Editoriales

Notre Dame de París, una Semana Santa de desastre y atentados

El incendio de la Catedral Notre Dame de París abrió una semana difícil, que se acaba en la sangre de más de 290 inocentes del Sri Lanka, que murieron bajo los impactos de las bombas del movimiento islamista local, el National Thowheeth Jama’ath (NTJ). La Semana Santa puso en relieve los desafíos que tienen que enfrentar los cristianos, tanto en Europa como en Asia.

23.abril.2019 -

La Semana Santa de 2019 recién terminó y quedará en las conciencias como una de las más difíciles de estas últimas décadas.

El incendio de la Catedral Notre Dame de París abrió una semana difícil, que se acaba en la sangre de más de 290 inocentes del Sri Lanka, que murieron bajo los impactos de las bombas del movimiento islamista local, el National Thowheeth Jama’ath (NTJ). La Semana Santa puso en relieve los desafíos que tienen que enfrentar los cristianos, tanto en Europa como en Asia.

El incendio de Notre Dame de París está cargado de simbolismo, impactando a una población mundial que parece, a través de este drama, haber perdido una parte de su inocencia, de su ingenuidad. Se dio cuenta de lo que los historiadores saben, es decir, que todo puede acabarse y desaparecer. Incluso lo inmutable como esta gran Catedral, que cruzó la historia de estos casi 900 años, recibiendo eventos que impactaron la historia de Europa, Occidental y francesa tanto como la de las conciencias de los hombres libres recibiendo a los Libertadores de París en 1944.

Quemándose su carpintería, constituida por 1300 robles, entre los cuales había del año 1160 y los últimos del año 1260, es como si la Catedral hubiese querido mandar un mensaje diciendo que todo es mortal, incluso las civilizaciones y religiones. Este simbolismo ha sido asumido de inmediato por los franceses, que están atravesando una crisis, sobre su identidad, su esquema social y la equidad de repartición de sus recursos económicos para enfrentar los desafíos de la economía digital que se instala con nuevos modos de funcionamiento y confrontación global. Se trata de su contrato social y la refundación de éste, con un impulso nuevo, justo y ambicioso. Es el mayor desafío del presidente Macron si quiere lograr su periodo presidencial, que por ahora transita un rumbo delicado.
Ironía de la historia: Macron tenía, una hora después del principio del incendio, que pronunciar una alocución fundamental y anuncios socio-económicos importantes de cara a los últimos meses de crisis, malestar y tensiones protagonizadas por el movimiento de los Chalecos Amarillos.

Este movimiento surgió de una forma de insurrección contra la política fiscal, tras el anuncio de un aumento de la tarifa sobre los productos energéticos. Rápidamente, la temática derivó en vías de expresión de democracia directa, a través de unos referendos ciudadanos, pero estos movimientos se fueron desbordando y volviéndose más violentos. Para canalizar este descontento, el Presidente, elegido en 2017 sobre la idea de una reforma profunda del sistema, lanzó entre enero y marzo pasado un gran debate nacional que permitió conocer las reivindicaciones tanto como los deseos de los franceses.

Ese lunes 15 de abril, el Presidente francés estaba por anunciar sus medidas cuando las llamas de la Catedral de París se lo impidieron. ¿Oportunidad de refundar las bases de la República o mala suerte? Este jueves, Emmanuel Macron anunciará las medidas que irán desde la reducción del número de parlamentarios y rebajas de impuestos para unas clases laborales, mientras intentará dar un nuevo impulso a las nociones de mérito y justicia social en una sociedad que esta perdiendo sus ilusiones en la materia. Tensión migratoria, pérdida de confianza hacia sus representantes políticos, desindustrialización y aumento de los déficits públicos, sentimientos de pérdida de influencia al nivel europeo y mundial, la Francia del siglo XXI está enfrentada a muchos desafíos, mirando con aprensión su cambio de identidad.

Desde de la Segunda Guerra Mundial, Francia, arruinada pero el campo de los victoriosos a través del General de Gaulle, se levantó, poniendo las bases de una nueva ambición industrial, internacional, liberándose de la época colonial, poblacional, con una política familiar ambiciosa que le permitió volver como el país europeo con tasa de nacimiento de las más elevadas durante décadas. Hoy en día, es esta nueva ambición, sobre las bases de una unidad nacional, lo que le hace falta. Y como si fuese premonitorio, el incendio de Notre Dame mandó un mensaje sobre esta identidad, las raíces de una nación que quiso vivir como un polo de influencia y valores en esta época contemporánea pero que perdió sus señales en sus fronteras tanto como en Europa.

Político y diplomático francés, presidente de la Asociación Francia-América Latina (LATFRAN), amigo de El Salvador.

23 abril, 2019

Acerca del Autor

Pascal Drouhaud

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