Sueños y esperanza: las mochilas de los migrantes salvadoreños

El Diario de Hoy acompañó a la segunda caravana de migrantes durante sus primeros días de viaje. Los salvadoreños mostraron las cosas básicas que llevan en su ruta hacia EE.UU.
Sueños y esperanza: las mochilas de los migrantes salvadoreños

Por Lissette Lemus

5 noviembre, 2018

Van ligeros de equipaje, solo con el peso de sus sueños y la esperanza de un mejor futuro para ellos y sus familias. Lo dejaron todo, y en su mochila solo llevan lo que consideran básico para sobrevivir a la difícil ruta que inició en la plaza Salvador de Mundo y finalizará hasta donde la suerte lo permita.

Ropa, medicamentos, celulares, gorras, lazos, cargador y ungüentos para dolores musculares son parte de las cosas que cargan consigo estos migrantes que huyen de la violencia de las pandillas, la pobreza, el desempleo y la corrupción de sus países de origen.

El recorrido no es fácil y cada uno lo transita a su propio ritmo. Para los jóvenes, el camino se hace más ligero, mientras que para los mayores y quienes llevan a sus hijos cada tramo es un reto aún más difícil. Más de 1,700 dejaron El Salvador y hasta Tecún Umán recorrieron 423 kilómetros. Aún les falta mucho por delante. ¿Qué llevan consigo?

El equipaje de una madre

Delcy Reyes , 18 años

Delcy no migra sola, lleva junto a ella a su hijo de año y medio, y otro en su vientre. Tiene siete meses de embarazo. Ante la pregunta que si tiene miedo, con su rostro de una niña pero con la seguridad de una mujer, dice que no. Que tiene que hacerlo porque a veces no tiene ni para darle de comer a sus hijos. Junto a ella va el papá de sus hijos, otro joven que no pasa de los 20 años. Con ellos también viajan otros familiares con quienes se comparten la tarea de llevar en brazos al pequeño de año y medio. Al anochecer se acomodan todos uno junto al otro en la primera parada de la caravana: el parque de Tecún Umán.

“La idea es llegar a Estados Unidos”
Ricardo Henríquez, 33 años

Ricardo espera llegar a Estados Unidos, aunque explica que no tiene familiares ni conocidos que le esperen, pero eso no lo detiene. Va en busca de un trabajo para poder ayudar a su familia que se quedó en el país.

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Como muchos, aprovecha los momentos en que se detienen para descansar para lavar y secar la poca ropa que lleva en su maleta. Un par de calzoncillos y camisas, un teléfono y un par de zapatos complementan su equipaje.  Él es parte de la segunda caravana de salvadoreños que salió desde la plaza Salvador del Mundo el pasado 31 de octubre y que la mañana del domingo se encontraban en el centro de Tapachula, en el estado de Chiapas.

Con su equipo favorito
Gerson Meléndez, 20 años

Gerson es amante del fútbol y en especial del equipo español Barcelona. Una chumpa azulgrana es parte de las pocas pertenencias que lleva consigo en su travesía hacia Estados Unidos. Decidió migrar porque en El Salvador es difícil encontrar empleo para los jóvenes y la situación de violencia es grave para los de su edad.

Un teléfono celular con la pantalla quebrada pero que aún funciona es parte de su equipaje. Esto le permite avisar a sus familiares por donde va cada día. Su sueño es conseguir un empleo y vivir en mejores condiciones, en un ambiente de seguridad, según comenta mientras descansa a un costado de la iglesia de Tecún Umán.

“Llevo medicina para todo”
Samuel Hernández, 39 años

Samuel se caracteriza por su optimismo aún en las peores situaciones. Habla con mucha serenidad y con una sonrisa mientras descansa en la plaza central de Tecún Umán, en el departamento fronterizo de San Marcos, junto a los demás salvadoreños de la caravana que viajan hacia Estados Unidos.

Cuenta que se atrevió a irse en la caravana en busca de un mejor futuro para él y su familia: “allá no hay trabajo y uno quiere salir adelante”. Como ya había escuchado que el viaje es difícil, decidió incluir todo tipo de “medicinas” en su maleta, los cuales protege con una bolsa plástica. “Mire aquí llevo para el dolor de cabeza, fiebre, tos, diarrea”, explica mientras va sacando una a una.

“Tengo fe que voy a llegar”
Guadalupe Martínez, 44 años

Es una mujer callada que va en busca de una vida mejor y espera ayudar a su familia que deja en El Salvador. Dos suéteres y poca ropa es lo que lleva en su equipaje, así como varias bolsitas de café para reanimarse.

A la hora de dormir, al igual que los otros migrantes, tiene que buscar un lugar cómodo en el piso para poder descansar un rato, algunas noches ha tenido que moverse y protegerse de la lluvia. Para el baño también se las ha ingeniado. Mientras permanecía en espera de pasar a Ciudad Hidalgo, México, solicitaba permiso a los bomberos para poder tomar un baño. Una bandera azul y blanco también es parte de las pocas cosas que lleva en su mochila.

Comida y medicinas
Gabriela Meléndez, 21 años

Gabriela es una joven previsora. En su mochila lleva unas cuantas latas de comida y un pequeño botiquín, pero los suficientemente completo para una emergencia en su recorrido hacia Estados Unidos en la caravana de migrantes salvadoreños.

Es de los pocos caminantes que en su improvisado equipaje han incluido un lazo o cuerda, por si es necesario en un momento del largo recorrido. Incluye dos botellas de agua, de las cuales, una siempre debe estar llena, “pues nunca se sabe”. Lo recorrido hasta ahora es poco comparado con lo que aún falta del camino, pero ella está segura que llegará a su destino.

De Oriente para el Norte

Jonathan Mata, 29 años

Lleva consigo unas botas todoterreno que en los momentos de descanso sustituye por un par de sandalias tipo “crocs”, porque sabe que en algunos tramos el camino serán escabroso. Jonathan viaja desde un municipio del Oriente del país donde la única fuente de economía es la agricultura y la situación de seguridad es cada vez más difícil.

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Mientras descansa en un arriate del parque central de Tecún Umán, comenta que aprovechó la salida de la caravana porque de otra manera el gasto para migrar es demasiado alto y él no lo podría pagar. Tiene la esperanza que algunos familiares y amigos que han emigrado le tiendan una mano a su llegada.

En busca de un mejor futuro

José Suriano, 35 años

Su mayor deseo es llegar a Estados Unidos aunque sabe que el camino no es fácil. En su maleta le acompaña una colcha en que se lee “I miss you” (Te extraño) una frase que describe el sentimiento que pasan los migrantes en su camino, y muchas veces en su nuevo destino.

 

 

“Dejo a mi hijo en El Salvador”

Edgar Meléndez, 26 años

Considera que la botella con agua no debe faltar dentro de su mochila así como unos cuantos cigarrillos para cuando toque apaciguar el hambre y no encuentre comida. Explica que se va porque no se encuentra empleo en el país. Se entristece cuando comenta que deja un hijo en El Salvador.

Sin una pierna pero con deseos de superarse

Geovanni Vindel, 42 años

Geovani es un guerrero. Le falta una pierna, lo que le dificulta mantener el ritmo de todo el grupo, pero no se detiene. Y es que su motivación son sus cuatro hijos que debe mantener, lo cual se le dificulta pues en El Salvador se dedica a vender artículos en una esquina cerca de la UES.

 

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5 noviembre, 2018

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