Editoriales

Gallegos, comediante

Quizás los poderes sanadores de la comedia era lo que tenía en mente el presidente de nuestra asamblea, cuando esta semana le regaló a la opinión pública un chiste de primer nivel.

Por Cristina López

18 Junio, 2017

La comedia realmente se siente balsámica a veces. Sobre todo en momentos de zozobra. Y es probablemente la zozobra lo que mejor describe el estado de la política en el país, en que la población aparentemente desaprueba de todos los partidos políticos. Quizás los poderes sanadores de la comedia era lo que tenía en mente el presidente de nuestra asamblea, cuando esta semana le regaló a la opinión pública un chiste de primer nivel. No pretendo en esta columna abordar cómo es posible que el presidente de la Asamblea Legislativa — de los tres poderes del gobierno, el que en teoría representa directamente a la ciudadanía — sea miembro de uno de los partidos políticos menos representativos. ¿O es representativo GANA, cuya intención de voto según las más recientes encuestas parece más bien vuelto de tienda? Ese tema daría para un par de columnas y media docena de discusiones y coloquios académicos estudiando la erosión de la representación democrática a partir de los intereses monetarios y la debilitación de la institucionalidad democrática, pero la presente columna solo llega hasta la discusión de cómo el presidente de la Asamblea, el diputado Guillermo Gallegos considera que aquí estamos como en el Carnaval de San Miguel: “para gozar, para sentir felicidad”.

El goce nos lo dio Gallegos diciendo la semana pasada, según reportó una cuenta digital de La Prensa Gráfica, que “Si Gana no existiera, este país fuera inviable”. Quiero permitirle al lector una pausa para que pueda libremente expresar su ataque de risa. Las declaraciones del diputado solo pueden obedecer a tres razonamientos: audacia absoluta, de atreverse a decir cualquier estupidez no fundamentada sin temor a consecuencia alguna; carencia total de autoconciencia y de la capacidad de verse a sí mismo — y su partido, en el mismo sentido — de la manera en la que le ven los demás; o, lo que a mi parecer debería explicar una opinión tan descabellada, “puro vacil”. O sea, ganas de regalarnos a todos una buena y merecida carcajada en estos tiempos de incertidumbre.

Porque, ¿desde cuándo un partido que se vende al mejor postor, que carece de cualquier tipo de principios respaldados en una filosofía política coherente o una ideología fundamentada, es lo que le da viabilidad a un país entero? Realmente, ¿cómo, un partido que cuenta con el difícil récord de ser el único con más de un curul titular que no cuenta con representación femenina, es lo que le da viabilidad a un país en que aproximadamente la mitad de la población es mujer? Tiene que ser una payasada decir que sin el partido que se prestó como vehículo político para que Tony Saca, de cuya administración había tantas preguntas con respecto al uso de fondos públicos y quien se encuentra en la actualidad en pleno proceso por presunta corrupción, intentara nuevamente llegar a la presidencia, El Salvador sería inviable.

En caso de que no sea chiste, y que el diputado equivocadamente tenga a su partido en tan inmerecido pedestal, vale la pena recordarle un par de cosas: 1. La palabra viabilidad, en su concepto más simple, se refiere a la posibilidad de ser o existir, de ejecutar algo. 2. Por lo anterior, la viabilidad de este país, por suerte, no depende de GANA. ¡Dios guarde! La viabilidad se la damos su gente trabajadora, ya sea dentro o fuera del país, tanto los que día a día se enfrentan a la inseguridad que nuestras autoridades no han sabido resolver para salir a sacar adelante la economía o educarse para un mejor futuro, o los que a muchos kilómetros de distancia contribuyen económicamente para darle un empujoncito a su familia. 3. El Salvador sigue siendo viable porque no nos hemos rendido, y porque a diario mentes soñadoras y manos emprendedoras se parten la espalda con organizaciones filantrópicas llenando los vacíos que el gobierno no ha sabido llenar. 4. Este país dejará de ser viable cuando nosotros, la ciudadanía a la que nos importa crear un país mejor, nos creamos por un segundo que la viabilidad de El Salvador depende de gente como Guillermo Gallegos. Y para eso, por suerte, falta mucho. Pero gracias por la carcajada.

*Lic. en Derecho de ESEN
con maestría en Políticas
Públicas de Georgetown University.
Columnista de El Diario de Hoy
@crislopezg

18 Junio, 2017

Acerca del Autor

Cristina López

cristina.lopez


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