Nota del Día

Bulgaria emerge de los escombros de la locura y el totalitarismo estalinista

En los años transcurridos desde el derrumbe del Muro de la Infamia, en 1989, los búlgaros han hecho notables avances para colocarse a la par del resto de naciones europeas, entre ellas reconstruyendo sus carreteras, sus servicios públicos, sus comercios, su sistema educacional.

23 abril, 2019

Bulgaria, una de las naciones cuyos principales ciudades anteceden a prácticamente al resto de las del mundo antiguo incluyendo Jerusalén y Atenas, está recuperándose del comunismo y la previa dominación turca, que estuvieron quinientos años hasta ser expulsados en el Siglo XVIII.

Bulgaria formó parte del despanchurrado “bloque socialista de naciones”, entendiéndose por “socialista” la versión estaliniana, a su vez una variante del nazismo hitleriano, del fascismo italiano y el franquismo español de sus primeros tiempos.

Esos años bajo los bolcheviques —del sistema donde los jerarcas disfrutan de todas las prebendas mientras los pueblos son forzados a soportar pobreza casi extrema— convirtieron a Bulgaria, al igual que al resto de las naciones del Este europeo, en un país atrasado que con dificultades pero con visible éxito ha venido reconstruyéndose.
Entre las tragedias de esos años está la forzada anexión de Bulgaria por los nazis, que quisieron obligar al reino búlgaro a entregar su población judía para deportarla a los campos de exterminio.

Pero el rey Boris III se opuso, por lo que Hitler, que se reunió con él, lo mandó a envenenar durante esa entrevista. Pese a tal crimen, Bulgaria no entregó a los judíos, pero por ser un “aliado” de Alemania, los americanos-ingleses bombardearon Sofía, la capital búlgara, aunque los daños no fueron comparables con los de las grandes ciudades alemanas o japonesas.

En los años transcurridos desde el derrumbe del Muro de la Infamia, en 1989, los búlgaros han hecho notables avances para colocarse a la par del resto de naciones europeas, entre ellas reconstruyendo sus carreteras, sus servicios públicos, sus comercios, su sistema educacional.

Bajo los soviéticos, en el principal edificio público del país, ahora sede del Parlamento, en la torre colocaron una estrella roja iluminada y, al frente de ella, a unos doscientos metros, una enorme estatua de Lenín. Pero al liberarse del yugo comunista la estrella roja fue removida para colocar la bandera búlgara.
En cuando a la estatua de Lenín y como sucedió en Rusia y todos los países sometidos, al despanchurrarse el comunismo la estatua fue derrumbada.

En ese lugar se levanta hoy una imagen de Sofía, diosa de la sabiduría y símbolo de la ciudad y la nación. Sofía, como Santa Sofía de Estambul, que los otomanos desecraron destruyendo sus dorados mosaicos para reemplazarlos con frases del Corán. Santa Sofía fue convertida en mezquita pero ahora es un museo.

La libertad devolvió el gozo y el color a Sofía

La típica construcción de los tiempos del comunismo, edificios sin carácter ni color ni gracia, fue en su mayoría derrumbada. El actual gobierno búlgaro ha prácticamente reemplazado esas viviendas por nuevos bloques, donde colores y formas diferencian a unos de otros.

Para información de nuestras audiencias, una de las características del “socialismo”, además de la cleptomanía, robarse lo que pueden, es su aversión o casi rechazo a todo lo que es color, alegría, bienaventuranza.
Los comercios bajo el comunismo, lo que “hemos visto con nuestros propios ojos”, se caracterizaban por los uniformes empaques marrones, en tiendas o más bien expendios mortecinos.

Sofía, en la actualidad y pese a la pobreza mala herencia de previas ocupaciones, compite con ventaja en limpieza, orden y modernidad con los más granado de Hispanoamérica.

23 abril, 2019

Acerca del Autor

eldiariodehoy


Howdy,
Buy Premium Version to add more powerful tools to this place. https://wpclever.net/downloads/wp-admin-smart-search