Internacional

Africanos y asiáticos también invaden la frontera de Estados unidos

Los africanos, asiáticos o cubanos pagan mucho dinero a las redes de tráfico de personas, que las recogen en la costa de sus países y los envían en buques o aviones a Suramérica o Centroamérica, desde donde comienzan la travesía para México con la intención de llegar, finalmente, a Estados Unidos.
Africanos y asiáticos también invaden la frontera de Estados unidos
Foto EDH/AFP

Por Agencias

15 abril, 2019

Llegó al país en medio de una ola migratoria y no en balsa, como muchos de sus compatriotas, pero la de Duniel no es solo la historia de un cubano que abandonó la isla sino la de miles de migrantes que han convertido Suramérica y Centroamérica en escala de una ruta que para muchos arranca en Asia o África.

Partió de su isla natal el 6 de mayo de 2016 cuando los contactos entre Washington y La Habana hacían presagiar el fin de la Ley de Ajuste Cubano, vigente desde 1966, y la política de “pies secos/pies mojados”, que permitía a los cubanos que lograran tocar territorio estadounidense pedir residencia permanente un año después.

“El pasaje mío me costó 1,240 dólares”, declaró Duniel, con una precisión sobre el coste del traslado a la primera parada de su viaje, que fue Guyana.

Como Duniel, miles de cubanos empezaron a salir en ese entonces de su país hacia Estados Unidos, lo que hizo que en noviembre de 2015 miles de personas se quedaran varadas en Costa Rica y Panamá tras la decisión de Nicaragua de cerrar su frontera, situación que se repitió en mayo de 2016 en Colombia, esta vez por cuenta de una medida panameña.

Pero el recorrido de los cubanos puso en evidencia no solo su temor por perder los beneficios estadounidenses, sino el tránsito invisible que ya hacían ciudadanos de Bangladesh, Sri Lanka, Nepal, Eritrea, Congo, Camerún, Angola, India, Etiopía, entre otros países, e incluso Haití hacia Sudamérica y de ahí a Centroamérica, México y Estados Unidos.

Algunos inmigrantes africanos explicaron que, como los centroamericanos, llegaron en busca de mayores oportunidades y huyendo de la miseria y de la violencia sobre todo de las guerras civiles que en forma endémica sacuden a algunas porciones de esa región.

Foto EDH/AFP

“Mi país tiene guerra”, dijo Serge Lukau, quien procede de la República Democrática del Congo, de donde salió en compañía de su hijo de ocho años. Luego de un extenso y extenuante recorrido, los africanos sortearon todo género de vicisitudes para llegar a su destino. “Gracias a Dios que luego de 3 meses ya estamos aquí”, indicó Lukau, que recibió acogida en una estación de Bomberos de Piedras Negras habilitado como albergue.

Janet Ufengwei, originaria de Camerún, señaló que llegó caminando hasta las costas de su país y luego se subió a un barco que finalmente la trajo al continente americano. “Las cosas no están funcionando (en mi país). Hay asesinatos. Están sacando a las personas de sus casas. Están golpeando a personas, las dejan heridas. Es realmente terrible”, señaló al contar el drama que afronta Camerún.

“He cruzado tantos países que ni siquiera los recuerdo. No llevo la cuenta. Son muchos. He usado todos los medios de transporte”, dijo Ufengwei. Pero esta travesía le da la confianza a la mujer de obtener el anhelado asilo en Estados Unidos, aunque sabe que son bajas las posibilidades de que lo logre.

Volviendo al caso del cubano Duniel, que de Guyana pasó a Venezuela y luego hacia las ciudades de Cúcuta, Medellín y Turbo, en Colombia, relató que en su trayecto se adentró por la selva del Darién junto a tres grupos de “ciento y tanto” cubanos y africanos cada uno guiados por “coyotes”, como se conoce a quienes mueven a los viajeros a cambio de dinero, uno de los cuales se extravió junto a las personas que lideraba.

“Hubo que detenerse por eso”, comentó Duniel, quien aseguró que en ese momento miró al cielo para pedirle a Orula y a Elegua, dioses de la religión Yoruba.

“Antes de eso, yo se lo había dicho ya: ‘Ustedes deciden’. Si hay que detenerse por alguna cosa es que ustedes quieren que yo regrese, ustedes no quieren que yo continúe”, comentó Duniel, quien retornó a Turbo después de unas tres horas atravesando la selva.

El director ejecutivo del centro de ideas conservador Center for a Secure Free Society, Joseph Humire, recordó que el llamado tapón del Darién “era muy difícil de pasar, antes operaban las (exguerrilla de las) FARC y otros grupos armados”.
No obstante, con el tiempo “se ha desarrollado más infraestructura para poder pasar migrantes”, indicó.

Foto EDH/AFP

Humire detalló que existen dos rutas principales para los extranjeros que atraviesan Sudamérica: una “larga” o “histórica” que va por Brasil, Perú, Ecuador, Colombia y Panamá; y otra que parte directamente de territorio colombiano.

Ese tránsito, aseguró Humire, ha llamado la atención del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en inglés) que ha identificado 35 países de África, Asia y Medio Oriente con “alta presencia de grupos terroristas”, de donde proceden muchos de los viajeros.

También ha atraído redes de financiación que, según Humire, se manejan desde centros financieros y bancos en Oriente Medio, que han visto la oportunidad de cobrar a quienes quieran conectarse con estas organizaciones que movilizan migrantes.

Para Duniel, quien ya es residente en Estados Unidos, su itinerario lo llevó de Turbo a Panamá, luego a Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y finalmente México, desde donde alcanzó el suelo estadounidense.

Y aunque es difícil totalizar la migración desde el sur, el informe regional “Flujos de migrantes en situación migratoria irregular provenientes de África, Asia y el Caribe en las Américas” reveló en 2016 “incrementos significativos” en el movimiento de personas desde esos continentes hacia Latinoamérica, así como desde Cuba y Haití.

“EE.UU. es marcadamente el mayor receptor de inmigrantes provenientes de Asia, África, Cuba y Haití”, apuntó el estudio elaborado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización Internacional de Migraciones (OIM).

Al hacer una radiografía de los migrantes, la investigación detalló que muchos presentaban “un marcado deterioro de su salud física y psicológica, por los procesos de desarraigo, por el largo tránsito y por tener que enfrentar diariamente a autoridades nacionales y otros agentes”, además de poner de relieve su “vulnerabilidad” y hasta su vida.

En el caso de los centroamericanos, recientemente partió una nueva caravana desde Honduras que va en tránsito por Guatemala hacia México. Es la cuarta caravana de hondureños, pero también se han unido otras de salvadoreños y guatemaltecos desde octubre pasado. Los migrantes han hecho escala en la frontera sur con Estados Unidos con el propósito de solicitar asilo.

15 abril, 2019

Acerca del Autor

agencias.EDH


Howdy,
Buy Premium Version to add more powerful tools to this place. https://wpclever.net/downloads/wp-admin-smart-search