Celio Efraín López, ganador del Premio Nacional de Cultura 2025 por su invaluable aporte a la identidad cultural salvadoreña
Recientemente el Ministerio de Cultura anunció a través de sus redes sociales y su web oficial que el artista originario de San Antonio Abad fue seleccionado por su aporte invaluable en la preservación y transmisión de danzas y tradiciones ancestrales. Conoce más sobre este protector de la cultura salvadoreña.
Celio López tiene un talento extraordinario. Foto EDH / Miguel Lemus
El Ministerio de Cultura tomó por sorpresa al público salvadoreño al anunciar el Premio Nacional de Cultura, tanto de 2024 como del 2025; «el máximo reconocimiento cultural del país».
José Menéndez Castro, mejor conocido como «El Cipitío», fue nombrado con el título de 2024 «por su trayectoria y profunda influencia en los medios de comunicación y en la identidad cultural salvadoreña».
El ganador de este año es Celio Efraín López Gómez, seleccionado «por su aporte invaluable en la preservación y transmisión de danzas y tradiciones ancestrales».
Cada uno de ellos recibirá $5,000, una medalla de oro y un diploma de honor.
Al artista de 63 años lo encontramos en su taller puliendo algunas máscaras. | Fotos EDH / Miguel Lemus
Una nota publicada en cultura.gob.sv señaló que «el jurado acordó por unanimidad entregar el premio a Menéndez por su destacada trayectoria, contribución a la cultura salvadoreña y por haber sido una figura de profunda influencia en los medios de comunicación y en la identidad cultural nacional, que se ha extendido por más de cinco décadas».
Por su parte, sobre López Gómez se exaltó su trabajo como portador cultural de la comunidad del cantón San Antonio Abad.
«Celio Efraín López ha mantenido las tradiciones enseñando a jóvenes y personas mayores. Después de 40 años ahora participan mujeres, hombres, niños y adolescentes. Con gente como Celio en San Antonio Abad así muchos otros pueblos de El Salvador mantienen sus tradiciones», amplió el jurado calificador.
El Diario de Hoy visitó esta semana el taller de Don Celio, un espacio que guarda mucha historia, pero sobre todo relatos de este salvadoreño que según dijo se enteró que era ganador del premio a través de las redes sociales. Aunque aclaró que después el mismísimo ministro de cultura, Raúl Castillo, le llamó para confirmarle la noticia.
Al artista de 63 años lo encontramos puliendo algunas máscaras, habló sobre sus antepasados, quienes emigraron de Cuscatancingo allá por 1824. A pesar que sus antecesores ya no están, él se dedica a enseñarles a sus hijos, nietos y vecinos las danzas, la elaboración de máscaras y atuendos.
En sus inicios Don Celio se tardaba en hacer una máscara en 15 días, hoy hace cuatro en tan solo un día. | Fotos EDH / Miguel Lemus
Fue su abuelo, con quien pasaba horas después de la escuela, quien lo metió de lleno a las danzas tradicionales, le enseñó todo sobre los historiantes y los personajes involucrados en los relatos ancestrales.
«Tenía como once años… él me sacó de apóstol en Semana Santa (…) andábamos en la procesión», recordó mientras estaba sentado al centro de su taller ubicado en la San Antonio Abad, justo al frente del centro escolar «Juana López».
«Cuando llegué a los 14 años me metí a las danzas menores (..) va de andar fregando con los viejos, bailando ‘El torito pinto’, que andan detrás de la gente; ‘El cuche de monte’, ‘El venadito’, ‘Los viejos del correo’, ‘Los viejos mitológicos’, donde va la Siguanaba, el Cipitío, el Cadejo», detalló.
«Cuando llegué a los 18 años me metí a la Danza Mayor», añadió.
De acuerdo con Don Celio, las tradiciones también evolucionaron en ciertos aspectos, en el pasado solo 12 hombres conformaban el grupo de las danzas mayores y «los viejitos no dejaban que participara uno menor de 30 años'».
En la actualidad son 18 personas las que conforman el grupo de San Antonio Abad, de diversas edades e incluso se involucran mujeres, cosa que hace mucho no se permitía.
Pero él fue de los primeros en romper los viejos estatutos, allá por 1980, esto gracias al apoyo de su abuelo: «Él había bailado 35 años de Rey Moro. Llegó y dijo ‘quiero el mismo puesto, pero hoy no lo quiero para mí, lo quiero para él».
Cada detalle es hecho con extremo cuidado y pasión, sus manos tienen una destreza sin igual. | Fotos EDH / Miguel Lemus
Sus compañeros se pusieron renuentes, pero el abuelo dijo que él respondía por el joven Efraín. Y es que ejecutar las danzas mayores no es para nada sencillo, son horas de estudios y ensayos, y los días que toca dar el espectáculo completo son pocos los descansos.
«Las danzas mayores son las de moros y cristianos, y en esa hay varias historias. Por lo menos tenemos la historia de Toledo, de Fernando VII, que dura siete horas. Por eso los viejitos la bailaban la mitad en la mañana y la otra mitad en la tarde», comentó.
Hoy en día, el grupo de 18 se mantiene estudiando desde octubre, «los lunes, miércoles, viernes, sábados y domingos. Estudiamos dos horas y media todos los días», comentó, y aclaró que ahora él se dedica a traspasar sus conocimientos.
Legado familiar
En la entrevista Don Celio hizo cuentas y aseguró que tiene 43 años de estar creando máscaras. Las cuales no solo le compran entidades educativas o culturales, también negocios como la Cadejo Brewing Company.
Cabe destacar que su aprendizaje fue empírico: «Nunca nadie me dijo ‘mirá vas a cortar aquí’ o ‘así la vas a hacer’. Solo me dijeron el tipo de madera que tenía que usar». Reveló que nunca fue carpintero, pero de pequeño nunca se vio en la necesidad de comprar «un capirucho o un trompo, yo los hacía».
Al inicio tardaba 15 días en hacer una sola máscara, hoy hace cerca de cuatro al día. Un dato en particular llamó la atención, afirmó «que a nivel mundial andan aproximadamente como 52,000 máscaras de San Antonio Abad. Las últimas se han ido para España, Portugal, Eslovaquia y Alemania. En Canadá hay infinidad. En México y Estados Unidos igual; Panamá, Costa Rica».
Sobre el trasfondo histórico de las danzas expresó que al inicio eran religiosas, «porque eran los curas los que se encargaban de hacerlo. Pero la idea era evangelizar a nuestros antepasados, para eso ocupaban esas danzas. Pero con el tiempo se fueron convirtiendo en parte de nosotros y de la cultura popular, ahí se fusionaron las dos culturas».
Agregó: «Ellos trajeron la historia, de lo que habla, pero nuestros antepasados pusieron la música y la danza».
Las máscaras del Premio de Cultura 2025 llegan a distintas partes del mundo. En su taller las tiene a la venta también. | Fotos EDH / Miguel Lemus
Su incansable impulso por mantener las tradiciones de nuestros antepasados hizo que dejara su trabajo formal en 1998. De sus creaciones nació una forma de vida para sacar a flote a su familia.
Con este título se siente aún más involucrado: «Ya uno se siente más comprometido de seguir transmitiendo estas tradiciones a las nuevas generaciones y al mismo tiempo sirve como motivación».
«Es primera vez que nos pasa esto y es bastante motivante porque dice uno, bueno, gracias a Dios (…) Nunca pensé yo que la idea de hacer solo mis máscaras, de bailar tanto año las danzas y ponerme a darles clase a los demás me iba a traer hasta aquí», aseveró.
Tanto él como Micultura adelantaron que habrá un evento especial para la entrega del dinero, la medalla y el diploma. La fecha no está fijada aún.
El grupo de danzantes de San Antonio Abad se está preparando para el próximo 4 de enero, fecha en la que harán una jornada previa antes de las oficiales.
«Esa danza comienza desde las 2:30 a.m. y vamos casa por casa recogiendo a uno por uno (…) Así vamos por 18 casas. Terminamos de sacarlos tipo 8:30 a.m., pero ya hemos recorrido casi 9 kilómetros, todo lo que es San Antonio», relató el Premio Cultura 2025.
«Luego se dividen en tres grupos y van por todo el pueblo a recoger la colaboración que los lugareños les dan, vuelven después de mediodía, almuerzan y a las 2:30 p.m. hay que prepararse para el ritual frente a la iglesia. A las 5:00 p.m. comienza la misa y a las 7:00 p.m. continuamos y terminamos después de las 9:00 p.m.», detalló.
Las fechas en las que los salvadoreños podrán disfrutar al máximo de esta tradición son los días 16, 17 y 18 de enero. Así que hay tiempo de pulir detalles.
Por otra parte, todo el equipo espera que la entrega oficial del premio se realice antes de las esperadas fiestas en San Antonio Abad.