Niño decapitado entre los enterrados como desconocidos
Focus Data, Nacional

Niño decapitado entre los enterrados como desconocidos

Esaú fue enterrado en una fosa común, junto a más de dos mil salvadoreños; pese a haber sido identificado. Conoce las razones:

Por Karla Arévalo

6 Septiembre, 2017

Amilton Esaú vivió solo tres años y no tenía padre, murió decapitado el mismo día que su madre: el Jueves Santo del año 2011; mientras los cristianos católicos conmemoraban la última cena de Jesús.

Lo hallaron al fondo de una quebrada en la Comunidad del Movimiento Auténtico Indígena Salvadoreño en Tonacatepeque y lo enterraron como “desconocido” en el Cementerio La Bermeja, en un sepulcro para desconocidos: donde yacen más de 500 osamentas, incluida su madre, Guadalupe.

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A las dos de la tarde, del 20 de abril, vecinos de la colonia Niño de Atocha vieron a Guadalupe caminar presurosa junto a Esaú. La joven seguía desesperada a Gregorio, quien llevaba a una bebé, hija de ambos. Salieron con varios maletines y bolsas. No era raro verlos partir. “Quizá van a pasar algunos días donde la familia del hombre”, decían en el vecindario de Guadalupe, donde no querían a Gregorio porque vivía “en zona contraria” a esa comunidad con presencia de la Mara Salvatrucha.

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La madre de Guadalupe murió cuando esta tenía seis años. Un tío materno se responsabilizó de su crianza. A los trece años de edad, vivía en una cárcel para menores. Esaú nació en esa cárcel.

No era extraño que Guadalupe se ausentara varios días. Razón por la que transcurrieron las horas y los días y nadie la echó de menos. Los vecinos supieron de ellos hasta que Guadalupe y Esaú fueron hallados en una quebrada en Tonacatepeque, decapitados. Medicina Legal indicó que a Esaú le golpearon la cabeza y lo decapitaron con un machete. A su madre la amordazaron con un pañuelo azul. Le mutilaron los senos y le hirieron los genitales. Guadalupe estaba tirada entre hojarascas y a Esaú lo hundieron en una poza.

Mientras los cuerpos estaban en Medicina Legal, Gregorio andaba en su barrio y a la bebé de ambos nadie la había hallado.

Interactúa con el mapa. Las cruces son los municipios con más enterrados como desconocidos. Los signos azules son los municipios con más desaparecidos. 

La Fiscalía y la Policía tildaban a Gregorio de ser pandillero del Barrio 18. Pese a que fue apresado, cinco meses después del hallazgo de Esaú y su madre, fue liberado. Gregorio Aquino era miembro del Comando de Fuerzas Especiales de la Fuerza Armada y desertó de la institución castrense luego del homicidio. Para entonces, la Policía desconocía al asesino o asesinos de Esaú y de su madre; cuyos cuerpos, aunque fueron reconocidos terminaron enterrados como desconocidos en La Bermeja.

El Diario de Hoy obtuvo una base de datos de salvadoreños enterrados en fosas comunes desde 2009 hasta 2016. Un 1 % de esos cuerpos fueron enterrados en fosas comunes pese a haber sido identificados. Del 99 % restante, se desconocen sus nombres. A Esaú y a Guadalupe los identificaron porque Guadalupe tenía tatuado en el brazo “Alberto Esaú G”; eso sirvió para que el tío que la crió reconociera el cadáver; pero fue él quien decidió que fueran enterrados en una fosa común en La Bermeja. En los últimos siete años, 2,177 personas fueron enterradas en fosas comunes. Solo en el cementerio La Bermeja hay más de 500.

 

La Policía sostuvo que los asesinos condujeron a Guadalupe y a Esaú hasta la quebrada. La Policía los halló 20 horas después. Ella no tenía zapatos puestos; Esaú solo una sandalia y un carro de juguete.

Unos 49 niños de cero a cinco años han sido enterrados como “desconocidos”. El 52 % de estos fallecieron por causas violentas, el 41 % aún eran fetos y el 6 % murieron por infección. Los niños que murieron a raíz de la violencia fueron baleados, decapitados y golpeados hasta ocasionarles trauma craneoencefálico. Para el doctor Juan Antonio Tobar, exjefe de Emergencia del hospital Rosales,el trauma craneoencefálico es abierto si la víctima recibió un golpe que le perforó el cráneo y es cerrado cuando solo fue un golpe. El cirujano sostiene que en el caso de estos infantes, sí se habla de que murieron violentamente “pues ha habido de por medio una intención de hacerles daño”.

Guadalupe recién cumplía los 17 años. Como ella, 267 adolescentes más, fueron enterrados en fosas comunes. 59 de ellos murieron por disparos con arma de fuego, 56 por arma blanca (objetos cortopunzantes), 30 por estrangulamiento y 28 por trauma craneoencefálico.

La Fiscalía ha tenido siete años para investigar quien o quienes decapitaron a Esaú y asesinaron a Guadalupe; pero hasta hoy, el expediente sigue archivado en una oficina policial en Apopa. Mientras, ellos yacen enterrados desde el seis de junio de 2011 en una fosa común, como 2,171 personas más.

 

La mayoría murió por causas violentas
Los enterrados como desconocidos no figuran en las estadísticas de homicidios o de desaparecidos en El Salvador; pese a que las principales causas por las que murieron fueron violentas.

Un 45 % de ellos fueron baleados, golpeados o heridos con arma blanca. Además, 43 personas fueron decapitadas, siete murieron calcinados y cinco degollados.

Jocelyn estuvo cerca de ser enterrada en una fosa común. Desapareció el año pasado en Apopa. Nadie la buscaba pues nadie denunció su desaparecimiento. Pasó un año cuando el criminólogo Israel Ticas encontró la osamenta de Jocelyn en un pozo.

En la escena de la exhumación había una braga transparente, una blusa negra y un sostén grande. El criminólogo relató que sospechaba quién era la joven, por lo que buscó que familiares llegaran a Medicina Legal para comprobarlo mediante la prueba de ADN. Ocurrió. Jocelyn no fue enterrada en una fosa común porque su familia retiró la osamenta. A Medicina Legal no se le dificulta conservar la osamenta de una persona en la sala forense. Lo dificultoso es conservar cuerpos recientes. Ticas explica que cuando los cuerpos tienen pocas horas de muertos los entierran rápido.

 

En 2011 Apopa, municipio de donde Jocelyn desapareció, fue el tercer municipio con la tasa más alta de cadáveres hallados sin identificar por cada 10 mil habitantes.

En 2016, los municipios con las tasas más altas son: Jicalapa y Huizúcar en La Libertad; San Francisco Morazán en Chalatenango, Nuevo Edén de San Juan en San Miguel y San Salvador.

Al final de uno de los senderos del cementerio La Bermeja hay una cruz blanca que dice: “Fosa 40. Cuadro de adultos gratis”. Este es uno de los sepulcros donde yacen desconocidos y otros cuerpos que, aunque sus familiares los identificaron decidieron que fueran sepultados ahí. Solo viejos arbustos separan esas tumbas de quienes pagaron un espacio en el camposanto.

La mitad de los enterrados como “desconocidos” tenía entre 16 y 35 años. En ese mismo rango de edad se acumula el 67 % de las víctimas de los homicidios ocurridos entre enero de 2009 y diciembre de 2016. En ese lapso, la PNC recibió reportes sobre 11,252 personas desaparecidas. Siete de cada 10 tenían menos de 30 años.

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Las cifras parecen indicar que ser niño, adolescente o joven, en El Salvador, implica lidiar con la posibilidad de terminar asesinado, desaparecido o enterrado como desconocido.

6 Septiembre, 2017

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karla.arevalo


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