Editoriales

Columna Transversal: Déjà vu

Columna Transversal: Déjà vu

9.febrero.2019 -

Toda la vida he sido un hombre de cafés. Disfruto sentarme en ellos, sobre todo cuando sirven buenos cafés, postres y desayunos, para leer los periódicos, para escribir, para ver amigos, para conversar.

Por tanto, con frecuencia me van a ver sentado en mis cafés preferidos, a veces solo, a veces con amigos. Son lugares de encuentro. Son parte de mi tejido social: el Starbucks en El Paseo, el Shaws en Basilea, el Viva Espresso Hipódromo, el Coffee Cup Plaza Madero…

En este último lugar estuve el pasado viernes sentado con mis amigos Salvador Samayoa y Mario Vega. Solemos a vernos en este lugar para ponernos al tanto, para intercambiar dudas e inquietudes, para ver si encontramos respuestas. Obviamente alguien piensa que para conspirar contra el futuro gobierno…

Nos habíamos citado para las 11:00 a.m. Pero como todos somos puntuales, ya estábamos sentados unos minutos antes. Mejor dicho, a las 10:54 de la mañana. ¿Cómo sé esto y qué relevancia tiene? Bueno, a las 10:54 a.m. ya salió publicado un tuit de Neto Sanabria, el asesor de comunicaciones del presidente electo Nayib Bukele, diciendo así:

Quiere decir que alguien nos vio al solo sentarnos, nos reconoció como personas de interés de el Brozo e inmediatamente reportó su sensacional hallazgo.

Horas más tarde, cuando alguien me avisó que nuestra tertulia había atraído el interés del arquitecto de la guerra sucia de presidente electo, mi reacción en Twitter fue esta:

Este incidente y otros me provocan un “déjà vu” —esta extraña sensación de que escenas claves de la historia se están repitiendo. ¿Estaremos condenados a volver a vivir la pesadilla de los años de Mauricio Funes, quien usaba el poder y los recursos de la Presidencia de la República para atacar a las personas que se atrevieron a criticarlo?

Tanto Salvador Samayoa, como otros amigos míos (por ejemplo, Billy Sol Bang, Jorge Simán y Tom Hawk) y este servidor, fuimos frecuentemente blancos de la ira del presidente Funes, quien usaba sus programas de radio para insultar y amenazarnos con nombre y apellido. Luego, por suerte, nos tocó un presidente a quien critiqué igual de duro que a Funes, pero que nunca les dedicó insultos ni amenazas a sus críticos.

¿Y ahora estaremos por regresar en el tiempo y nuevamente tendremos que cuidarnos de la ira de un presidente y de sus soplones y perros de ataque? Espero que no. Espero que Nayib Bukele tenga la sensatez de desmarcarse de figuras como el Brozo/Neto Sanabria, y Walter Araujo, antes de que ensucien la institución de la presidencia.

No queremos más adelante hacernos preguntas aún más inquietantes, como: ¿estaremos condenados a volver a cuidarnos con quienes mejor no nos dejemos ver en público, porque a alguien relacionado con el poder le puede parecer sospechoso? ¿Estaremos condenados a retomar este viejo hábito de siempre estar viendo por la espalda, pendiente de quien nos vea, quien nos siga, quien nos observe —aunque solo estemos tomándonos un café con amigos? Bueno, incluso si estuviéramos hablando mal del presidente electo, ¿cuál sería el pecado?

Espero que el presidente electo haga lo pertinente para que no regresemos a tiempos supuestamente superados del uso del poder para intimidar al ciudadano. Imagínense que ya tengamos que cuidarnos la espalda —y ni siquiera han tomado el control del OIE…

Periodista

9 febrero, 2019

Acerca del Autor

Paolo Lüers

paolo.luers


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