Nota del Día

Es vital preservar la institucionalidad y defender las libertades

Cuando se amenaza, se coarta o se anula cualquiera de esas libertades, que vienen a ser como las ramas de un mismo árbol de la libertad, se atenta contra todas ellas, se pone en peligro mortal la democracia y por lo consiguiente vivir bajo el imperio de la ley.

11 febrero, 2019

Pasadas las elecciones, el primordial objetivo nacional, “de país”, debe ser fortalecer la institucionalidad, lograr el entendimiento entre los diversos sectores, sanear la economía y hacer lo posible para generar trabajo, tanto el formal como el informal, incluyendo las empresas familiares y el empleo independiente.

Mientras menos regulaciones, cargas fiscales y exigencias burocráticas haya, menos costos tendrá la producción, lo que naturalmente se traduce en precios más bajos y mejor variedad para los consumidores.

El ideal por el que han luchado muchas gremiales es que los gobiernos tengan “ventanillas únicas” donde de una vez se tramiten permisos y documentos, evitando que los particulares tengan que ir de un lugar a otro, dejar papeles, pasar a recogerlos y continuar en las mismas.

Se produce para suministrar a la gente lo que necesita de bienes y servicios, como también para exportar y obtener las divisas con las cuales se importa lo que aquí no se tiene, desde equipos diversos hasta tecnología. Y en la medida que haya mejores entendimientos entre los productores y los gobiernos, más competitivo será El Salvador en los mercados regionales, asegurando también los empleos de los millones de personas que participan en el esfuerzo.

Por su parte, los partidos políticos en El Salvador deben velar por las libertades esenciales de la persona, por el Orden de Derecho, por la economía libre. Es una postura moral que encaja con el espíritu plasmado en Los Diez Mandamientos, en dejar a los hombres seguir sus propios senderos, ser responsables de sus actos y buscar su felicidad.

Esos principios los compartimos con las asentadas democracias del mundo contemporáneo. La libertad es una, que encierra las otras libertades, desde la libertad de expresión que tutela al resto, hasta la libertad de asociación, la libertad de disentir, la libertad de tránsito y la libertad de culto.

Y como en todo, cuando se amenaza, se coarta o se anula cualquiera de esas libertades, que vienen a ser como las ramas de un mismo árbol de la libertad, se atenta contra todas ellas, se pone en peligro mortal la democracia y por lo consiguiente vivir bajo el imperio de la ley.

Proteger la libertad y nuestro
derecho a expresarnos es lo primero

Los enemigos de la democracia, de la libertad, nunca atacan de golpe, frontalmente, sino que van socavando los cimientos hasta que el conjunto colapsa, como sucede actualmente en Venezuela y es la siniestra historia de todas las dictaduras.

Lo que allí ocurre debe alertarnos a todos, sin olvidar que el proceso que lleva a las tiranías, a convertir una nación en una gran cárcel, inicia cuando se censura, se amordaza o se intimida. Y eso sucede cuando un individuo o un grupo silencia, monopoliza o tiende cercos alrededor de las espontáneas maneras como los miembros de un conglomerado se informan y se comunican entre sí.

La información veraz, la objetiva e indistintamente de como vincula a unos con otros, es un factor vital para que productores, comerciantes y particulares optimicen el uso de sus recursos, para facilitar el intercambio y decidir lo que conviene o no conviene en cualquier momento.

Proteger la libertad, asegurarse de que haya equidad en el trato de los gobiernos hacia ciudadanos y grupos, luchar para defender la independencia de jueces y magistrados, es esencial para el desarrollo económico y la lucha contra la delincuencia, para alcanzar una genuina y perdurable paz social.

11 febrero, 2019

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eldiariodehoy


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