El agua y “el yo no fui”

Por Eduardo Torres

10 julio, 2018

Un millón estimado de personas salimos afectados por la crisis en el abastecimiento de agua la semana pasada, con el riesgo inminente que ello llevó a la salud de cada quien. El daño a la economía del país ante la falta de abastecimiento del “vital líquido” (así conocida desde una antigua pero eficiente campaña de publicidad) en el centro neurálgico de la nación, es difícil que haya sido estimado todavía pero pararon escuelas, hubo problemas en hospitales, afectó el comercio, profesionales independientes —clínicas de dentistas para dar un ejemplo—, empresas, viviendas. Una situación mayor como esta puede llegar a darse en cualquier lado, pero debe tenerse después la certeza de qué sucedió.

“Sabotaje” dijo de forma inmediata el nuevo presidente de la Anda, lo cual me extrañó ya que pienso que es un funcionario de los más diligentes de los últimos dos gobiernos. La versión de la autónoma: hombres armados llegaron a sabotear la tubería que abastece agua potable a un millón de residentes en el Área Metropolitana de San Salvador. Palabras mayores. Un antecesor suyo esgrimió en el pasado similar versión y ante mi desconocimiento sobre el tema indagué y se me explicó sobre tuberías de diámetro de cuarenta y ocho pulgadas, así como de la presión que ejerce el agua al ser conducida para su distribución. El resultado de la investigación nunca llegó a conocerse.

Un vocero de la Policía descartó casi de forma inmediata la versión anterior, al afirmar en conferencia ante periodistas que el encargado de la reparación de la tubería les dijo que “la presión del agua y la vibración que hace, porque es una tubería que va de manera recta, que va por una quebrada, eso hizo colapsar la tubería”. Para ponerlo en forma más clara, según esta versión habría sido una falla técnica por mal estado o por falta de mantenimiento lo que nos dejó sin agua; aunque luego la Policía emitió un comunicado institucional diciendo que las investigaciones continúan.

Tras tan contradictorias versiones, el director de la Unidad para la Defensa del Estado de la Fiscalía, Donald Salazar, manifestó desde el lugar donde se repara la tubería que (en la Fiscalía), “No nos casamos con ninguna de las hipótesis tanto del presidente de la Anda como de la Policía, ya que quien lleva las investigaciones es la Fiscalía y para dar una posición seria, hay que iniciar las investigaciones”. Cabe entonces esperar conocer lo sucedido, resulte lo que resulte, porque lo que no puede continuar en un país que busca la senda hacia el desarrollo, es que se deje sin abastecimiento de un bien tan primario a un millón de personas y que, como solía decir un comentarista deportivo, “aquí no ha pasado nada”.

Al reiterar que el agua es un bien primario del estado, porque en efecto el acceso a ella es un derecho humano para la población, falta hubo de pronunciamientos de quienes se rasgan las vestiduras con la “no privatización del agua”, anteproyecto de ley que entiendo no existe en la Asamblea Legislativa. Lo que sí sé que existe es la discusión sobre la conformación y el ente estatal que administrará el recurso hídrico de la nación. Mi tío y mentor, hombre correcto y directo, uno de los primeros que treinta años atrás se trasladó de San Salvador hacia la primera residencial Carretera al Puerto, me comentó en alguna oportunidad el Vía Crucis que fue para ellos llegar a recibir el “vital líquido” en esa zona.

Si por algo ganó notoriedad la “niña Lilian” hace algunos años fue por haber tocado la fibra más sensible de la sociedad al expresar el sentir de la población más vulnerable de los cascos urbanos por la ineficiencia de la autónoma, mostrando recibos que le llegaban a su domicilio, cobrándole por un servicio que no estaba recibiendo. Que el desabastecimiento de agua de la semana pasada nos sirva para que el “Yo no fui (sabotaje) fue Teté (falla técnica)” nos ayude a combatir la falta de responsabilidad tan predominante en el país —establecer el ‘accountability’— y que para cuando sea que continúe la discusión del anteproyecto de aguas, lo que impere sea el bien común, como ha venido siendo, la razón y la cordura.

Abogado y periodista

10 julio, 2018

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Eduardo Torres

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