Observadores

Los niños y la economía del conocimiento

28.agosto.2018 -

Todo el mundo ha oído que está naciendo una nueva economía basada en las nuevas tecnologías que están cambiando al mundo, y que esta nueva economía será caracterizada por la importancia que en ella tendrá el conocimiento. Esto es absolutamente cierto. No es cierto, sin embargo, que sólo los que trabajen en la generación de esas nuevas tecnologías, o en la producción de software e Inteligencia Artificial y robots guiados por éstos, serán parte de la economía del conocimiento. En realidad, estas actividades, aunque muy dinámicas, van a representar un porcentaje relativamente bajo de las actividades económicas totales en la economía del conocimiento, que seguirá incluyendo las actividades que dan forma a las economías actuales—la agricultura, las industrias tradicionales, el comercio, la banca y otros servicios. La gente seguirá comiendo, vistiéndose, divirtiéndose, curándose, usando los servicios normales de una economía moderna.

Pensar que para convertirnos en una economía del conocimiento necesitaríamos dedicarnos únicamente a la producción tecnológicamente más avanzada es como pensar que para integrarse en una economía industrial una persona tendría que trabajar en las actividades que dieron nacimiento a la Revolución Industrial—tales como, digamos, la generación eléctrica. Ciertamente, la electricidad es una fuente importantísima de la economía industrial, pero representa un porcentaje bastante bajo del total de la producción de un país moderno. El valor real de la electricidad para una economía no está en lo que representan sus ventas, sino en lo que se hace con ella—las miles de actividades que se hacen más eficientemente usando electricidad. Igual es con las nuevas tecnologías. Lo importante de la robótica, por ejemplo, no es el dinero producido por la producción de los robots, sino la facilitación de la producción de miles de otros productos que los robots permiten.

Es lo mismo que pasó con los tractores, que tuvieron una participación mucho más grande en la creación de la economía industrial que lo que representaba su producción. Su contribución mas grande fue la industrialización de la agricultura.

Con estos ejemplos es fácil ver que lo que determina la entrada a una revolución económica no es lo que se hace sino cómo se hace. Una granja que produce un cierto producto puede estar en la edad agraria si todo se hace sin herramientas y sin maquinarias, y con tecnologías primitivas, pero puede estar en la edad industrial si usa tractores eficientemente, y puede estar en la economía del conocimiento si usa fuertemente la ciencia para aumentar su productividad, como se hace en Israel, por ejemplo.

Así como para entrar en la economía industrial un país no necesita producir máquinas sino usarlas bien, para entrar en la economía del conocimiento uno no necesita producir alta tecnología sino saberla usar para aumentar la productividad de la población, y con ella sus ingresos.

El camino para lograr esto está obviamente ligado con la educación. Pero no con cualquier educación, sino con una que ayude al educando, entre otras cosas, a resolver problemas con espíritu crítico, a trabajar en equipo, a manejar máquinas, a tener empatía para poder no sólo competir sino también cooperar, a ser útil en cambiantes circunstancias, a no tener miedo a pensar y ser creativo.

Todas estas características se desarrollan mucho mejor en niños de corta edad que en niños más grandes. Éstos pueden poseerlas pero sólo si las han adquirido de pequeños. Como estas características son la clave para tener empleos más productivos, darle estas enseñanzas a los niños pequeños les abre la posibilidad de tener una vida muy productiva y muy satisfactoria.

Lego Education (sobre la cual hay un artículo en este link) es un ejemplo vivo de cómo nuestros niños pueden desarrollar muy rápidamente todas estas características y muchas más si sólo se les da la oportunidad. Los niños que con esos juguetes aprenden a conceptualizar, a tratar de resolver problemas, a tratar con el fracaso y buscar nuevas soluciones, no sólo se están entrenando para ser ingenieros o para hacer algo en especial. Se están entrenando para hacer cualquier cosa que quieran hacer usando su mente y sus conocimientos. Esta es la economía del conocimiento.

Si pudiéramos educar de esta manera a todos los niños de ahora, para el 2040 ya estaríamos firmemente en el camino del desarrollo. Es un esfuerzo pequeño comparado con la diferencia que podemos hacer en la vida de estos niños y del país entero.

28 agosto, 2018

Acerca del Autor

Manuel Hinds

manuel.hinds


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