Observadores

Un cambio en el viento

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14.enero.2019 -

El nuevo año ha traído tres cambios muy marcados en la dirección del viento electoral que prometen producir resultados muy diferentes a los que las encuestas sugieren hasta este momento.
El primer cambio es el que ha dado en la actitud del FMLN con respecto a GANA y su candidato Nayib Bukele. Como lo señalé en “La extraña agonía del FMLN” [https://www.elsalvador.com/opinion/observadores/546343/la-extrana-agonia-del-fmln/], un artículo que escribí hace unas semanas, el FMLN había estado mostrando una actitud sumamente pasiva frente a la candidatura de Bukele, actitud que sus bases habían interpretado como un permiso para que votaran por Bukele y así evitar que ARENA ganara las elecciones. El resultado de esta negligencia había sido que Bukele había crecido muy rápidamente mientras el FMLN había caído igualmente rápido y por la misma magnitud. En ese momento todo el potencial de votos que Bukele tenía se lo estaba quitando al FMLN. Comparando con la votación de la primera vuelta de 2014, ARENA no había ganado ni perdido nada en términos de porcentaje del padrón, mientras que Bukele había crecido en 26.5% del padrón, de los cuales había tomado 16.0% del FMLN y el resto de los indecisos—un resto que había sido del FMLN en 2009 y que lo había perdido ya en 2014. Así, todo Bukele era tomado del FMLN. ARENA no había ni ha perdido nada a Bukele.
Pero en algún momento en las últimas semanas del año, la cúpula del FMLN cayó en la cuenta de que una victoria de Bukele representaría el fin del FMLN porque se apoderaría de sus bases, sus estructuras y su clientela de la misma forma en la que se apoderó de GANA. Como resultado, le explicó a sus bases que no deben votar por Bukele, y está en una campaña de gran intensidad de recuperación de los líderes locales y regionales para retomar sus bases y su espacio territorial. Este proceso está erosionando muy rápidamente a Bukele porque cada voto que retoma el FMLN es un voto que pierde Bukele.
El segundo cambio, que refuerza el primero, es una serie de decisiones tomadas por GANA-Bukele, que, surgiendo de una clara sensación de debilidad, han acentuado dicha debilidad al destruir la imagen del candidato. La debilidad ya venía volviéndose evidente con las acusaciones sin sentido de fraude electoral y con el uso de la violencia y la amenaza de esta. Se volvió más evidente con la respuesta nula que dieron los supuestos partidarios de GANA y Bukele al llamamiento del último para que se inscribieran para defender el voto en las urnas. De los 300,000 que llamaron, de los 80,000 que tienen cada uno de los partidos grandes, sólo llegaron 4,957.
Todavía peor fue la negativa de Bukele de participar en los debates con los otros candidatos y las circunstancias en las que esta negativa se dio—echándose para atrás cuando ya había aceptado debatir usando excusas que ni sus partidarios le creyeron, tales como decir que la Universidad de El Salvador estaba conspirando con Carlos Calleja. En vez de creer estas excusas, el público tomó la impresión de que el candidato tenía miedo de enfrentarse a los otros por falta de ideas y de habilidades para formar un plan. La impresión fue peor porque esta retirada fue acompañada de lo que sin duda trataba de ser un “reality show” en el que el candidato pretendió que estaba presentando en vivo su plan en el Auditorio de FEPADE mientras los otros candidatos debatían. La excusa era que no podía estar en el debate porque estaba en FEPADE. Pero FEPADE desmintió que él estuviera en sus instalaciones en ese momento, dejando en evidencia que hubiera podido estar en el debate que inicialmente había prometido atender. Finalmente, los que oyeron el plan que presentó en ese show se dieron cuenta de que en parte era copiado de documentos publicados por otros y en parte una exposición de la infantil idea de hacer un aeropuerto en el oriente del país—que presentó con dibujos del Aeropuerto de Abu Dhabi—como si el país no tuviera un aeropuerto funcional y como si complementar a este fuera un problema nacional por encima de la falta de seguridad, trabajos, salud, educación y servicios sociales.
El tercer cambio es el efecto acumulado de la creciente fuerza territorial de ARENA y Carlos Calleja, que han consolidado un contingente enorme de votantes, que, diferente de los de Bukele, son visibles y están dispuestos a trabajar por su partido. La visibilidad de estos partidarios y la invisibilidad de los de Bukele disminuyen la imagen de vencedor que el último ha querido proyectar, y acelera la caída causada por los dos cambios anteriores.
El resultado neto de estos cambios es una tendencia a reposicionar los candidatos en la competencia por la presidencia. La tendencia es a dejar a Calleja en primer lugar, a Martínez en segundo, a Bukele de tercero, y a Alvarado en cuarto.

14 enero, 2019

Acerca del Autor

Manuel Hinds

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