El Día de Acción de Gracias se originó cuando los peregrinos que salieron de Inglaterra hacia América se unieron con los nativos para agradecer al Altísimo haber cruzado los mares (en su navío, el Mayflower), desembarcar y establecerse en la nueva tierra donde abundaban los pavos salvajes y tuvieron su primera cosecha.
La costumbre arraigó; cada año se conmemoraba la fecha para agradecer a Dios sus bendiciones. Esta se sigue celebrando en Estados Unidos y ya es también una tradición en muchos otros países, sobre todo en Latinoamérica, siendo además no solo un momento para unir familias bajo un solo techo sino también porque en los comercios se reducen precios, se presentan gangas «y todos felices».
Almacenes, pequeños comercios y hasta restaurantes aprovechan para ofrecer sus productos, ropa, electrodomésticos, artículos diversos, a precios de «me lo llevo», procurando un ganar-ganar para el establecimiento y sus clientes.
Pero con ofertas o sin ellas, la ocasión es propicia para agradecer a Dios sus bondades o al menos habernos librado de males diversos.
«Te agradezco, Señor, un día más; te agradezco, Señor, que puedo ver… Te agradezco, Señor, por las estrellas; te agradezco, Señor, por la sonrisa; por la esperanza, por el perdón», decía el cantautor brasileño Roberto Carlos en su recordada composición «La Montaña».
Nuestros padre, así como a ellos sus ancestros, nos enseñaron a agradecerle al Creador por todo, hasta por las pruebas en la vida. Muchos recuerdan sus comidas en familia dando gracias primero, con sus rostros inclinados, por la vida, el trabajo y el alimento, una bella tradición que se conserva en nuestros países y que ojalá nunca se pierda.
En estas fechas, quienes puedan deben ayudar: llevar regalos a personas o familias que pasan un mal momento, como cerca de las navidades se pide a las familias donar juguetes que sus hijos ya no usan para llevar alegría a niños pobres, niños sin juguetes.
No solo en Thanksgiving sino en todo momento hay que recordar a los presos políticos, a personas que sin motivo alguno han sido apresadas y sufren torturas, como el jurista doctor Enrique Anaya, la defensora de derechos humanos Ruth Eleonora López, el exalcalde Ernesto Muyshondt, el abogado Alejandro Henríquez y el pastor José Ángel Pérez y tantos otros apresados injustamente.
En lo posible, compartamos con quienes sufren escasez y olvido
Cada flor, cada mariposa, cada árbol, las aves que nos alegran con su canto, cada amanecer y cada atardecer son regalos de la naturaleza para todos los hombres y seres vivos. Las cascadas, las lagunas y riachuelos, el rocío del alba… En los versos homéricos se menciona a la «aurora de sonrosados dedos», al igual que otros poetas han cantado las ligeras brumas que se alzan en los campos por las mañanas.
Dios nos ha bendecido sobremanera con las lluvias que en cada invierno caen sobre nuestro país, pero que en gran parte corren hacia el mar sin que nadie de los que tienen el poder tome las acciones pertinentes para conservarlas y así dotar a comunidades y poblados de agua para el verano e, inclusive, para que niños y adultos puedan bañarse en ella.
Qué darían los pueblos desérticos de África y el Medio Oriente por tener siquiera una décima parte de esos caudales de agua, pues incluso Arabia Saudita está instalando una planta desalinadora para abastecer mejor a las ciudades y regar el desierto…
En estas fechas, en Navidad, debemos recordar a los encarcelados a quienes incluso se les niega contactar a sus familias, tener un respiro en sus terribles condiciones de vida, expuestas en gran parte por los venezolanos que injustamente fueron deportados a El Salvador, acusados de delitos imaginarios…