Focus Investigación

Vecinos y policías en Altavista inclinan la cabeza ante el dominio de las pandillas

Los familiares de los delincuentes juegan un rol fundamental en las finanzas de la pandilla 18 sureña: son prestanombres
Vecinos y policías en Altavista inclinan la cabeza ante el dominio de las pandillas

Por El Diario De Hoy

18 diciembre, 2017

Altavista es el territorio y núcleo poblacional más grande bajo control de la Pandilla 18 Sureña a nivel nacional, cuyo cabecilla principal es Carlos Ernesto Mojica Lechuga, alias Viejo Lin. Lo aseguran fuentes policiales asignadas a ese complejo habitacional que abarca territorio de tres municipios del norte de San Salvador: Ilopango, Tonacatepeque y San Martín.

Bastión del Viejo Lin

Altavista no es cualquier bastión de la pandilla 18 Sureña, es el lugar donde vive la esposa según policías del cabecilla nacional de esa agrupación delincuencia. La mujer se ganaba la vida echando tortillas, pero de repente, el Viejo Lin la hizo su esposa y pocos meses después de la llamada “tregua”, comenzaron a ver que la vida le cambió. El sector donde ella vive, es fuertemente custodiado por pandilleros, a tal punto que el lugar está resguardado también con portones de hierro.

La residencial Altavista también es el complejo habitacional más grande de El Salvador.

Hace tres años, la inspectora Leticia Salinas, entonces jefa de la subdelegación de Altavista, de la Policía Nacional Civil (PNC), estimaba que más de 120 mil personas vivían en ese puñado de pequeñas casas con dos o tres dormitorios, sala de estar, cocina y comedor en un solo habitáculo; solo algunas casas a orilla de calles principales cuentan con cochera para un vehículo.

Sin embargo, el último censo realizado en esa colonia, en 2010, indicaba que en Altavista habitaban 134 mil personas.

A mediados de julio de 2016, en una sala de juego de máquinas que funcionaba cerca del centro comercial Unicentro Altavista, seis hombres jóvenes fueron acribillados por varios matones que llegaron en un vehículo, detuvieron la marcha y rociaron de balas a los jugadores, varios de los cuales eran pandilleros, según la explicación que dio la policía después del hecho.

 

Foto/ Óscar Iraheta

Altavista es una residencial donde matan a muchos pero capturan a pocos. Por la masacre en la sala de máquinas no se supo que arrestaran a algún responsable. A lo más que las autoridades policiales llegaron es a especular que se trataba de un ajuste de cuentas entre la misma pandilla.

Pues bien, en esa residencial es donde el jueves 16 de noviembre, a las 11:35 de la mañana y a la vista de muchas personas que a esa hora transitaban por el lugar, Jonathan Samuel Rivas se desplomó sobre la acera de una iglesia de las Asambleas de Dios, luego de recibir varios disparos hechos por al menos dos pandilleros. Él era camarógrafo de Grupo Megavisión, empresa propietaria de los canales 19 y 21.

La Cifra

134,000

De acuerdo al último censo de población de 2010, se estima esa cantidad de habitantes en la urbanización Alta Vista.

TE PUEDE INTERESAR: La Iberia, un bastión de la MS para controlar la extorsión

Los asesinos lo atacaron cuando él se disponía a descargar materiales de construcción con los que él mismo construiría una pequeña habitación que le serviría como cabina de sonido para hacer su trabajo voluntario como sonidista de la iglesia de la cual era miembro. No hay nada claro aún sobre ese asesinato.

Pero… ¿por qué la urbanización Altavista está bajo control de la pandilla 18 sureña, a pesar de que la PNC tiene en ese complejo habitacional la base de la Unidad de Emergencias 911 de Ilopango y dos puestos policiales en la primera etapa de ese complejo habitacional?

Durante los recorridos que este periódico realizó después del asesinato de Samuel Rivas, resultó evidente el control de esa pandilla.

En cuanto se ingresó a la colonia por el rumbo sur, sobre la calle principal, a cada cuadra se observó a jóvenes vistiendo zapatillas Nike Cortez y echando miradas furtivas al vehículo en que viajaba el equipo de periodistas y haciendo llamadas. Todo eso ocurrió a menos de 200 metros de un puesto policial.

“¿Cuál es el delito que más se comete en la residencial Altavista?”, se le preguntó a un oficial de la PNC de la delegación de Ilopango. Su respuesta fue clara y concisa: “La extorsión, en el sentido de que a todo el que entra allí le piden o le exigen algo. Lo único que no se denuncia”.

Elementos policiales que están destacados en esa subdelegación, y que fueron abordados por el equipo de este periódico, no tienen empacho en admitir que el delito más cometido en las cuatro etapas de esa colonia es la extorsión.

¿Y cómo los pandilleros controlan quién entra y quién sale de esa colonia? La respuesta viene de otros policías. En Altavista, algunos policías estiman que hay aproximadamente 100 miembros de la pandilla 18 sureños fichados. Pero a esa cantidad, las fuentes sugieren agregar unos 125 pandilleros que no están fichados.

Pero agentes policiales que tienen más de cinco años de estar asignados a esa residencial consideran que el pandillero no solo es el sujeto tatuado o fichado; a eso hay que sumarle, sostienen, los postes (vigilantes, como los que observó el equipo periodístico), los chequeos (quienes están en observación para entrar a la agrupación) y las familias de todos ellos. En suma, la pandilla tiene suficientes ojos para controlar cualquier movimiento sospechoso.

Un policía con muchos años de estar asignado a Altavista se atrevió a estimar que, entre los 134 mil habitantes, hay aproximadamente cinco mil personas que son parte o afines a la pandilla 18 sureños. En sus palabras: “A los fichados, a los tatuados, agréguele la mamá, los hermanos, las novias; porque todos ellos colaboran con sus parientes con proporcionarles información de nuestros movimientos, de entrada de personas extrañas, etcétera”.

Además de todos los anteriormente mencionados, las fuentes policiales explican que, como en todo territorio de pandillas, llegan pandilleros de otros lugares a refugiarse, a esconderse. Todos ellos se suman a la fuerza de la pandilla.

Foto/ Óscar Iraheta

Los buses son otro medio de vigilancia. De punta a punta de Altavista, en los autobuses de transporte colectivo siempre anda al menos un pandillero vigilando si en la unidad viajan personas foráneas. Abordan los buses cuando entran por Unicentro Altavista hasta llegar al límite del dominio de la Pandilla 18 sureña. En una parada de buses, un pandillero aborda una unidad, cuando este se baja, otro se sube. Así va el relevo para vigilar el fortín.

Comiendo pan(dillero)

En Altavista, muchos negocios son parte del engranaje de control y también del sistema económico de la pandilla 18 sureños. Esta tiene varios monopolios, como la venta de pan francés y, en menor escala, la distribución de gas propano.

Las pandillas son las que fabrican el pan francés en las colonias donde ejercen un control estricto. Esto ocurre en Altavista, La Campanera, Las Margaritas, la comunidad Las Palmas y la 22 de Abril, para mencionar unos ejemplos.

TE PUEDE INTERESAR: Investigación sobre trata de personas contó el testimonio del principal cabecilla, la mayoría de capturados quedaron libres

A finales de 2016, en un cantón de San Pedro Perulapán, departamento de Cuscatlán, varias panaderías que abastecían de pan a varios caseríos situados entre los kilómetros 23 y 25 de la carretera Panamericana, fueron sacadas del negocio.

Por suerte, para vendedores y propietarios de panaderías ajenas a pandillas, miembros de la MS-13 tuvioron “la amabilidad” de advertirles que, desde el siguiente día, ya no querían que entraran a vender pan a las tiendas ni de casa en casa, porque un fulano, hermano de un cabecilla que está preso, tomaría el negocio. Si no hacían caso, no respondían. Eso fue una tarde de diciembre. Los panaderos obedecieron.

Lo más frustrante, según las fuentes, es que la Policía no ignora esas circunstancias.

Un claro ejemplo, dicen, es la expropiación de una panadería que pandilleros de la 18 revolucionario hicieron en la comunidad Las Palmas, afirman las fuentes. Ahora son los pandilleros quienes tienen solo para ellos el negocio de la venta de pan francés en una comunidad que tiene aproximadamente 8 mil 500 habitantes, más los habitantes y negocios de la colonia San Benito.

Nadie más puede entrar a vender pan francés, indican los informantes. La venta de licor la han monopolizado de la misma forma, agregan.

Como sucede en la mayoría de territorios controlados por cualquier pandilla, los negocios no están a nombre de pandilleros, y menos de los cabecillas.

Muchas panaderías y ventas de gas propano están a nombre de familiares de pandilleros. Incluso, los automotores que expropian o reciben a cambio de efectivo en concepto de extorsión, los registran a nombre de familiares cercanos.

Foto/ Óscar Iraheta

Tanto la venta de pan francés como la de gas propano tienen doble finalidad: la de allegar dinero a los bolsillos de las pandillas, mejor dicho a los de sus cabecillas, y la de controlar territorios, asegura un policía de Altavista.

Lo hacen a través de los vendedores que andan en bicicletas o motocicletas repartiendo pan o gas. Estos sirven de antenas. Según las fuentes (miembros de la Policía, vecinos y vendedores ruteros) que El Diario de Hoy entrevistó para hacer este reportaje, en Altavista se ha llegado al colmo de que pandilleros o sus familiares se benefician económicamente “pirateando” señal de televisión por cable.

En algunos sectores de Altavista hay pandilleros especializados en eso. El interesado en tener cable sólo debe pagar 40 dólares, más 10 de comisión a quien le ofreció o lo puso al tanto del servicio.

Con el pago único de 40 dólares se tiene derecho a 71 canales. En algunos sectores, según vecinos entrevistados, los pandilleros promocionan que próximamente, de manera similar a las conexiones de cable, proveerán servicio de internet.

Pero en Altavista, de acuerdo con las fuentes, la pandilla 18 sureña también tiene, en cierta medida, el negocio de la vigilancia nocturna. En muchos sectores, los “serenos” tienen que reportarse con los pandilleros encargados de cada sector y dar “una contribución” (dinero) a la pandilla.

TE PUEDE INTERESAR: “Salgo de mi casa y no sé si volveré”: cabo sancionado por caso Zacatraz

Fuentes consultadas comentaron el caso de una persona que se dedicaba al cultivo del café, a quien los pandilleros de Altavista le pidieron una “contribución” de 10 mil dólares. Luego se bajaron a cuatro mil más cuatro carros. Al final, el afectado sólo cedió un carro más cinco mil dólares en dos pagos. El automóvil fue traspasado a nombre de la mujer de un cabecilla.

La residencia de la esposa del Viejo Lin

Excepto un puñado de casas de la cuarta etapa que está en la parte del municipio de San Martín, donde se ha afincado la MS-13, Altavista es completamente territorio de la 18 Sureños.

Es un territorio muy bueno para recoger dinero. Hay cientos de tiendas, pupuserías y comedores cuyos propietarios tienen que “tributar” a la pandilla, excepto aquellos que son propiedad de algún familiar de pandillero o son administrados por mandato de pandilleros encarcelados.

La Frase

“A los fichados, a los tatuados, agréguele la mamá, los hermanos, las novias; porque todos ellos colaboran con sus parientes con proporcionarles información de nuestros movimientos, de entrada de personas extrañas".

Agente policial,

Para hacer una comparación de cuántas tiendas hay en Altavista, las fuentes mencionan que en la comunidad Las Palmas, que está cerca de la colonia San Benito, hay 65 tiendas para una población de 8 mil 500 personas. Y todas pagan “renta”. La población de Altavista se estima en más de 120 mil; es decir, trece veces más que la de Las Palmas.

Pero Altavista no es cualquier bastión de la Pandilla 18 Sureña, no. Altavista es el lugar donde vive la esposa del que, según policías asignados a ese complejo habitacional, es el cabecilla nacional de esa agrupación delincuencia.

Muchos vecinos cuentan anécdotas sobre ella. Y algunos policías las repiten: era una mujer que se ganaba la vida echando tortillas, pero de repente, el Viejo Lin la hizo su esposa y pocos meses después de la llamada “tregua”, comenzaron a ver que la vida le cambió.

Muestra de ese cambio, afirman residentes de Altavista y policías destacados en la Unidad de Emergencias 911, es la clase de vehículos en los que viaja. Contrastan con los que los demás residentes tienen.

Además, el sector donde ella vive, es fuertemente custodiado por pandilleros, a tal punto que el lugar está resguardado también con portones de hierro. “La misma policía no entra a ese lugar por dos razones: una para no meterse en líos con los pandilleros y la otra es porque no hay delitos ni violencia. Los pandilleros imponen sus reglas”, asegura una fuente policial.

En ese sector, más que en cualquier otro de Altavista, los vecinos ajenos a esos grupos tienen bien claro que por cualquier pleito entre vecinos o cualquier problema intrafamiliar jamás deben llamar a la policía. Deben recurrir a la autoridad de la pandilla. Quienes infringen esa regla son castigados físicamente o son obligados a marcharse del vecindario.

Allí son ellos la autoridad, es algo así como una especie de “solución temprana de conflictos” para evitar que la policía entre a los pasajes y descubra casas destroyer o descubra por accidente a algún pandillero que se anda escondiendo en la zona, sostiene un informante.

¿Y la policía para que está en Altavista?

La respuesta depende de quién sea el entrevistado. Algunos vecinos dicen que solo sirve para llegar a acordonar con cinta amarilla la escena de un homicidio y para patrullar por las calles principales de la residencial. No se meten a los pasajes, que es donde generalmente están los pandilleros o a donde huyen cuando ven que la policía se aproxima en sus vehículos.

Si es un policía a quien se le pregunta, este responde que es difícil que unos pocos policías quieran controlar una colonia tan grande y con tantos pandilleros esparcidos por casi todos los pasajes.

Sin duda, los dos tienen razón. Muestra de ese control es que al camarógrafo de Megavisión lo asesinaron a no más de 300 metros de la base del 911 de Altavista. Los asesinos huyeron y hasta el momento no hay ni pistas de ellos o, al menos, las autoridades no han dicho si ya los identificaron y capturaron.

Foto/ Óscar Iraheta

Un día antes de que mataran a Samuel Rivas, el camarógrafo, un motorista de microbús de la ruta 29H fue atacado a balazos a la altura del kilómetro 8 de la carretera de Oro, un territorio controlado por los pandilleros de Altavista. El empleado murió casi al instante.

Ese mismo día, un policía logró escapar ileso cuando un grupo de pandilleros de Altavista lo interceptó y le pidió que se identificara con el documento único de identidad. El policía se defendió y les disparó nueve o diez balas a los delincuentes.

De acuerdo con las fuentes policiales, en todo Altavista viven entre 90 y 100 agentes policiales. Sin embargo, excepto el caso que se registró el 15 de noviembre, cuando le exigieron al policía entregar el DUI, en ese complejo de viviendas, los pandilleros no han asesinado a ningún miembro de la corporación policial.

TE PUEDE INTERESAR: Una pesadilla llamada Zacatraz

¿Por qué si viven tantos policías en un lugar plagado de pandilleros, estos no han atentado contra los agentes de autoridad residentes allí? Tanto vecinos de esa colonia como policías dicen no tener la respuesta.

En realidad, son más los policías que viven en esa residencial que los destinados a cuidar a todo el vecindario. Fuentes policiales indican que cada día, la fuerza efectiva que queda para labores de seguridad en Altavista es de más o menos 60 elementos. Aunque en las calles se ve mucho menos. Dos o tres patrullas con no más de seis agente en cada una.

Sesenta policías para cuidar una colonia que tiene entre 120 mil y 135 mil habitantes… En Altavista hay un policía por cada 2000 habitantes.

Pero partiendo de la estimación que hacen fuentes policiales, de que en esa residencial hay unos 100 pandilleros fichados como tales, perfilados, como se dice en la jerga policial, más unos 125 que no están fichados, suman 225. Entonces, resulta que hay más pandilleros que policías para controlar un territorio. Simple: 120 mil habitantes entre 225 pandilleros son igual a un pandillero por cada 533 personas.

18 diciembre, 2017

Acerca del Autor

eldiariodehoy


Howdy,
Buy Premium Version to add more powerful tools to this place. https://wpclever.net/downloads/wp-admin-smart-search