Editoriales

Proteger el periodismo es proteger la democracia

3.marzo.2019 -

No hay cosa que les de más miedo a los tiranos que la verdad bien contada. De lo anterior es evidencia el más reciente desastre internacional desatado por los caprichos autoritarios de Nicolás Maduro. Había accedido a una entrevista la semana pasada con Jorge Ramos, tratando de limpiar el nefasto rol que su gobierno ha tenido en poner a millones de venezolanos en la espantosa posición de tener que decidir entre buscar otro país o morir de hambre.

Ramos es, en este momento, uno de los periodistas más famosos del mundo —no solo porque sus reportajes alcanzan a millones de latinoamericanos a través de Univisión (incluyendo a la audiencia hispanohablante de Estados Unidos, que no es poca cosa), sino porque uno de sus talentos incluye hablarle a los poderosos en la cara, sin miedo ni medias tintas, obligándolos a explicar sus acciones y rendir cuentas.

Esta característica le costó a Ramos un par de horas de libertad y la pérdida de todo el material periodístico que su equipo había recogido en su visita a Venezuela. A Maduro no le pareció que Ramos le enseñara, en su cara, la consecuencia de sus políticas de corrupción y hambre, porque, según lo reportó posteriormente Ramos, inmediatamente después de que el periodista le enseñara a Maduro un video en un iPad que mostraba un grupo de venezolanos registrando un camión de la basura para encontrar su siguiente tiempo de comida, Maduro se comportó como el tirano estereotípico que es. No solo Ramos no logró sacarle a Maduro el comentario que buscaba, haber tenido la osadía y atrevimiento de hacer su trabajo como se debe le costó su libertad por un par de horas y la consecuente expulsión de Venezuela.

Algunos medios estadounidenses señalaron que el hecho de que Ramos cuente con nacionalidad estadounidense pudo haber influido en su pronta liberación y expulsión. Algo de verdad hay en ese análisis, simplemente porque los periodistas venezolanos que como Ramos han intentado hacer su trabajo, han tenido peor suerte. Según la revista de periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York, por lo menos 60 medios de comunicación privados en Venezuela han cerrado como resultado directo del chavismo. Una de las primeras acciones de Hugo Chávez para cimentar el autoritarismo que continúa permeando ahora fue la de cerrar Radio Caracas Televisión y sustituirla con TVes, un canal que maneja el pro-chavista Winston Vallenilla.

Con idioteces del CONATEL (la agencia gubernamental de Venezuela que regula los medios de comunicación y sus contenidos) cerraron 34 estaciones de radio en 2009 alegando “procedimientos legales” sin mayor explicación. Lo que vino después fue VTV, el brazo propagandístico del régimen que continúa pintando la crisis como un ataque de imperialismo americano en contra de la soberanía bolivariana. Los periódicos de mayor circulación fueron comprados por aliados internacionales del régimen, y Globovisión, por un par de individuos con procesos judiciales abiertos por corrupción y lavado de dinero. La recesión económica se está comiendo a los demás medios pequeños, mientras que el órgano judicial arremetió con demandas y procedimientos contra los periodistas independientes hasta obligar a varios al exilio.

Muchas cosas contribuyeron a que el chavismo continúe perdurando a pesar de estar en quiebra, de no contar con apoyo internacional y de depender de la corrupción para mantenerse en el poder, y una de ellas sin duda alguna fue la falta de una prensa fuerte, independiente y con dientes. La efectividad del chavismo fue que dejaron sin micrófono a aquellos con la capacidad de contarle a un electorado crítico las razones por las que el emperador tenía años de estar desnudo.

El autoritarismo no tiene ideología. Uno de sus antídotos es el periodismo de calidad. Ese que cuenta las historias importantes sin filtrar con base en quién afectan o benefician. Si podemos aprender algo de Venezuela, que sea lo siguiente: un electorado crítico hace bien en volverse escéptico de los gobernantes que arremeten contra los medios.

Lic. en Derecho de ESEN, con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. @crislopezg

3 marzo, 2019

Acerca del Autor

Cristina López

cristina.lopez


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