Editoriales

Los candidatos no partidarios

La suma de fallos judiciales a partir de 2010 nos obliga a revisar de manera integral el sistema electoral. Prolongar la discusión aislada de ciertos aspectos que no contribuyen a mejorar la organización de los procesos electorales, a modernizar a la autoridad electoral, y tampoco facilitan el escrutinio ni el ejercicio del sufragio, nos acercará, con celeridad, a un mayor y más precipitado deterioro del sistema de partidos.

10.abril.2019 -

La simpatía de la población con los diputados sin partido aumentará si las fuerzas políticas se resisten al cambio. Cuanto más retrasen su renovación y crean que la mejor estrategia para perpetuarse en el poder es blindarse contra todo lo que amenace su existencia, mayor será el repudio de la gente y más graves las consecuencias para la estabilidad política y la gobernabilidad de la Nación.

La jurisprudencia constitucional respalda la existencia de las candidaturas no partidarias. En principio, cualquier reforma que incumpla los parámetros establecidos en las respectivas sentencias sería declarada como contraria a la Constitución de la República. A petición de distintos demandantes, la Sala declaró inconstitucionales algunas de las “disposiciones para la postulación de candidaturas no partidarias en elecciones legislativas”, por exigir un número de firmas desproporcionado para su inscripción y un plazo muy breve para conseguirlas. Igual amparó a los que previamente reclamaron al TSE por no aceptar que una misma persona apoye a diferentes no partidarios. Las resoluciones de la Sala contribuyeron a la elección del primer diputado no partidario en los comicios de 2018.

Asimismo la forma de contar los votos a favor de este tipo de candidatos se encuentra avalada por un fallo de la Sala de lo Constitucional. Esta instancia, con la finalidad de preservar las condiciones de igualdad, ordenó agrupar en “planillas” a los no partidarios en cada una de las circunscripciones electorales de manera similar al mecanismo utilizado por los aspirantes a diputados de los partidos políticos. Ciertamente la decisión de la Sala puede llevarnos a situaciones en las que, dentro de una misma planilla, habría no partidarios “pro vida” y otros a favor del aborto, o unos de una ideología y el resto de otra totalmente contraria. Los votos de un elector contribuirían a que probablemente resulte electo un sujeto con valores diferentes al de aquél. Por esa razón la sentencia no fue respaldada por el presidente de la Sala. El titular de la Corte Suprema de Justicia razonó su voto señalando precisamente este riesgo.

Algunos análisis establecen la posibilidad de cumplir el mandato de la Sala permitiendo que los no partidarios, con propuestas similares en un determinado departamento, se unan en un mismo grupo garantizando que el elector votará por individuos que persiguen ideales similares a los suyos. Otros plantean la reforma constitucional del actual sistema electoral por uno mixto, en el que se mantenga el sistema proporcional para los partidos y donde los candidatos no partidarios sean electos en un sistema mayoritario con circunscripciones uninominales en el que resulte ganador el que más votos obtenga.

Recordemos que, a diferencia de otros países, en el caso salvadoreño deben cambiar los criterios de la Sala de lo Constitucional, o reformarse la Constitución, para eliminar figuras como la de los no partidarios y las listas abiertas. La suma de fallos judiciales a partir de 2010 nos obliga a revisar de manera integral el sistema electoral. Prolongar la discusión aislada de ciertos aspectos que no contribuyen a mejorar la organización de los procesos electorales, a modernizar a la autoridad electoral, y tampoco facilitan el escrutinio ni el ejercicio del sufragio, nos acercará, con celeridad, a un mayor y más precipitado deterioro del sistema de partidos.

Los legisladores independientes, que obtienen una curul sin utilizar a los partidos como vehículos, y la posibilidad, desde 2015, de elegir candidatos a diputados de distintas listas presentadas por los institutos políticos, son reivindicaciones ciudadanas, que bien utilizadas, pueden mejorar la relación entre electores y elegidos y la rendición de cuentas. En todo caso, lo más sano para un sistema político es que las organizaciones partidarias evolucionen al mismo tiempo que lo hace la cultura política de los habitantes.

Si sucede lo contrario, la voluntad popular encontrará los causes para entregar el poder a quien le ofrezca separarse de los “mismos de siempre”. Si los partidos atienden el malestar de los votantes, modifican su estructura, abren espacio a nuevos liderazgos, remozan su ideario, transparentan sus finanzas, cumplen sus promesas y rechazan cualquier acto de corrupción, estarían preparados para enfrentarse, en una “cancha pareja”, con los no partidarios y con otros modos de representación política que empiezan a mencionarse en el debate nacional como los “movimientos políticos”.

Cuando los partidos, sus cúpulas mejor dicho, deciden maquillar las transformaciones, y caminan en sentido contrario al deseo popular y al de sus mismos militantes, condenan al país a sufrir, más temprano que tarde, un grave retroceso democrático.

Doctor en Derecho y politólogo

10 abril, 2019

Acerca del Autor

Luis Mario Rodríguez

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