Es hora de actuar: educación en afectividad y sexualidad

Por Claudia Cristiani

10 julio, 2018

El pasado 3 de julio, un grupo de ciudadanas presentamos a la Asamblea Legislativa un anteproyecto para una Ley de Educación en Afectividad y Sexualidad Responsable. El objetivo del anteproyecto es incidir en la solución de una problemática seria e importante. Esta afecta de forma directa a los niños, niñas y adolescentes y de forma indirecta a toda la sociedad. Entre los principales componentes del problema destacamos embarazos precoces, violencia sexual e interpersonal, uniones tempranas y enfermedades de transmisión sexual. Adicionalmente, se pretende incidir en la construcción de una sociedad consciente de sus derechos y deberes y con las herramientas para actuar acorde.

El principal propósito de presentar el anteproyecto de Ley es abrir un debate sobre el tema. Adicionalmente, se debe atender una responsabilidad pendiente del Estado: la LEPINA establece en su artículo 86 que estos temas deben incluirse en la educación. Consideramos importante que esta inclusión tenga lineamientos que aseguren racionalidad y efectividad.

De inmediato se han producido las reacciones de siempre: la amenaza del comunismo, la inminente destrucción de las buenas costumbres, nuestra falta de capacidad, la poca importancia que tiene el problema, la inconveniencia política de atenderlo en este momento.

En primer lugar, pareciera que los que se oponen desconocen la realidad del país. La migración, la pobreza y los patrones culturales han provocado un nivel de desintegración familiar importante y relevante. Menos del 40 % de las familias salvadoreñas son nucleares (padre, madre, hijos). Una gran cantidad de padres y madres, por diversas razones, no están formando a sus hijos en estos temas. Se trata de materias educativas bastante estandarizadas, que se imparten en la mayoría de países. Incluido el nuestro, aunque de forma limitada.

En El Salvador, la tasa de fecundidad en adolescentes es más alta que el promedio mundial y latinoamericano. En 2016 se reportaron 11,198 embarazos de niñas entre 10 y 17 años, 1,171 fueron niñas entre 10 y 14 años. En 2015, la cifra llegó a 25,132: una cada 21 minutos. Ese año, 7,900 niñas abandonaron la escuela durante o después del embarazo. Entre 2010 y 2016 se registraron 147,697 atenciones médicas relacionadas a embarazos adolescentes. En ese período, 117 niñas de 12 años dieron a luz, una cada 21 días.

De las niñas menores en uniones solo el 11 % asiste a la escuela. Cinco de cada 10 reporta ser víctima de algún tipo de violencia dentro de la unión. La totalidad de las niñas entre 10 y 12 años entran en la unión ya embarazadas. Es decir, son forzadas a vivir con su violador porque un embarazo a esa edad no puede ser producto más que de un crimen. En 2016 se reportaron 2,253 menores de 17 años víctimas de violencia sexual. Entre 2013 y 2017, la PNC reportó 11,886 denuncias. El 48 % fueron violaciones. El 76 % fueron perpetradas por persona conocida. Solo 6 de cada 10 víctimas denuncia las agresiones.

Hasta octubre de 2014, se habían diagnosticado 31,827 personas con VIH. El 64 % son hombres. El 98 % de la transmisión es a través de relaciones sexuales. En 2017, hubo al menos 1,117 casos nuevos.

En segundo lugar, da la impresión de que la crítica a la iniciativa es clasista. Muchos de los que se oponen a la educación en estas materias se oponen a la educación de los que no son sus hijos. Sus hijos están inscritos en colegios privados, y frecuentemente religiosos, adonde sí las imparten. El problema no es si debe haber o no educación en afectividad y sexualidad, el problema es que la haya en entornos no controlados por ellos, adonde los maestros no necesariamente comparten su ideología y visión del mundo.

Esta perspectiva es reafirmada por la indiferencia que expresan, directa o indirectamente, con relación a la situación de la gran mayoría, de los que no tienen privilegios. Es innecesario educarlos, dicen, porque hay otros problemas que sí importan. Es inconveniente solucionarles el problema ahorita, dicen, porque puede afectar nuestra posibilidad de acceder al poder. Descartar la vida de otro ser humano con tanta frialdad y descaro es inaceptable bajo cualquier punto de vista. Es necesario cambiar de actitud.

¿Es perfecta la propuesta? Por supuesto que no. ¿Se puede mejorar? Por supuesto que sí. Varias personas han expresado por diferentes medios inquietudes y sugerencias válidas: considerar la participación de los padres, a la cual yo añadiría la de los jóvenes, o mayores garantías de capacidad técnica de los responsables de elaborar el programa. No incluirlo en la legislación no implica que sea prohibido o que no puede o debe hacerse. Lo que no es válido es negar educación a otros. La ignorancia nunca ha llevado a nada bueno.

No vamos a salir adelante ni a resolver ningún problema si seguimos paralizados por el miedo y la desconfianza, asumiendo que no hacer nada es mejor o pensando que lo que hemos hecho hasta ahora funciona. El verdadero costo político deviene de pensar que resolver los problemas de la mayoría es innecesario o inconveniente. Es política y, sobre todo, humanamente irresponsable seguir postergando las soluciones. Es hora de actuar, no podemos esperar más.

Licenciatura en Conservación de Patrimonio Cultural y Diplomados: Desarrollo Cultural; Gestión Cultural

10 julio, 2018

Acerca del Autor

Claudia Cristiani

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