Editoriales

Para quienes laboran en Navidad y Año Nuevo

28.diciembre.2018 -

Mientras muchos disfrutamos de las fiestas de Navidad y fin de año, brindamos e intercambiamos regalos, poco o nada recordamos a personas que por vocación y por necesidad deben cumplir labores de gran responsabilidad en el mayor anonimato.

Trabajar en época festiva no tiene nada de raro, pues se labora acá y en China, pero debo referirme específicamente a Fosalud, institución a la que dirigí con mucha honra y profundo orgullo de 2004 a 2009. Nada de esa institución me es ajeno; conservo grandes amistades y mi paso por Fosalud ha sido una de las experiencias más gratificantes en mi vida laboral y, sobre todo, personal, pero lo que sí me es totalmente ajeno es una dirección que en 10 años, léase bien, 10 años de llevar las riendas de dicho ente valora al trabajador como un número más. No hay nada que desincentive al empleado más que una sobrecarga laboral inversamente proporcional a los incentivos merecidos. Se sigue aplicando una visión verticalista donde la dirección ejecutiva se esconde en despachos que no despachan más que insensibilidad, poco interés en las mejoras laborales, personal sin incentivos verdaderos y, sobre todo, una fractura direccional en añicos, pues el manejo de la cosa pública pasa una factura enorme creando una distancia tanto física como emocional con los subalternos.

En una dirección es importante que el colega que labora en esos días sienta que es parte de un equipo, que no por ser la época navideña las puertas de la dirección se cierran y se olvido del motor, de ese profesionalismo que cada trabajador vive para que la maquina funcione; todos, sin excepción, desde el vigilante privado que brinda seguridad, enfermería, médicos, personal administrativo y dirección debe ser un equipo que entre mejor aceitado esté, el trabajo será mejor siendo el único beneficiario de ello, el paciente.

Pareciera que los organigramas son rígidos, nadie debe descender de los puestos remunerados a donde está el populacho y tampoco nadie del pueblo puede ascender a un cargo que represente una mejora económica y personal. ¡Nada más equivocado! Seguimos regidos por esquemas arcaicos donde el jefe ordena y poco importa tan siquiera como el acercarse a conocer de primera mano las necesidades reales y humanas de los trabajadores que en esta época laboran bajo las sombras sin recibir lo que por ley corresponde, llámese a esto pago por nocturnidades, horas laborales que violan nuestro Código de Trabajo, pero así las cosas.

En estos falsos socialistas salió el peor sentimiento de explotación para los trabajadores. El manejo de la cosa pública no solo es revisar presupuestos, organizar jornadas laborales y planificar tantas actividades; no, la cosa pública debe volverse “cosa humana”, debe volverse cálida y sensible a las necesidades de cada empleado.

En resumidas cuentas, la cosa pública manejada por una dirección petrificada por 10 años es algo totalmente disfuncional, tedioso y sobre todo inhumano para el empleado, no así para el empleador.

Lamentablemente asumimos posiciones casi divinas cuando se ocupa un cargo y creerse serán eternos, que nunca pisarán el suelo común para todos, pero todo llega a un final. Particularmente durante mi gestión como director de Fosalud el organigrama fue algo activo, cambiante donde todos formábamos parte de esa gran familia, se respetaba profundamente a cada empleado y su desempeño, partiendo que en la maquinaria administrativa de una institución cada pieza es importante, vale la pena señalar que muchos empleados que laboran dando lo mejor de sí durante este feriado por sentido común quisieran estar con su grupo familiar, cenando en la tranquilidad de sus hogares; cuando se vea al trabajador no como un número más se empezará a construir el andamiaje moral, ético y humano tan necesario en una sociedad. Pareciera que cada fin de año el espíritu navideño resurge y por unas semanas nos convertimos en seres humanos piadosos, comprensivos. La huella neuronal del consumo aparece, viene 2019 y nos convertimos en personas con una infinita lista de propósitos pero pocos nos acordamos de aquellos trabajadores que con grandes sacrificios realizan labores de la índole que sea cargadas de amor, de entrega y de compasión.

Feliz Navidad y Año Nuevo. No olviden: su espíritu y vocación es el mejor regalo que pueden dar a este país; infundir la tranquilidad de saber que profesionales dispuestos atendernos en estas fiestas de familia.

Médico

28 diciembre, 2018

Acerca del Autor

ricardo.lara


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