Lo que viven las madres en su ruta hacia Estados Unidos

Cientos de mujeres de El Salvador, Honduras y Guatemala, huyeron de sus países hacia Estados Unidos por miedo a las pandillas. Desde México cuentan parte de su atrevido viaje.
Lo que viven las madres en su ruta hacia Estados Unidos

Por Mauricio Caceres

10 mayo, 2018

La Frase

“Mi hija nació un 13 de enero casi bajándome del tren en el que me crucé la mayor parte de México y gracias a Dios pude llegar a este albergue”.

Juana, una madre migrante

A Juana, Rosa, María, Paula y Carmen, la violencia y la pobreza las acorraló en sus países, al punto que tomaron la decisión de dejar a sus hijos y esposos para emprender el difícil camino hacia Estados Unidos. Sus relatos son calcados, salieron sin casi nada y en autobuses hasta llegaron a la frontera de Guatemala y México, donde empiezan a enfrentar lo más difícil del arriesgado viaje.

Las mujeres migrantes del Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador), se lanzan en una “aventura” con la confianza en Dios que llegarán a Estados Unidos, pero muchas quedan estancadas en albergues liderados por religiosos que se convierten en pequeños oasis entre tanto peligro.

Desde el pueblo de Tucumán, en la frontera de Guatemala y México, inicia el primer camino que ronda los 150 kilómetros para adentrarse en el estado de Chiapas, México.

Desde ahí caminan una distancia similar para encontrar el punto donde salen los trenes de carga comúnmente llamado: “las bestias”. Son grandes vagones que unen al armatoste de hierro puro que viaja a velocidades extremas hacia el norte.

Una niña juega con una muñeca en el Albergue Potosí
Foto/ Mauricio Cáceres

En el referido trayecto sobreviven con la ayuda de aldeas indígenas y los albergues que encuentran en el camino. Muchas de ellas salvadoreñas y hondureñas viajan solas, aunque algunas lo hacen en grupos familiares.

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El primer punto de ayuda es el albergue “Ayuda Humanitaria – Emiliano Zapata”, en la comunidad del mismo nombre. En ese lugar más de 50 comunidades de indígenas entre Tzeltales, Choles y Zoques, ayudan a los migrantes con agua, alimentación y donde dormir.

“El Salto del Agua” es otro oasis en el camino, es un lugar dirigido por monjas franciscanas que colaboran con los “Padres del Verbo Divino” en Chiapas.

Amanda quien no revelo su apellido es una salvadoreña que dejó a sus dos hijas en San Salvador, Apopa, y lleva con sigo sus nombres en su mano. Dijo que se vino por problemas de violencia en donde ella vive.
Foto/ Mauricio Cáceres

En San Luis Potosí muchas mujeres logran llegar después de un largo viaje. Desde ahí cuentas sus historias entre lágrimas. Entre los refugios de esa ciudad está el albergue “La Casa de la Caridad Hogar del Migrante”, uno de los más completos de atención de compatriotas.

La referida ciudad está ubicada a uno 600 kilómetros de la frontera con Estados Unidos.

El Diario de Hoy escuchó los relatos de las valientes mujeres. Una de ellas es Juana, de 40 años, quien cuenta que se arriesgó a viajar con ocho meses de embarazo.

“Mi hija nació un 13 de enero casi bajándome del tren en el que me crucé la mayor parte de México y gracias a Dios pude llegar a este albergue”, narra la mujer después de cuatro meses de permanecer en el albergue junto a otras 35 mujeres, la mayoría salvadoreña y algunas guatemaltecas. En ese lugar viven en promedio 370 mujeres al mes.
Amenazada por la pandilla.

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Juana era costurera en El Salvador y trabajaba en una maquila para mantener la economía de su hogar. La migrante fue amenazada de muerte por pandilleros en tres ocasiones y luego le usurparon su casa y le robaron todos sus bienes. No tuvo otra opción que huir antes de morir.

“Los pandilleros me quitaron mi casa y no pienso en regresar a mi país de origen, sino paso a Estados Unidos mejor me quedó en México”, recordó la migrante.

Sofía de 19 años con cinco meses de embarazo espera en el albergue de San Luis Potosí la oportunidad de poder cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Foto/ Mauricio Cáceres

Al llegar a México encontró grupos de migrantes que se solidarizaban con ella por su embarazo.

“Muchos de ellos me aconsejaron cómo subir y bajar del ferrocarril al verme mi estómago grande, para no dañar al bebé. Aprendí a subirme al tren en movimiento como quien sube a un carro parqueado, pero en dos ocasiones me caí del tren en marcha pero no me pasó nada grave”, relata Juana.

En San Luis Potosí con sus dolores de parto, fue llevada a un hospital donde nació su hija, quién ahora tiene documentos mexicanos y es algo que le beneficia para conseguir un trabajo en la ciudad.

Pero la migrante dice que un día retomara su ruta hacia Estados Unidos, cuando el momento se lo indique, ya que en El Salvador le esperan cuatro hijos a los que les prometió mandarlos a traer cuando esté instalada en Estados Unidos.

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“Seguiré adelante. Debo terminar la meta que me puse cuando salí de casa. No tengo un lugar especial a donde llegar pero lo haré donde sea y en un lugar donde pueda trabajar para ayudar a mis hijos y mi madre”, agrega la madre salvadoreña.

Sofía viajó embarazada y piensa seguir sus estudios

Otra de las inquilinas del albergue de San Luis Potosí, es Sofía, una salvadoreña que emprendió el viaje cuando se dio cuenta que tenía cinco meses de embarazo.

La mujer dice que tiene oportunidad de superarse porque tiene muchos familiares en Estados Unidos y varios de ellos, le están ayudando para seguir el largo viaje.

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“Yo venía con un coyote y en un lugar que se llama Saltillo nos detuvieron y pase 11 días detenida en el Instituto Nacional de Migración de México. Cuando se dieron cuenta de mi estado de embarazo me extendieron un permiso de 20 días para que avanzara hacia la frontera y es por esto que estoy en este albergue esperando que mi hermano me ayude”, expresó Sofía.

Agregó que si logra cumplir su meta de llegar a Estados Unidos, continuará estudiando después de tener a su bebé.

Todos los días, hay más madres y mujeres migrantes que buscan un mejor destino, huyen de las pandillas y la violencia en el llamado Triángulo del Norte o “Triángulo de la Muerte” como otros llaman.

10 mayo, 2018

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mauricio.caceres


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