Nota del Día

“O todos en la cama o todos en el suelo” dice la sabiduría popular

Hay exfuncionarios cuyo estilo de vida cambió repentinamente de la noche a la mañana en esta década, de andar con vaqueros rotos a finos trajes a la medida, pero que pasa cualquier cosa para que sus casos no desfilen frente a los ojos de los magistrados.

11 abril, 2019

El pleno de la Corte Suprema de Justicia ordenó enviar a juicio civil al exministro René Figueroa por no justificar debidamente trescientos mil dólares de su patrimonio.

Figueroa fue un accesible y discreto funcionario durante la presidencia de Antonio Saca y había estado al margen de los procesos que se le abrieron al exgobernante por el desvío de 301 millones de dólares en su administración. Figueroa aún tiene la oportunidad de defenderse en la Cámara de lo Civil de Santa Tecla y desvanecer los cargos. Pero hay exfuncionarios cuyo estilo de vida cambió repentinamente de la noche a la mañana en esta década, de andar con vaqueros rotos a finos trajes a la medida, pero que pasa cualquier cosa para que sus casos no desfilen frente a los ojos de los magistrados.

Sin embargo, condenan a diez años de cárcel al empresario Nicola Angelucci, expresidente del Banco Multisectorial de Inversiones (BMI), por hechos que los mismos testigos de cargo desvirtuaron en el juicio, según se informó en su momento.

“O todos en la cama o todos en el suelo”, dice la gente al ver que el brazo de la justicia parece cargarse sólo contra unos y favorecer al actual oficialismo. El caso más claro: le ayudaron a Funes, contra quien pesa la acusación de saquear 351 millones de dólares de las arcas del Estado. Hacen cualquier cosa para que Interpol no lo incluya entre los más buscados y que los sandinistas le den asilo pese a que las leyes internacionales dicen que los acusados de delitos comunes no lo merecen.

Resulta que los que más se llenaban la boca hablando de los pobres y la justicia y cobijándose en la sotana de San Romero terminaron protegiendo a uno de sus principales acusados de corrupción y esto les costó la peor de sus derrotas en las elecciones precisamente por tolerar y proteger la corrupción.

La corrupción acaba con la moral y la esperanza de los pueblos

Los socialistas del Siglo XXI la emprenden contra el Orden de Derecho, que califican como una “invención burguesa” que permanentemente atacan y denigran, porque tarde o temprano les debe caer el peso de la ley y no están dispuestos a acatarla. Socavar y derrumbar el conjunto de leyes que es sostén de las democracias equivale a dejar en indefensión a la mayoría de personas en un país.

Los casos extremos de esto se contemplan en las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela, como antes en el despanchurrado “bloque socialista de naciones” y fue la desgracia de los pueblos a lo largo de la historia pese a sus luminosas excepciones, como se dio bajo Hammurabi de Babilonia (1800 años antes de Cristo), en Grecia, en Roma y en Holanda en los siglos XVI-XVIII.

La corrupción mantiene en incertidumbre a la gente respecto de lo que las autoridades puedan hacer con sus bienes y sus vidas. Y en el caso salvadoreño eso se viene sufriendo desde hace mucho, cuando los apresados por la policía eran apaleados sin que nada pudieran hacer.

Un abuso que sufren muchos es que por cualquier accidente les decomisan sus vehículos, los llevan a predios policiales y allí los desmantelan, sin que sus dueños puedan reclamar.

Son arbitrariedades parte del resquebrajamiento de las leyes… son una forma de corrupción.

11 abril, 2019

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eldiariodehoy


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