, que sufren sin poder comunicarse con sus familiares, víctimas con frecuencia de persecuciones sin sentido o denuncias falsas, ya que para vengarse de un agravio o por envidia hacia la prosperidad o felicidad ajena, se acusa por maldad diabólica.
El régimen de Putin, que manda a aniquilar a quien le opone o critica, como lo hizo con el luchador por la democracia en Rusia, Alexei Navalni, tiene encarcelados a quienes oponen su salvaje agresión a Ucrania acusándolos de «desacreditar el Ejército ruso», pese a que en su máquina de moler carne humana mas de un millón de rusos, norcoreanos y gente atraída con falsas promesas han muerto en los casi cuatro años que lleva la agresión.
El mundo ha visto como por la fuerza militares reclutan hombres de todas las edades en las calles de Moscú y muchas otras ciudades, lo que ha hecho que por decenas de miles los rusos estén abandonando el país y los padres salgan con sus hijos menores para evitar que al llegar a los dieciséis años o más, sean forzados a ir al frente a dar sus vidas por una causa sin sentido.
La guerra contra Ucrania es una amenaza a Europa y a las naciones que en algún momento formaron parte de la ahora despanchurrada Unión Soviética, a lo que se agrega que el régimen de Putin ha mandado asesinar a disidentes rusos refugiados en otros países, como se dice del caso de las tres personas opositoras que fueron envenenadas en Londres con Polonio, un elemento descubierto por Marie Curie tan mortífero que el equivalente a un vaso de Polonio puede matar a toda la población de Francia…
Como bajo el nazismo hitleriano, el mayor horror de la historia contemporánea cuando hasta niños de dos años eran enviados a las cámaras de gas, las persecuciones son la «alegría» de los dictadores, lo que llena su ego, su narcisismo sin límites, su avidez tras el poder y el dinero… Hay un caso en un país del Asia Central donde el dictador cambió el nombre al lunes para ponerle el suyo, como mutatis mutandis está sucediendo en una nación cuyo nombre por ahora hemos olvidado…
«Lunes» es el día de la luna; martes, el día del dios romano Marte; jueves, el de Júpiter; viernes, del día de la Diosa del Amor, Venus, Veneris… Falta ver si Maduro, Putin o uno de esos cambia el nombre de un día a la semana para, seguramente, dejarlo así por los siglos de los siglos… Ya Maduro adelantó la Navidad por decreto…
En estos días, al igual que el resto del año, debemos pensar y en lo posible ayudar a los desamparados, a los niños sin hogar, a las familias abandonadas, a los detenidos en las cárceles… Algunos dirán: «Si están en la cárcel, algo hicieron…», o, como el funcionario que alegó que «siempre hay daños colaterales», refiriéndose a los «errores» en las capturas.
Pero ni lo uno ni lo otro son correctos porque el régimen ha admitido que ha tenido que liberar a decenas de miles de personas porque fueron capturadas sin tener nada que ver con pandillas. Lo que pasa es que mucha gente piensa de manera mezquina hasta que la tocan a ella o a su familia. En una democracia o sociedad cristiana civilizada no puede haber ese tipo de «errores», mucho menos de indiferencia y deshumanización.
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