Observadores

El mar, el vapor y la soberanía

9.octubre.2011 -

El mar, el vapor y la soberanía El escenario apocalíptico de defensa de la soberanía nacional contra siniestros enemigos que CEL pinta para justificar su negativa a cumplir con el contrato que hizo con ENEL, su socio estratégico en la generación de energía geotérmica, parece sacado de “El Otoño del Patriarca”, una novela de García Márquez en la que cuenta de un viejo caudillo latinoamericano que con una “inconcebible maldad del corazón…le vendió el mar a un poder extranjero y nos condenó a vivir frente a esta llanura sin horizonte de áspero polvo lunar cuyos crepúsculos sin fundamento nos dolían en el alma”. El trauma nacional al descubrir que el mar ya no estaba fue tal que no pudo dejar de afectar al mismo patriarca, que se arrepintió de lo que había hecho y comenzó a tener fantasías de que el mar regresaba. Así, por ejemplo, él, que “estaba más sordo que un trompo”, interrumpió una vez la entrega de cartas credenciales de un embajador extranjero, “con la mirada lúcida y la mano en pantalla detrás de la oreja señalando por la ventana la llanura de polvo donde estuvo el mar y diciendo con una voz de despertar dormidos que escuche ese tropel de mulos que viene por allá, escuche mi querido Stetson, es el mar que vuelve”. Arropándose en la soberanía nacional, CEL parece estar tratando de convencernos de que un trauma como éste es lo que está en juego en su pleito con ENEL. En sus palabras uno imagina a estos italianos empacando todo el calor de nuestros volcanes para llevárselo al Vesubio, o quizás a uno de esos volcanes impronunciables de Islandia, mancillando nuestra soberanía, dejándonos sin nuestras lavas y ausoles, quizás sin el Izalco mismo. Eso sería trágico. Pero los italianos no se están llevando el vapor de nuestros infiernillos ni mancillando nuestra soberanía. El vapor sale solito por los ausoles, no hacia Italia sino hacia el medio ambiente de los alrededores, transfiriendo calor de las entrañas de la tierra a la atmósfera. De la misma forma que el calor de una caldera, ese calor puede transformarse en electricidad con la instalación de maquinarias adecuadas. Sin esas maquinarias, sin embargo, el vapor que surge de la tierra no sirve para nada. Simplemente se disipa en el ambiente. Se desperdicia. Lo que los italianos están haciendo es ayudar a que el calor de los ausoles no se desperdicie sino que sirva para generar electricidad. Lo hacen de dos maneras: proporcionan tecnología que nosotros no tenemos, y capital de alto riesgo, que es escaso en el país. Extraer energía del calor de la tierra es un negocio muy riesgoso porque es difícil saber en dónde perforar para lograr flujos útiles de vapor. Es como explorar para petróleo-hay que saber dónde buscarlo y tener suerte. Uno puede tener que perforar muchos pozos, gastando millones de dólares, sin encontrar uno que pueda utilizarse para generar electricidad. Este es uno de los problemas que tiene LaGeo. Siendo una empresa estatal, le resulta más difícil justificar el gasto de millones de dólares en pozos que pueden resultar inútiles. Dado este problema, hay dos maneras principales de lograr que haya inversión en geotermia. Una es dar una concesión a una empresa privada cobrando una regalía por el vapor extraído. La otra es lo que hizo LaGeo: conseguirse un socio estratégico (ENEL) que corra los riesgos de la exploración y capitalice estas inversiones cuando sean exitosas. El problema ha surgido porque ENEL ha invertido exitosamente en pozos y ahora quiere que, de acuerdo al contrato, el monto invertido se le reconozca como capital invertido en la empresa. CEL no quiere cumplir con el contrato porque no quiere perder la mayoría en el capital, algo que obviamente podía pasar según el contrato si CEL invertía menos que ENEL. El arbitraje que ambas partes habían aceptado que resolvería conflictos como éste dio la razón a los italianos. CEL se rehúsa a hacerle caso a los jueces arbitradores. Ahora SIGET está usando un pretexto traído de los cabellos para amenazar con quitarle a LaGeo la concesión para explotar la energía geotérmica. Por supuesto, el valor de LaGeo caería a cero, que es la amenaza directa a los italianos. Habrían invertido, invitados por el gobierno, en una empresa para generar energía geotérmica a la que el gobierno luego le quita el permiso para generar ese tipo de energía. En este proceso, el gobierno está vendiendo algo más valioso que el mar y que la lava: el respeto al país como uno en el que se cumplen los compromisos y existe el imperio de la ley. En un momento en el que el gobierno quiere promover los asocios público-privados, CEL está demostrando que asociarse con el gobierno salvadoreño es asociarse con alguien que no cumple su palabra y que está dispuesto a llegar a cualquier extremo para violar el imperio de la ley. Esto es poner al país al nivel de los menos serios y menos desarrollados en el mundo. Manuel Hind

9 octubre, 2011

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Manuel Hinds

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