Editoriales

¿Qué vas a hacer cuando alguien apriete el botón?

Parece mentira, pero casi 40 años después y pese a los avances científicos y tecnológicos y que el mundo se reputa de más civilizado, el fantasma de una Tercera Guerra Mundial danza ante nuestros ojos.

Por Mario González

11 Agosto, 2017

“Abuela siempre me lo decía, que ‘pronto el mundo se va a acabar’, que todo el mal que se hacía, en la Tierra se iba a pagar. En esos tiempos me daba gracia, pues un teenager lo sabe todo, pero viendo cómo van las cosas, abuela, tú tienes la razón…”.

Estos son algunos versos de una canción del salsero Willie Colón llamada “La Era Nuclear”, popularizada en los años 80 en plena Guerra Fría y en medio del conflicto en El Salvador.

A los sobrevivientes de esas conflagraciones —con sus revoluciones, golpes de Estado, aplastamientos, invasiones, genocidios, etc.— nos parece mentira, pero casi 40 años después y pese a los avances científicos y tecnológicos y que el mundo se reputa de civilizado, el fantasma de una Tercera Guerra Mundial danza ante nuestros ojos.

El Papa Francisco dijo en algún momento que la Tercera Guerra Mundial ya comenzó.

Si bien por ahora son solo escaramuzas verbales, es clara la gana de los comunistas norcoreanos de atacar con misiles a Estados Unidos, sin qué ni para qué.

Se trata de un odio infundado, surgido de las ideologías totalitarias, de creer tener la verdad absoluta, imponer dogmas y acabar con quienes no piensan igual que yo, como Maduro en Venezuela, que quiere mandar 25 años a la cárcel a quienes se manifiesten contra su régimen de “difuntos y flores”, como dice la canción de Silvio Rodríguez.

Son los mismos obtusos que quieren que llueva o haga sol por decreto o que aseguran que en El Salvador “no hay violencia”, sino que “es un invento de los medios”. Son los mismos a los que les pican las manos por apretar el botón y desatar el infierno. Son los mismos que gritan contra “el imperialismo” y dicen defender a los pobres, pero que viven en la opulencia y dejan a los pueblos más hundidos en la miseria y el atraso.

A los gobernantes norcoreanos, como a los chavistas venezolanos y a sus primos locales, no les importa que su pueblo languidezca con sucesivas hambrunas, mientras la élite del partido gobernante se harta en el boato y el despilfarro.

Con tal de debutar como verdugos piensan atacar la isla de Guam, bajo jurisdicción de Estados Unidos, si no Los Ángeles u otra ciudad clave.

Como dice la canción de Willie Colón, de muchachos nos tocó vivir en una época en la que sentíamos que en cualquier momento se detonarían bombas atómicas y se acabaría la vida en el planeta, haciendo realidad la saga de películas de El Planeta de los Simios. De hecho, muchos apostaban que ese fin del mundo sería en el año 2000.

En 1962, el mundo vivió una electrizante tensión cuando la Unión Soviética emplazó misiles en Cuba y esto llevó a Estados Unidos a decretar un embargo o aislamiento sobre la Isla hasta que retiraron los proyectiles.

Los miedos resurgían con los avances atómicos de países como Irán y China, ante lo cual Estados Unidos respondía con la advertencia de que contaba con armas más efectivas y mortíferas.

Afortunadamente, el incidente de la Crisis de los Misiles pasó y la tensión solo mantuvo sus picos y valles hasta la caída de la Unión Soviética.

En pleno Tercer Milenio las amenazas vuelven con la belicosidad de los comunistas norcoreanos contra Estados Unidos, que advierte que responderá y que cuenta con recursos militares mayores, pero esto también pone en guardia a Rusia y China.

Las advertencias de hacer arder la Tierra son diarias, producto de un odio irracional, de ansia de sangre y de sed de poder y de sojuzgamiento de pueblos.

Con una guerra nuclear nadie ganaría, más que la muerte y la irracionalidad, que cobrarían millones y millones de víctimas.

“Tarde o temprano alguien empujará el botón, terminaremos en una bola de vapor, por política, petróleo, que son el generador, estamos en la Era Nuclear…”, concluía Colón.

A principios de los 90 y a pesar de la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética, que alejó por el momento los fantasmas de la guerra nuclear, Miguel Mateos cantaba “¿Nenenenene, que vas hacer cuando seas grande? ¿Nenenenene, que vas a hacer cuando alguien apriete el botón…?”. La pregunta ahora sigue teniendo vigencia para nosotros.

* Editor Subjefe de El Diario de Hoy.

11 Agosto, 2017

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Mario González

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