Una encuesta realizada por el PNUD en 2024 afirma que las comunidades tienen otra perspectiva de vida con la implementación del proyecto
Una encuesta realizada por el PNUD en 2024 afirma que las comunidades tienen otra perspectiva de vida con la implementación del proyecto

«Luis», de 27 años, planea ir a jugar en la noche con su pequeño equipo de fútbol a la comunidad Iberia, en San Salvador. Él vive en la colonia Altavista, en Ilopango.
Al caer la tarde, se pone su uniforme azul, como el color de la bandera de El Salvador, con franjas blancas a los costados. Alista sus «tacos» y mientras va de camino espera que sea un buen partido, un momento para desestresarse y divertirse tras el trabajo.
El árbitro da el pitazo de inicio del partido en la cancha ubicada junto al CUBO (Centro Urbano de Bienestar y Oportunidades). Entre gritos de «pásamela», «hacételo (el gol)» y de apoyo de algunos asistentes, Luis logra uno de los tantos goles anotados durante el encuentro.
El partido ha acabado. El equipo azul le ha ganado a los uniformados de escarlata de la comunidad Iberia. Sin resentimientos, con espíritu deportivo, los rivales aceptan la derrota, mientras el equipo de Luis se abraza satisfecho por la victoria.
«Hace unos años no se podía venir a jugar, o si venía, tenía que decir una buena razón para entrar con el temor de que algo podía pasar. Por eso mejor me quedaba en mi colonia», menciona el joven.
Para personas como él, otro triunfo es volver a tener estos espacios donde las personas pueden movilizarse sin temor. Un escenario donde se borran las líneas fronterizas entre colonias que antes estaban trazadas por las pandillas que operaban en ellas.
«Yo vine a la colonia porque un amigo me invitó al CUBO. Es un buen cambio que ahora podamos venir acá sin miedo. A veces me he quedado hasta las 10 de la noche y no ha pasado nada. Uno puede estar más tranquilo, conocer a otros jugadores de otras colonias y la gente aquí también es tranquila», dice.
Al interior y al exterior de otros CUBO en el Área Metropolitana de San Salvador se respira el mismo aire: serenidad, aprendizaje y convivencia. Son punto de encuentro y un oasis para muchos. Comúnmente es en horas vespertinas y nocturnas cuando hay mayor afluencia, tanto de habitantes locales como de otras comunidades.
Desde 2021, cuando fueron inaugurados los primeros CUBOS, estos han proporcionado servicios lúdicos, capacitaciones, de biblioteca, entretenimiento, deportes, diseño gráfico, robótica, entre otros, para los habitantes de las zonas que han estado estigmatizadas por sus niveles de inseguridad.
A unos 5 kilómetros de la comunidad Iberia sobresale de entre las viviendas el CUBO de la colonia Santa Lucía, en el distrito de Mejicanos. Es el protagonista a la vista de todos, un oasis en medio del ajetreo de un Mejicanos de mucho comercio y tras tantos años de paranoia colectiva a causa de la inseguridad.
Desde una mesa en el segundo nivel se contempla casi toda la capital, sus edificios emblemáticos como Catedral Metropolitana y otros tantos modernos capturan la atención, vista que se alterna con la lectura de los libros que se pueden encontrar entre sus paredes de vidrio.
Las voces de niños con sus padres, jóvenes y adultos mayores circulan en la estructura cuadrada y de cristal. Algunos adolescentes se entretienen en un videojuego o adultos hacen manualidades; otros jóvenes y niños leen alguna literatura de ciencias, historia o de fantasía.

A diario, unas 100 personas, tanto de la Santa Lucía como de otras colonias, visitan este espacio para aprender inglés, cocina infantil, pintura, leer, jugar Roblox o simplemente para charlar y distraerse, según cifras que da el personal.
«Ha sido de gran ayuda para mi hija para explotar su arte y desenvolverse con otros niños. Lo que hacemos es apoyarla para que descubra su talento», dice una madre.
«Podemos andar tranquilos a las 9 o 10 de la noche. Cuando no estaba el CUBO no podíamos hacer eso. Es un gran cambio, no solo para la colonia, también para colonias cerca, la gente puede venir tranquilamente. Es una buena ‘pegada’ la que se ha hecho», opina un vecino.
Un estudio realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en 2024, menciona que las personas perciben un significativo aumento en la sensación de seguridad y convivencia desde el establecimiento de los CUBOS, considerados como «espacios que brindan la oportunidad a los usuarios de ver la vida desde otra perspectiva».
Mejicanos era conocido hace unos cuatro años como «zona roja», donde cualquiera pensaba dos veces caminar por sus calles. Mencionar la colonia Montreal, Santa Lucía, Jardín y otras más era sinónimo de peligro.
Justo en esta última, la noche del 20 de junio de 2010 miembros de la pandilla 18 incendiaron un microbús con pasajeros dentro de él. 17 personas murieron y otras más sufrieron graves lesiones. Un crimen que marcó a Mejicanos y a todo el país. Ahora, a unos 550 metros está el CUBO de la Santa Lucía.
Uno de los primeros CUBOS está en la zona de la Zacamil, también en Mejicanos, que hace unos tres años estuvo asediada por pandillas. Es de mañana y unos padres de familia se han reunido para esperar a sus pequeños hijos que juegan a los disfraces dentro del edificio.

Los padres se saludan y van alargando las pláticas mientras llega la hora en la que sus pequeños saldrán. Atrás del recinto, un padre juega con su hija en uno de los columpios. «¡Papi, más fuerte!, ¿No te da miedo? ¡No! ¡Papi, qué chivo!» Y se mezclan las risas.
En ese CUBO cada día es diferente. Al caer la tarde, niños y padres llegan para leer un poco, adolescentes asisten para clases de brake dance, jóvenes practican en las pistas de skateboard y adultos conversan en las mesas.
«La gente ve al CUBO como un refugio», resume un encargados del recinto. «No solo se trata de entretener, aquí también damos asistencia social, emocional y psicológica. Los chicos vienen y hablan con nosotros cuando necesitan que los escuchemos, aquí hay convivencia familiar y de la comunidad».
«La verdad desde el régimen (de excepción, implementado desde marzo de 2022) aquí es otro ambiente. Digamos que semanalmente vienen unas mil personas, cuatro mil cada mes», estima un trabajador sobre la asistencia. «Poco a poco vienen más de la zona y de otras comunidades», afirma.
«La gente ve al CUBO como un refugio. No solo se trata de entretener, aquí también damos asistencia social, emocional y psicológica a quien lo necesita»
Trabajador del CUBO
colonia Zacamil, Mejicanos
Los jueves en la tarde los adultos mayores tienen su momento en el CUBO de la colonia IVU. Toman café con pan dulce, platican de los hijos, nietos y la vida, rien un poco y se entretienen con manualidades.
Tras mediodía es cuando más gente llega, sobre todo niños y jóvenes. Las computadoras se encienden para una pequeña partida grupal de Roblox, unos se reúnen para jugar y platicar del día.
La colonia IVU tenía la mancha de estar bajo el dominio de la pandilla 18 Revolucionarios, la cual extorsionaba e intimidaba. Ahora se percibe tranquilidad.
A quien no conoce cómo llegar al CUBO de la comunidad Iberia, cerca del límite entre San Salvador y Soyapango, cualquiera de los residentes le puede indicar sin sentir inquietud de ver a un extraño por el vecindario, una sensación mutua para quien ahora se anima visitar.
Según trabajadores del recinto, a diario llegan unas 50 personas en las tardes y noches. «Acá damos talleres de dibujo, pintura, manualidades y clases de refuerzo académico, aparte de los torneos de fútbol que se realizan en la cancha. Nos apoyan organizaciones para dar atención emocional a algunas personas y la comunidad también nos ayuda», dijo uno.
Personas de diferentes colonias llegan para conocer el CUBO o para ver un encuentro de «fútbol barrio».
«Siempre había partidos de fútbol, pero los que jugaban eran de la misma colonia o los que venían de afuera tenían que ser de colonias donde operaba la misma pandilla», explica otra trabajadora.
Como en otras comunidades capitalinas, aquí ya no hay graffitis de maras. Las marcas de la MS-13, que controlaba el lugar, han desaparecido y ahora los sustituyen murales con colores vívidos y figuras que buscan transmitir esperanza tras varios años de zozobra.
«Todo es bien diferente ahora, la colonia está limpia. Para nosotros como trabajadores también es seguro, lo mismo para la gente que viene», dice con serenidad el colaborador.
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