Editoriales

Dos referentes políticos para la reflexión…

El expresidente y el exsecretario serán recordados como políticos de “pura cepa”, comprometidos con el ideario de sus respectivos institutos políticos, pero, sobre todo, identificados con las necesidades más urgentes de los ciudadanos.

Por Luis Mario Rodríguez

11 Octubre, 2017

La reacción de prominentes líderes de los dos partidos mayoritarios ante la muerte de Armando Calderón Sol y de Hato Hasbún nos confirma la falta que le hace al país la práctica del diálogo social y de la negociación política. Uno, expresidente de la República por ARENA, el primero después de la firma del Acuerdo de Paz. El otro, exsecretario presidencial en las dos administraciones del FMLN, encargado de la “gobernabilidad democrática”, de las comunicaciones y, en determinado momento, de coordinar el espinoso asunto de la seguridad pública. A los dos les correspondió administrar momentos históricos para sus entidades políticas y para la Nación.

Empezar a tejer una relación con la exguerrilla, ya no con la finalidad de concluir un conflicto armado sino con el propósito de reconocer su legítimo derecho como fuerza opositora en la Asamblea Legislativa y en los gobiernos locales, no fue una tarea sencilla. Se requirió de una dosis alta de tolerancia, apertura, carácter y sentido de responsabilidad. Los testimonios de destacadas figuras del partido de izquierda evidencian que el expresidente Calderón Sol lo hizo bien. Eran frecuentes, incluso antes de su penoso deceso, las expresiones de admiración hacia el político de derecha. Se rememora su predilección por el debate y la flexibilidad ante las peticiones que beneficiaran a la población sin importar el origen político de las iniciativas. El impulso de trascendentales reformas constitucionales vinculadas al fortalecimiento del sistema político y a la transparencia de las elecciones; la participación ciudadana a través de la Comisión Nacional de Desarrollo; y una acentuada personalidad, sencilla pero al mismo tiempo firme e imperturbable, que facilitó el trayecto de un quinquenio presidencial donde el respeto, la paciencia y la condescendencia allanaron la relación con el FMLN, representan algunos de los legados más importantes del Doctor Calderón Sol.

Por otra parte, sin la alternancia en la Presidencia la transición democrática que inició en 1992 se habría visto limitada. Esta fue una condición que consolidó los Acuerdos de Paz y cada vez, con mayor convicción, los partidos la consideran como una característica estable de la política salvadoreña. La sucesión en el Ejecutivo no eliminó las tensiones propias de una forma distinta de gobernar. El arribo de la izquierda al poder generó ansiedades que debieron ser correctamente administradas. Siendo la primera vez que la presidencia recaía en una organización con postulados socialistas, las expectativas y los temores alcanzaron niveles muy elevados. Las dudas y la desconfianza del empresariado y de buena parte de la sociedad civil se justificaban debido al pasado y a la orientación ideológica de las propuestas del FMLN. Hato Hasbún encaró esta realidad. Tendió puentes, fundamentalmente con el sector productivo, y desamarró poco a poco los nudos generados por el recelo y el escepticismo que, sábado tras sábado, eran alimentados por los constantes ataques y descalificaciones que el presidente de turno enfilaba en contra de empresarios, académicos, líderes de opinión, dirigentes sindicales y sociales que criticaban su gestión.

Estar al frente de una secretaría presidencial cuyo desafío principal era el de persuadir a las élites productivas, laborales y sociales, de que el diálogo sí era posible y que sus demandas serían canalizadas y llevadas a la práctica, significó un reto monumental para “don Hato”. A pocos días de la presidencial de 2009, con la incertidumbre de quién sería el nuevo inquilino de Casa Presidencial, suscribimos con el flamante exsecretario, él en representación del FMLN y algunos otros por diferentes movimientos ciudadanos, un acuerdo que establecía el compromiso de promover entendimientos institucionales que permitieran un fluido intercambio de propuestas para el desarrollo nacional. Desde entonces, demostró una inclinación muy clara a la creación de espacios en los que pudiera discutirse, distendidamente, sobre la difícil situación nacional en materia económica, de seguridad pública y social.

El expresidente y el exsecretario serán recordados como políticos de “pura cepa”, comprometidos con el ideario de sus respectivos institutos políticos, pero sobre todo, identificados con las necesidades más urgentes de los ciudadanos. Los dos se auxiliaron de su sentido del humor, pero especialmente fue su sensibilidad humana la que les permitió cumplir su misión como hijos predilectos de esta Patria.

*Columnista de
El Diario de Hoy.

11 Octubre, 2017

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Luis Mario Rodríguez

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