Focus Investigación, Nacional

Maras y vigilantes se disputan el control del centro de San Salvador

Dar seguridad a vendedores de los mercados Central y Sagrado Corazón y calles aledañas es un negocio rentable para vigilantes. Maras sacan su tajada.

Por El Diario De Hoy

8 Junio, 2017

Seis personas, entre vigilantes y supuestos pandilleros, fueron cayendo una a una abatidas a tiros en solo una mañana en el corazón de San Salvador, el 15 de marzo pasado.

Esto quizá sea solo una muestra evidente, en medio del caos y el bullicio del centro capitalino, de una guerra que se libra día a día entre grupos de pandilleros y de vigilantes y que pasa inadvertida para la mayoría. El motivo: el control territorial para garantizar el ingreso de dinero.

Unos lo hacen a través de la “renta”, la extorsión; los otros, por medio de pagos diarios para garantizarle a los comerciantes protección ante la delincuencia.

Así, el mapa está distribuido de tal manera que en algunos puntos los ingresos no solo están asegurados, si no que son mayores.

Un vigilante asignado a la zona de los mercados Sagrado Corazón y Central lo describe así: “Con decirle que yo en tres meses que estuve en una zona buena, recogí el dinero para hacer mi casa”.

A pesar de los beneficios, el vigilante (un exmilitar) reconoce que el riesgo ha aumentado en los últimos tres años, debido al enfrentamiento con los pandilleros.

 

Una zona en disputa (con doble control) es donde están las grandes ventas de granos básicos (maíz, frijol, arroz…) y de ventas de llantas para automotores, al norponiente del Mercado Central. Los dueños de esos negocios pagan por seguridad y pagan extorsión, grandes sumas, a la mara Salvatrucha (la MS-13), a miembros de la clica Centrales Locos Salvatruchos.

Lo mismo ocurre con los vendedores del mercado Sagrado Corazón, aledaño al mercado Central, donde un puesto de venta de bisutería debe dar cincuenta centavos o un dólar cada día como pago de “vigilancia”, pero cada sábado también debe entregar cinco dólares en concepto de “renta” a grupos de pandillas a cambio de no atentar contra la vida del comerciante o de sus empleados.

Y la misma persona que pasa cobrando el pago de la “vigilancia” es, casi siempre, quien también recolecta el pago de las extorsiones, aseguran diversas fuentes de El Diario de Hoy.

Tanto en el caso de los auténticos vigilantes como en el de los seudovigilantes, el negocio es apetecido, si se toma en cuenta que a un vigilante de una empresa privada le pagan entre 100 y 125 dólares quincenales, mientras que quienes vigilan los mercados o las calles ocupadas como tal podrían hacerse un sueldo cuatro o cinco veces más que esa cantidad.

En el caso de las pandillas, recoger la extorsión en esos lugares no implica mayor riesgo, a pesar de que todos los vendedores y vigilantes auténticos saben cuándo, a qué hora y quién va a pasar por el dinero. Y los policías asignados a proteger a los vendedores, también lo saben.

0.25, 0.50, un dólar…

En la zona en donde el pasado 15 de marzo ocurrió una balacera en la que seis personas murieron ese mismo día y una más murió una semana después, entre éstos dos vigilantes y cinco presuntos miembros de la MS-13, operan la pandilla 18 del ala revolucionaria y la clica Centrales Locos Salvatruchos.


En esa área considerada bajo control por la 18R hay vigilancia por parte de Avimce (Asociación de Vigilantes de Mercados y Centros Comerciales), que cada día y cada noche desplaza a decenas de sus miembros para la custodia en el interior del Mercado Central y en algunas calles inmediatas a éste que son ocupadas como mercado, según lo explicó Salvador Hernández Pineda, representante legal de ese conglomerado de vigilantes.

Avimce tiene 176 socios y entre todos son responsables de la seguridad en el interior de los mercados Central, San Miguelito, Modelo y de varios tramos de calles y avenidas inmediatas a los mercados Central y Sagrado Corazón.

Los vigilantes de Avimce no reciben un salario como tal de parte de la asociación, si no que son ellos mismos los que recogen su paga cada día de lo que cada vendedor les aporta. No hay una tarifa establecida en algún contrato de servicio o algún reglamento, sino que la cantidad que pagan es casi un acuerdo tácito entre vigilantes y vendedores.

Por ejemplo, una persona que solo tenga un canasto o una carretilla con mercadería, cualquiera, solo les entrega 25 centavos de dólar; quienes tienen un puesto formal, es decir, estacionario, pagan 50 o 75 centavos; la persona que tiene uno o más puestos y que deja mercadería en los mismos, les da un dólar o un dólar con 25 centavos.

El centro de San Salvador se convirtió en un campo de batalla 6 muertos de una sola vez,un seguridad privada y 5 supuestos pandileros.
fotos Rene Estrada.

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Todo lo que el vigilante recoge es su salario diario. “Nosotros lo recogemos del vendedor. Eso es de nosotros. De todo eso, solo entregamos una cuota mensual de 78 dólares, de la cual la Asociación paga una cuota de radiocomunicación, porque andamos un radio para comunicarnos entre todos, y el Seguro Social”, afirmó un hombre, cuya edad ronda los 50 años y que es veterano del conflicto armado.

Además del Seguro Social, un socio de Avimce paga un seguro de vida. El resto de lo que recoge es de cada vigilante, quienes trabajan turnos de 24 horas y descansan otras 24.
Hernández Pineda, presidente de Avimce, confirmó lo dicho por sus compañeros: cada cual cobra a cada vendedor y ese es su sueldo. Pero en suma, entre los 176 socios que aportan 78 dólares mensuales, a las arcas de la asociación llegan mensualmente una suma de poco más de 13 mil 500 dólares.

Pero, ¿cuánto le queda libre, mensualmente a un vigilante de Avimce?

“Yo estoy sacando aproximadamente 550, 600 dólares; no es estable. A veces lo menos que se saca al mes son 400 dólares libres, ya pagando la cuota mensual a la asociación”, afirmó otro socio de Avimce.

Además del interior del mercado Central, los vigilantes de Avimce custodian a los vendedores de la 9a. Avenida Sur, parte de la 7a. Avenida Sur, parte de la 4a. Calle Poniente, parte de la Calle Arce y varias cuadras de la 5a. Avenida Sur.

Familiares de una vendedor que fue asesinado en el pasaje Ángulo en las cercanías del mercado Central de San Salvador.

La empresa de seguridad vinculada a la MS-13

Las pandillas saben también cuán rentable es el negocio de brindar seguridad a los vendedores, tanto de adentro como de afuera de los mercados y es por ello que tienen años de intentar desplazar a fuego y a sangre o por la vía de negociaciones clandestinas a Avimce. Esto lo admiten vigilantes de esa asociación. Y para apuntalar lo que dicen, aportan ejemplos.

De septiembre de 2013 al 15 de marzo de 2017, 22 vigilantes, todos socios de Avimce, fueron asesinados. Todos esos crímenes fueron cometidos por la MS-13, según explican las fuentes. Y no hay pandilleros presos por esos homicidios.

El año más costoso en vidas humanas para Avimce fue 2014. Solo ese año, 11 de sus vigilantes fueron asesinados.

“La ofensiva”, como la llaman los miembros de esa asociación, comenzó en abril de 2014. El 5, el 9, el 11, el 13 y el 15 de abril, cada uno de esos días, un vigilante fue asesinado; luego, el 26 de ese mismo mes mataron otros dos: uno a las 5:00 y otro a las 6:00 de la mañana.

Los siguientes dos meses no mataron a ningún vigilante de Avimce, sino hasta en julio, cuando mataron a uno. Luego, volvieron a matar a otro en agosto, sobre la 12 calle Poniente; y el 29 de diciembre mataron otros dos en la esquina de la 4a. Calle Poniente y 9a. Avenida Sur. Once en total. Sin contar los heridos: aproximadamente seis en todo ese año.

Lugar donde fue acribillado un vigilante. Dos mareros le dieron tres balazos pero sobrevivió. Pese a presencia policial, los pandilleros siguen al acecho.

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Y fue en ese mismo año, según vigilantes y vendedores entrevistados, que tomó más fuerza un grupo de pseudo vigilantes cuyos miembros son vinculados a la MS-13. Hasta finales de marzo, éstos andaban vestidos con un pantalón negro y una camisa color caqui, con un parche en la manga izquierda de la camisa que ofrece la apariencia del logotipo de una empresa legal de seguridad, pero sin el número grande que, por ley, están obligadas a colocar en el frente de la camisa.

Aparentemente, ese grupo de vigilantes no porta armas de fuego, solamente una macana, aunque algunas fuentes aseguran que sí andan armas de fuego, pero escondidas. “Es cierto que ustedes no portan armas de fuego”, preguntó El Diario de Hoy. El hombre echó una mirada de pies a cabeza al periodista para luego responder encogiéndose levemente de hombros y con una sonrisa cargada de ironía: Así dicen.

Samuel R., alías Cadejo, fue asesinado en el centro de San Salvador. La policía dijo que era miembro de maras, sospechoso de asesinar a vigilantes

“Eso es viejísimo, pero cuando agarraron más fuerza fue cuando nos hicieron la ofensiva contra nosotros en 2014”, asegura un vigilante de Avimce, veterano de patrullar las calles-mercado del centro de San Salvador y, según comenta, conocedor de todos las transas que hay en los alrededores de los mercados Central y Sagrado Corazón.

A ese grupo de vigilantes, tanto vendedores como guardias de seguridad de Avimce, los conocen como “Los vigilantes del Tamagás” o “Los vigilantes de la empresa del Tamagás”. Les dicen así porque, según las fuentes, Tamagás es el alias de un reconocido miembro de la MS-13 que supuestamente es dueño de ese negocio que no está legalizado, a pesar de las funciones que desarrolla.

En los registros consta que ese hombre sufrió un ataque armado en diciembre de 2016 en los alrededores del mercado Central, tras lo cual, uno de sus hijos fue alcanzado por las balas y quedó incapacitado para movilizarse.

Las fuentes señalan que el Tamagás es apoyado por otros cabecillas como El Canegüe, el Piwi, el Trompudo y el Duende. Este último salió de la cárcel hace un par de meses, en tanto que el Piwi resultó lesionado de bala el pasado 15 de marzo y está en prisión preventiva por el homicidio del vigilante que murió ese mismo día.

 

Los vigilantes de Avimce entrevistados por este Periódico aseguran que conocen bien al Tamagás. Poco después de 2014, tras la serie de asesinatos de vigilantes de Avimce, según las fuentes, intentó hacer las paces.

“Estábamos en una reunión cuando le cayó una llamada al jefe (Hernández Pineda). Era el Tamagás quien le dijo que la agarrara al suave, que ya no iban a matar compañeros. Pero el jefe le dijo que como ya miraban la cosa seria querían hacer tratos; el jefe le dijo que no podían hacer ninguna tregua por las cosas que se habían dado (matar 11 vigilantes solo en 2014), y que como Avimce no podíamos hablar de tregua porque nosotros no estábamos a favor ni de una pandilla ni de otra”.

El supuesto acuerdo al que el Tamagás quería llegar con Avimce era que los de la MS se iban a meter al Mercado Central, pero que no iban a buscar problemas con los vigilantes y tampoco iban a extorsionar a los vendedores. No hubo tal acuerdo.

Desde 2014, la empresa de vigilantes del Tamagás consolidó su presencia en algunas calles y avenidas ocupadas como mercados, así como en el mercado Sagrado Corazón, donde cada sábado pasa la Avispa recogiendo la renta.

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Los cómplices
Los policías saben perfectamente quiénes son los pandilleros que recogen la “renta”, quienes son los vendedores que les colaboran, los pandilleros que se disfrazan de vendedores para controlar sus territorios y mantener a raya a los intrusos; saben quienes son los que vende armas y quienes venden droga. Eso dicen tanto vendedores como vigilantes.

¿Por qué no hacen nada contra todas esas personas? Hay varias respuestas: sostienen los que conocen la zona que algunos policías extorsionan a los vendedores de armas y drogas; llegan de noche a recoger el dinero que faculta a los traficantes de drogas y armas a trabajar “en paz”.

“En la 29a. (Avenida Sur) hay bastantes que venden droga. Los policías llegan, se saludan de mano (en ese saludo reciben dinero), se llevan su pata de cheje (soborno) y se van. Si usted viera cómo es por aquí. Uno porque no les puede tomar fotos (para no meterse en problemas)”, afirma un vendedor de calzado.

Otros policías están de acuerdo con los pandilleros. Por alguna o más razones. Sostienen relaciones sentimentales con hermanas o madres de pandilleros.

¿Pero hay policías que trabajan bien?. Sí los hay. A estos los pandilleros los mantienen bien controlados con sus colaboradores.

En el sector que es vigilado por los vigilantes de la empresa del Tamagás, hay por lo menos 10 dulceras y cuatro lechugueros que hacen labores de vigilancia. De los lechugueros eran más pero los han ido matando poco a poco, indica una fuente.

En el sector de los 18, también hay vendedores de dulces que andan con cajas de caramelos y gabachas, controlando que los MS no se metan a sus territorios. Los pandilleros más reconocidos de esa agrupación son el Tierno, el Mosca, el Wishky y el Máuser.

Asesinatos de vendedores

Las noticias informan muchas veces sobre asesinatos de vendedores, mujeres y hombres, en los alrededores de los mercados Central o Sagrado Corazón. De acuerdo con las fuentes, allí no matan sin razón.

Muchas vendedoras son asesinados por miembros de pandillas porque a veces se quedan con el dinero de las extorsiones o sospechan que están siendo desleales a la agrupación criminal.

Por eso mataron a una mujer nicaragüense a principios de 2016. Era colaboradora de la MS-13, indican los informantes.

En las lista también se incluyen a supuestos líderes de vendedores callejeros, comerciantes, colaboradores.

Todos víctima de un complejo sistema de protecciones, sospechas y traiciones.

8 Junio, 2017

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