Los sospechosos de siempre

Por Enrique Anaya

6 noviembre, 2018

PUESIESQUE… el miércoles de la semana pasada, cuando en la Asamblea Legislativa se intentó elegir a cinco magistrados de la Corte Suprema de Justicia, vi y escuché tanto la reunión de la Comisión Política como la sesión plenaria y, al analizar la conducta de los diputados de un partido político surgido hace menos de 10 años, inmediatamente vino a mi mente el título de una película que Bryan Singer (antes que se dedicara al cine de ciencia ficción) dirigió en 1995.

En efecto, las acciones y omisiones de 9 de los 10 diputados de ese partido político, fundado esencialmente por diputados tránsfugas que apoyaron la segunda candidatura presidencial de un expresidente ahora condenado por peculado y lavado de dinero, los vuelve sospechosos de representar intereses espurios: no es razonablemente aceptable que retiren el apoyo a una candidata que fue su propia propuesta y, sobre todo, no es admisible que se nieguen a votar por un candidato que saben, de sobra, cumple con el perfil para ser magistrado.

Cuando diputados de ese partido político —nacido de un acto de deslealtad con los votantes— prefieren insistir en la elección de “su” candidata y así condenar a los salvadoreños a continuar constitucionalmente desprotegidos, francamente ya no queda espacio para que asumamos la buena fe respecto de dichos diputados.

¿De qué otra forma puede interpretarse que ese partido político insista en la elección de una candidata que ni en su propio baremo (en el caso que en realidad exista) está entre las mejores evaluadas? ¿Por qué ese partido político propone, para sustituir a la candidata que antes apoyaba, a una terna compuesta de entre los candidatos peor evaluados? ¿Por qué ese partido político insiste en una candidata a quien el mayor mérito que le atribuye su propio “líder máximo” es que sea cristiana? ¿Por qué los diputados de ese partido político se niegan a explicar los motivos del retiro de apoyo a una candidata?

Ahora bien, también cabe preguntarse: ¿por qué el resto de partidos políticos porfían en un método de elección —ese repudiable reparto de cuotas partidarias— que saben fracasado, antidemocrático y que, sobre todo, solo sirve para que ese partido político fundado por tránsfugas bloquee la elección de magistrados?

Y es que, como la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia es, por Constitución, resultado de una votación legislativa nominal y pública por mayoría calificada, la única forma constitucional y democráticamente aceptable para tal clase de elección es una deliberación pública sobre los méritos de los candidatos, método al que todos los partidos políticos, sin excepción, se han negado.

Incluso, llama la atención que los partidos políticos que aprobaron el dictamen de la Comisión Política reconocieron, sin ruborizarse, que no estaban proponiendo a los candidatos mejor evaluados, sino que habían incorporado nombres para satisfacer las exigencias de otros partidos, es decir, simple reparto de cuotas.

Por eso, ahora que ya se confirmó que al menos 9 de los diputados de ese partido político están, en este proceso de elección de magistrados, simplemente actuando en una teatral puesta en escena, la forma de desenmascarar esa representación es que exista en el seno de la Comisión Política una real deliberación pública de los méritos de cada candidato: no es con votaciones forzadas que se solucionará la actual crisis constitucional, sino que debe hacerse lo correcto y lo constitucional, que es discutir nombre por nombre los méritos de los candidatos.

P.D.: Obstinarse en un intercambio de listas de candidatos es la causa por la cual este proceso de elección de magistrados todavía NOSEACABUCHE.

Abogado constitucionalista

6 noviembre, 2018

Acerca del Autor

Enrique Anaya

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