Observadores

Lo malo: ineficacia sin paliativos

28.mayo.2013 -

Por Salvador Samayoa Cuarto año de gobierno E Lo malo: ineficacia sin paliativos l gobierno de Mauricio Funes tiene muy malos resultados en los rubros económicos y sociales de mayor importancia, si calificamos el grado de importancia por la magnitud del conglomerado social que resulta beneficiado o afectado y por el carácter estructural —opuesto a coyuntural— que debe tener la acción gubernamental en cada una de estas áreas. Así, por ejemplo, el nivel de inversión y la creación o la falta de empleo beneficia o afecta a toda la población e incide en toda la configuración del sistema económico, mientras que un programa compensatorio, como el de apoyo temporal al ingreso, beneficia a pocas personas y puede mantenerse o suprimirse sin incidencia alguna en las variables fundamentales del sistema. Pues bien, la actual administración se ha dedicado a las cosas pequeñas y temporales más que a las cosas grandes y estructurales. En ese sentido, ha actuado en muchas áreas con lógica y vocación de servicio social propia de organización no gubernamental (ONG), en detrimento de su responsabilidad fundamental. Quizá por eso el “gobierno del cambio” haya resultado tan decepcionante para la mayoría de la gente. La mayor frustración ha estado, sin duda, en el tema del empleo. El presidente ha dado cualquier cantidad de explicaciones. Ha hablado de la crisis internacional, de los 20 años de ARENA, de los precios internacionales, de las lluvias, de la maldad de la oligarquía y poco ha faltado para que culpe también a los mayas y a los conquistadores españoles, a los que seguramente se les podría atribuir también algo de responsabilidad en la situación, pero la verdad es que el presidente extravió completamente los papeles desde el inicio de su mandato en relación con su promesa principal: la fábrica de empleos. Y la gente lo ha resentido. En el último estudio de opinión de “JBS Market Research” para EDH, el 92 % de los encuestados manifestó que la situación del empleo está igual o peor. Es un dato abrumador. Y nada de trucos, o de manipulación de cifras, como hacen otros cuando consolidan respuestas en beneficio de su argumento. En este dato de “igual o peor” la gran mayoría de la gente (68.5 %) piensa que la situación del empleo está peor. Vinculado al muy lento crecimiento del empleo ha estado, lógicamente, el muy lento crecimiento económico, producto del escaso nivel de inversión. Esta ecuación es la que no ha podido resolver el presidente. De acuerdo con Cepal, El Salvador es el país que menos inversión extranjera directa ha recibido en la región. Según el Foro Económico Mundial, El Salvador ha retrocedido diez puestos en el último año en competitividad. Según el Banco Mundial, El Salvador retrocedió dos posiciones en el índice de facilidad para hacer negocios, y según la “Heritage Foundation”, de tendencia ultraconservadora, El Salvador retrocedió 12 posiciones en el índice de libertad económica. Cualquiera puede discutir estos indicadores, pero no pueden estar todos equivocados. El clima, evidentemente, no ha sido bueno, y el gobierno, tanto como los partidos que lo sustentan, ha tenido una importante cuota de responsabilidad. Esta responsabilidad no se refiere solo o primordialmente a la pésima relación de estéril confrontación que el presidente ha tenido con las gremiales empresariales. Se refiere también a otras actuaciones, como la inseguridad jurídica que han percibido los inversionistas por la sospechosa decisión presidencial de resistirse a acatar la sentencia del tribunal internacional en el caso CEL-ENEL. Pero sobre todo se refiere a la ineficacia del propio gobierno. Para muestra dos grandes botones: el primero, el puerto de La Unión. El presidente Funes recibió el puerto terminado y entregado a CEPA, lo inauguró con bombo y platillos, pero desde el primer día fue presa de las dudas, de las propias, de las de consejeros técnicos incompetentes y de la oposición del FMLN, que siempre objetó la concesión. Las dudas lo arrastraron a largos meses de estudios para determinar “el verdadero potencial” y las “opciones de operación” del puerto. Desde entonces, todo ha sido atraso. La mayor obra de infraestructura de los últimos 30 años en El Salvador ha estado casi tirada, operando a menos de 18 % de su capacidad. Lo que pudo ser un polo de desarrollo, con sustanciales inversiones, sobre todo en el área de operaciones extraportuarias, ha quedado desperdiciado a lo largo de los cuatro años de gobierno de Funes. Ahora, además, ya está claro que la concesión se prolongará hasta finales de 2013 y, en consecuencia, será hasta 2014 que el puerto podrá comenzar a funcionar. El segundo monumento al despilfarro es la presa El Chaparral. Su construcción continúa detenida desde los estragos ocasionados por la tormenta Agatha en 2010. A 56 meses de colocada la primera piedra por el entonces presidente Antonio Saca, El Chaparral es una obra abandonada que le ha costado ya más de cien millones de dólares al erario público. El tiempo y el dinero se ha consumido en indemnizar, por supuestos errores de diseño de los que nadie se ha hecho cargo, a la empresa que inició el trabajo, y a realizar un nuevo diseño que, a mediados del corriente mes de mayo, seguía inconcluso. Estas son las dos muestras más grandes e ignominiosas del atasco gubernamental, pero la ineficacia se ha visto también en otros rubros importantes para la dinamización de la economía y para la superación efectiva de la pobreza en el país. En este sentido, la construcción de vivienda “de interés social” ha sido otro fracaso descomunal. Para decirlo con pocas cifras, de las 25,000 viviendas que prometió el presidente en el programa “Casa para Todos” encargado a Fonavipo, solo se han entregado 2579, algo más de 10%. Si se suman las obras del Viceministerio de Vivienda, el total de casas finalizadas, según datos de FUSADES a partir de informes oficiales y de sus propias constataciones, sería de 3420. Pocas y malas viviendas. Carísimas para su tipo, además. Tanto que muchas no se han podido vender.

28 mayo, 2013

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Salvador Samayoa

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