Editoriales

Un notariado superado por la realidad

La prevalencia del papel (o, más bien, el horror a lo digital), la insistencia en el conocimiento memorizado (es desmedro del pensamiento crítico e innovador) y la atención a los ritualismos (incluso hasta en el soso “estilo formal” de la vestimenta), son reflejo que en el país todavía se piensa, lastimosamente, en muchos campos, que el Derecho es una “cosa” de papeles, lenguaje esotérico y trajes negros.

23.abril.2019 -

PUESIESQUE…la semana pasada no se publicó esta columna, no porque quien la escribe estuviere muerto, anduviere de parranda o de penitente…lo que sucede es que hay que respetar los “tiempos santos”…entonces, en vacaciones no se escribe.

Ahora que retomamos la columna, no piensen que el calor me achicharró el cerebro, pero abordaré un tema que hace meses prometí, y que si bien no es parte de la atención mediática, refleja en mucho la vetusta concepción del Derecho que pervive en el país, que se manifiesta en muchísimos campos de los ámbitos jurídicos —y hasta políticos y sociales—, pero que hoy me referiré a uno solo: el notariado.

Me explico: para varias actividades de contenido jurídico, como —entre muchas—la compraventa de una vivienda, la constitución de una sociedad anónima, la celebración de un matrimonio, la ley exige que aquellas se documenten a través de la intervención de un notario, que es un abogado específicamente autorizado para “dar fe pública” de la realización de tal clase de actos.

Amén que en muchas dependencias, tanto estatales como privadas, hacen caso omiso de la atribuida “fe pública” del notario —por ejemplo, en SERTRACEN o hasta en la misma ¡Corte Suprema de Justicia!—, lo cierto es que ya acercándonos al final de la segunda década del siglo XXI, esta época de firma electrónica, transferencias bancarias por internet, documentos electrónicos y hasta documentos elaborados por inteligencia artificial, impone la urgencia de reflexionar sobre la necesidad de una radical y transcendental transformación del régimen del notariado, no solo eliminando verdaderas ridiculeces (como eso de ¡papel sellado rayado para los libros de protocolo!…o ese ¡ininteligible formato de las escrituras!), la práctica del llamado examen de suficiencia para la autorización del ejercicio de la función de notariado, al que anualmente se someten cientos de aspirantes, es una triste muestra de la vetusta idea de Derecho que todavía existe en el país.

Solo les cuento algunas linduras de la práctica de ese examen: ¿sabían que no se permite el uso de celulares, IPAD, ni computadoras? … quizá los autores y gestores del examen piensan que los notarios continúan escribiendo en máquinas de escribir “de palo”…y marca Olivetti para más detalle.

Y sigo con otra belleza: ¿sabían que durante la práctica de ese examen de nombre tan largo no se permite el uso de leyes impresas en computadoras ni el uso de textos de legislación comentada?…ah…es que quizá los autores y gestores del examen piensan que el notario debe ser una memoria USB andante y que, además, cuando un notario elabora un documento, jamás revisa la ley aplicable al acto jurídico que está documentando, ni se informa de nada, ni consigue “machotes”, sino que todo lo hace el notario a través de su portentosa memoria.

Y hay una “indicación” para la realización que dicho examen que quizá exprese un “concepto jurídico indeterminado” (que lástima que no puedo poner un emoji aquí): “Recuerde vestir formalmente el día de la prueba”… ¿y qué significa “vestir formalmente”?…eso es muy fácil: lo que se le ocurra al funcionario que esté en la entrada del lugar de la práctica del examen.

La prevalencia del papel (o, más bien, el horror a lo digital), la insistencia en el conocimiento memorizado (es desmedro del pensamiento crítico e innovador) y la atención a los ritualismos (incluso hasta en el soso “estilo formal” de la vestimenta), son reflejo que en el país todavía se piensa, lastimosamente, en muchos campos, que el Derecho es una “cosa” de papeles, lenguaje esotérico y trajes negros.

P.D: aprobé mi examen de notariado hace bastante rato…de “viva voz”.

Abogado constitucionalista

23 abril, 2019

Acerca del Autor

Enrique Anaya

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