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No bajemos la guardia en la protección de niñas y niños

El caso de Katya nos sigue recordando que debemos proteger a nuestra niñez de tanto depredador que pulula por las calles o en las familias…

Katya Miranda, una muchachita de nueve años, fue asesinada en 1999, un caso más de pederastia en nuestro suelo, horrible delito atribuido a su abuelo, el caso símbolo de lo que debemos proteger a nuestros niños y niñas, crímenes que horrorizan al mundo civilizado pero que sucede en algunos lugares con mayor frecuencia de lo que imaginamos.

Una «religión» fue fundada por un hombre que consumó su «matrimonio» con una niña de trece años pero que, según se dice, abusó de otras todavía menores.

Que niñas de doce, trece, catorce años sean dadas en matrimonio a hombres de treinta, cuarenta y hasta más años, o sean víctimas de abusos de individuos de todas las edades es de espantarse pues inclusive padres de pequeñas niñas las violan.

La víctima de abusos de un anillo de pederastas, Virginia Giuffre, que recién acaba de suicidarse a los 42 años, tituló sus memorias como La Niña de nadie («Nobodys Girl»), pues casi desde que tiene memoria fue víctima de abusos de su propio padre, un crimen más común de lo que podemos imaginar.

Muchos hombres han sido víctimas en su infancia o adolescencia de pederastas: el abuelo, el tío, el chofer «de confianza», el que tuvo a cargo un orfanato, curas, pastores, agentes de inmigración tienen a niños bajo su cuidado… los pederastas andan por doquier, por lo que las familias que aman y cuidan a sus hijos e hijas deben estar en permanente guardia protegiéndolos.

Un hombre acaba de ser condenado a 30 años de cárcel por abusar de un bebé y causarle la muerte. En este caso la ley es muy benigna si recordamos el pasaje del Evangelio en que Jesús dice:  «Y cualquiera que escandalizare á alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en el profundo de la mar…». 

Según los biblistas, la frase se refiere a los niños, pero también a los seres desvalidos o vulnerables.

La mujer también debe ser protegida de la barbarie

Considerar a la mujer como un ser inferior al hombre es un fenómeno que a través de la historia surge y desaparece. En Egipto, en la época de los faraones, en Grecia y en Roma, durante el Bajo Medioevo, en ciertas épocas y regiones las mujeres eran tratadas como iguales a los hombres o se les asignaba una posición inferior.

Cleopatra, la Reina Ptolemaica (miembro de la dinastía que fundo Ptolomeo, uno de los generales de Alejandro Magno) reinó con entereza, siendo famosos sus amores tanto con César como con Marco Antonio.Ya antes la reina Hatchesup en Egipto controló el Imperio; al morir, su medio hermano Amenophis fue un general que dominó el mundo de su época; su estatua, que refleja tanto grandeza como majestad imperial, es una de las obras maestras del Museo Egipciano de Turín, en Italia.

Hubo grandes pintoras, desde la hija de Tintoretto, Bertha Morison, Mme. Vigee le Brun y otras… Posteriormente hubo mujeres tanto en Grecia como en Roma que destacaron por su cultura, refinamiento, voluntad férrea.

El punto más bajo de la mujer fue desde mediados del siglo XIX hasta inicios del siglo XX, cuando las mujeres no podían votar, tener cuentas en los bancos que no estuvieran al nombre de hermanos o esposos e inclusive tener sus propios negocios, dándose casos en que la mujer pintaba, escribía o inventaba pero el Premio Nobel lo recibía el esposo.

El escultor francés Augusto Rodin tuvo una asistente que esculpió varias de las más hermosas obras que se le atribuían a él, pero que solo hasta hoy se le reconocen a ella…

Por desgracia las violaciones, los raptos y los feminicidios ensombrecen nuestra época, llegando al trato de barbarie contra la mujer bajo los islamistas radicales y los enloquecidos talibanes…

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