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Andar de legendarios circos de la felicidad

Diríamos que para entrar al circo de la felicidad es necesario volver al sueño del niño aquel que se perdió en el ayer de algún perdido paraíso.

¿Qué tienen en común los legendarios circos errantes con la vida? O dicho a la inversa: ¿Qué tiene la vida en común con los trashumantes circos del ayer, del hoy, del nunca y del mañana? La vida, en resumen, es un anfiteatro errante de carpas, fieras, magos, cómicos, ilusionistas, lanza-puñales, adivinos… Allá donde unos hacen reír a los demás o que los demás se rían de sí mismos; donde convivimos con ángeles y fieras humanas; donde creamos la magia del imposible-posible; la ilusión de la realidad o -dicho a la inversa- la realidad de la ilusión. Allá donde los adivinos descorren el velo de nuestro presagio o el lanza-puñales clava sus dardos en su propio corazón o en el del ser amado… En conclusión, diríamos que el Circo de Muñecos de la existencia juega con nosotros como humanas marionetas del espectáculo fugaz de nuestros mismos destinos. Los circos -tanto para niños, adolescentes o ancianos- siempre fueron una búsqueda ilusoria de la felicidad. Brindan gozo, asombro, presagios, fantasía, recreo, música, fiesta y buen humor. Son en síntesis la farsa de la tragedia o la tragedia de la farsa, hecha feliz realidad. Breve como toda escena o instante de la existencia. Finalmente, diríamos que para entrar al circo de la felicidad es necesario volver al sueño del niño aquel que se perdió en el ayer de algún perdido paraíso. Distante del sombrío espectáculo de las míseras y humanas desdichas. Allá donde ya casi desapareció el arte circense de la felicidad-gaviota… (Libros Balaguer: Librería UCA; La Casita y Amazon).

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