Doce años de incendios en El Salvador

Un promedio anual de 5,124 hectáreas de bosque y maleza han sido consumidas por el fuego en los últimos doce años. En ese lapso, la quema de 61,496 hectáreas contaminó el ambiente, acabó con la vida de animales silvestres y quedó en la impunidad.
Doce años de incendios en El Salvador

Por Liseth Alas

10 abril, 2018

Tres años han transcurrido desde que un incendio consumió parte del bosque del cerro El Candelero. Jorge Portillo aún recuerda cómo su hermano, bomberos, soldados, pobladores y él mismo lucharon por apagar las llamas.

“(Mi hermano y yo) nos quedamos encerrados en una loma por el fuego que venía, nosotros estábamos apagando (las llamas), cuando de repente apareció el fuego y nosotros en medio. Tuvimos que subirnos al cerrito que ya se había quemado, porque ahí ya no nos quemábamos, pero el humo si más nos asfixia”. Ellos no tenían equipo de protección contra incendios; pues, en esos casos, “los únicos que andan equipados son los bomberos”.

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El Candelero es una de las zonas boscosas del municipio de Dulce Nombre de María, en el departamento de Chalatenango, donde han ocurrido siniestros los últimos 12 años, según el registro de incendios forestales y en maleza seca que el Cuerpo de Bomberos de El Salvador compartió con la Unidad de Datos de El Diario de Hoy el 9 de enero pasado.

“Si usted viniera cuando acaba de pasar un fuego le dieran ganas de llorar al ver todo esto quemado en ese momento”, afirmó Portillo, quien junto a su hermano labora como agente de la Agencia Forestal del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) en Dulce Nombre de María.

De acuerdo con datos de Bomberos, entre 2006 y 2017 el fuego consumió 61,496 hectáreas con árboles, cultivos y maleza seca en El Salvador. En esos años la entidad de socorro, en algunos casos con apoyo de otras instituciones y de lugareños, ha batallado contra mil 658 incendios.

De esos siniestros, 74 ocurrieron por descuido, 701 por causas desconocidas, 879 fueron provocados, 2 por un cortocircuito, uno fue propagado por “fuertes vientos” y uno más por la explosión de un globo aerostático.

Para que ocurra un incendio, generalmente se combinan el factor humano y el climático.

El Niño visitó El Salvador tres años consecutivos, entre 2014 y 2016. Cuando este fenómeno climático visita la región el número de incendios forestales y de maleza es mayor, según los técnicos. Pero, sin Niño o con Niño, los incendios no cesan, pues los incendios provocados ocurren una y otra vez sin que los culpables sean identificados ni castigados.

Aunque la época lluviosa en 2017 no se vio afectada por El Niño, el año pasado hubo 9,816 hectáreas quemadas, convirtiéndose en el año con más hectáreas consumidas por el fuego desde 2006. El segundo lugar lo ocupa 2013 con 9,566 hectáreas incendiadas y el tercero 2015 con 8,976.

“La humedad del suelo en marzo del año pasado, recuerdo el dato, era de 4 o 5%, cuando para un periodo normal con lluvias normales teníamos que tener 12% o 15%. Esa diferencia hace que un poco de impulso de la gente, con fosforito, logra un incendio fabuloso en cuestión de minutos… Esto tiene que ver con la gente desafortunadamente”, detalló el gerente de Áreas Naturales Protegidas del MARN, Javier Magaña.

“Ya sea por accidente o por intención, pero siempre sigue siendo el factor humano el responsable de la cantidad de incendios que se generan en nuestro país…”, lamentó el subdirector de Bomberos, Baltazar Solano.

¿Por qué una persona inicia un incendio? El deseo de cazar animales silvestres o extraer miel, la pereza de lanzar una colillas de cigarro, el descuido ante las mal llamadas “quemas controladas” y hasta las pandillas son algunas de las causas que mencionan las autoridades.

En el caso de Dulce Nombre de María, entre abril de 2006 y abril de 2016, hubo 30 incendios que consumieron 3,996 hectáreas de vegetación. Cuatro de esos siniestros arrasaron con 1,100 hectáreas de maleza y el resto con 2,896 de bosque.

En esta jurisdicción la cacería, las colillas de cigarro y la quema agrícola son las principales causas de los incendios, dijo Portillo.

Dulce Nombre de María ocupa el tercer lugar de los municipios del país donde los incendios forestales han consumido más vegetación en los últimos 12 años, según la base de datos proporcionada por Bomberos. El primer lugar lo ocupa San Vicente con 5,579 hectáreas quemadas y el segundo Tecoluca con 4,241.
Dulce Nombre de María pertenece al departamento de Chalatenango, el cual encabeza la lista de incendios forestales y de maleza seca en El Salvador con un total de 12,894 hectáreas dañadas por el fuego entre el 2006 y el 2017.

Solo en el cerro El Candelero han ocurrido cuatro incendios en el lapso de 12 años. El último fue atendido el 8 de marzo de 2015 y consumió mil hectáreas de pinos, árboles de roble y cafetales, según el registro de Bomberos. Sin embargo, el equipo de la Agencia Forestal de Dulce Nombre de María indicó que la cantidad de área dañada habría sido de 561 hectáreas, entre bosque y pastizal. Los registros de Bomberos y el MAG no coinciden, pero cuando se le solicitó al MAG una base de datos con los incendios atendidos argumentaron que esa información la debía proporcionar el Cuerpo de Bomberos como fuente oficial de la Comisión Nacional de Incendios Forestales (CNIF).

El último incendio en El Candelero inició el 6 de marzo de 2015 y se necesitaron tres días de trabajo para extinguirlo.

Independientemente de la cantidad de hectáreas incendiadas, el biólogo Néstor Herrera considera lo ocurrido como un daño severo al medio ambiente y a su entorno: “Sean 100 hectáreas o mil es un daño grandísimo lo que sucede en este país, porque los bosques son pocos. Como se quiera ver a nivel de todo El Salvador o por un municipio, como en el caso de Dulce Nombre de María, aún así el daño es considerable”.

Durante una visita de campo a El Candelero, el pasado 11 de enero, se constató que la mayor parte de la zona boscosa dañada desde aquel incendio de marzo de 2015 se ha restaurado, aunque eran notorios algunos troncos quemados y pinos que sobrevivieron al siniestro.

Herrera explicó que, en el caso del bosque de pinos, el fuego acelera la regeneración; pero aclaró que eso no significa que se deba incendiar intencionalmente este tipo de bosques.
“También encontramos un montón de daños en árboles maduros. Mi percepción fue que una parte de árboles maduros estaban lacrados, dañados por la recurrencia de los incendios. Sí había mucha regeneración de árbol joven que va a poder ser aprovechable, dentro de 30 o 40 años, pero el árbol que ahorita podría haberse aprovechado y que generará, digamos, un ingreso al propietario al generar madera, ese árbol está dañado por la recurrencia de incendios”, explicó.

En 2017 esa jurisdicción del departamento de Chalatenango no figuró en la lista de incendios, según se constató en el consolidado de Bomberos. De acuerdo con Jorge Portillo, de la Agencia Forestal, en la zona se implementan una serie de medidas con apoyo de la municipalidad y los pobladores, quienes integran las “brigadas rurales contra incendios”.
“La alcaldía ha contratado unos empleados como vigilantes, en época seca. Los ponen en puntos estratégicos, como guardias forestales, cuando hay incendios ellos avisan a la municipalidad y de ahí se coordina”, afirmó Portillo.

Aseguró que como Agencia Forestal toman medidas estrictas para autorizar la tala de árboles para que sea utilizada su madera.

Provocadores de incendios impunes

Pese a que provocar un incendio con severos daños se convierte en un delito estipulado con tres a seis años de cárcel, según los artículos 258 (sobre depredación de bosques) y 265 del Código Penal (sobre incendios), dar con el responsable de causarlo “es complicado” por falta de testigos y pruebas. En la mayoría de casos, aunque los afectados conozcan quien es el hechor optan por callar y no denunciar, concuerdan las autoridades.

“Aquí en Dulce Nombre de María nunca se ha sancionado a nadie; se levantó un juicio a un agricultor, pero como no hubo pruebas… Es bien difícil sancionar a una persona porque nunca nadie quiere declarar”, dijo Portillo.

De esa manera, frente a los 1,658 incendios ocurridos entre 2006 y 2017, los casos en investigación y aquellos en los que se ha abierto un proceso, ya sea en un juzgado penal o en uno de Medio Ambiente, son escasos. ¿Por qué? El jefe de la Unidad de Medio Ambiente de la Fiscalía General de la República (FGR), Juan Miguel Juárez, lo explicó: “Todo el mundo sabe quiénes son los hechores, pero en estos casos la gente no quiere denunciar por el alto índice y flagelo de la delincuencia… Últimamente han estado involucrados hasta pandilleros, ya con hechos concretos”.
Incluso el MARN calificó como conflictiva el Área Natural Protegida La Joya, en San Vicente, donde su personal ha reportado problemas para apagar incendios debido al acecho de las pandillas.

El fiscal, además, afirmó que otra de las debilidades con las que cuenta la FGR en su trabajo es la falta de peritos de la institución, por lo que deben recurrir a expertos de la Policía, Bomberos, el MARN o el MAG, quienes tienen sus “compromisos institucionales”.
“La clave es tener testigos y tener un peritaje, de haber hay muchos casos (de incendios forestales), pero la gente no quiere responsabilizarse por temor a decir que ha presenciado incendios”, añadió.

Entre los casos que tiene documentados la FGR está uno que ocurrió en 2016, el cual afectó a un asilo, ubicado sobre el kilómetro 51 y medio de carretera Litoral, en la playa El Amatal, cantón San Diego, departamento de La Libertad.

El fiscal Juárez indicó que el incidente sucedió por quemar un cañal, el fuego se propagó hacia el hogar de adultos mayores, donde había aproximadamente 200 personas, algunas afectadas por el humo. Señaló que en ese caso hubo testigos que denunciaron al responsable, por lo que el caso se judicializó. Al final, las partes involucradas lograron conciliar y el Juzgado de Sentencia de La Libertad determinó que el sospechoso debía cancelar dos mil 500 dólares y acordó el compromiso de no seguir quemando el cañal y reforestar.

Otra demanda se presentó el 17 de agosto 2017 ante el juzgado ambiental por un incendio en la reserva de Biosfera El Trifinio, en el sector de Chalatenango. Dos personas estaban siendo procesadas por quemar cultivos.

Mientras que, en enero de este año, tres personas fueron detenidas tras supuestamente quemar árboles de laurel en el caserío Mil Cumbres, municipio de Panchimalco, al sur de San Salvador. Los sospechosos fueron denunciados y capturados inmediatamente, dijo el fiscal. La diligencia la analizaba un juzgado de Paz de esa jurisdicción.

Magaña, del MARN, consideró que con la creación de los Juzgados Ambientales se ha logrado sancionar a algunas de las personas infractoras, aunque no proporcionó una cifra concreta de casos: “Hay procesos pendientes que esperamos que tengan medidas cautelares, en donde el juzgado (ambiental) determine lo que se debe hacer para resarcir el daño o que pase a una siguiente fase penal”.

El mes con más incendios

Marzo es cuando se incrementa el número de emergencias por incendios forestales. En este mes, entre 2006 y 2017, el fuego consumió 33,641 hectáreas. El segundo mes en el que ocurren más incendios es febrero, que acumula 13,337 hectáreas quemadas; le sigue abril con 9,192 hectáreas.

Además de ser el mes más caluroso, Magaña expuso que en marzo coinciden dos hechos: la zafra, que incluye la quema de la caña, y la preparación del suelo para la siembra de temporada. “Como ya en abril o mayo va a empezar a llover, la gente empieza a quemar para sembrar maíz y todavía tenemos caña quemándose, por eso es que se dispara”.

Pero, el fiscal Juárez va más allá al cuestionar que hace falta más compromiso por parte de las autoridades competentes que por mandato de la Constitución de la República y la Ley General de Medio Ambiente son las responsables de “la protección de los recursos naturales” y mencionó que en el país hace falta aplicar “los principios de prevención y precaución”. Asegura que ha hecho ese planteamiento en la CNIF. “No nos engañemos es una responsabilidad de todos, nosotros somos los malos de la película como fiscales, es nuestro rol, sería de aplicar ese principio y serían menos los incendios”, destacó.

“Deben ordenar al sector agropecuario, en el sentido de prohibir rotundamente la quema, porque eso no es cultural que le dañen la propiedad a uno”, añadió.

Sin un registro único de incendios forestales

El país carece de una base de datos completa sobre incendios forestales, pues distintas instituciones estatales manejan sus propias estadísticas.
La Comisión Nacional de Incendios Forestales (CNIF) esta integrada por el Cuerpo de Bomberos, el MAG y la Fiscalía General de la República, así como los ministerios de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Gobernación, Defensa, Turismo y Justicia y Seguridad.

Bomberos, institución que forma parte del Ministerio de Gobernación, recopila datos sobre estos hechos. Esta información es incluida siempre y cuando Bomberos haya atendido la emergencia. Fuentes de esta institución de socorro explicaron que en su registro solo se incluyen los siniestros que han consumido cinco hectáreas o más.
“Sin duda, habrá algunos otros (incendios forestales y de maleza) que los atiende la población o alguna otra entidad y que no están en este registro, podría ser que los extingan guardaparques o guardabosques de las zonas protegidas o de alguna finca (y) que no se reporte a Bomberos, porque puede ser un incendio de menor magnitud”, manifestó el subdirector de Bomberos, Baltazar Solano.

El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) también lleva su propio registro sobre estos incidentes, pero solo relacionados a las Áreas Naturales Protegidas (ANP), las cuales por ley le corresponde resguardar. La cartera de Estado cuenta con guardarrecursos que, según las autoridades, están capacitados y equipados para extinguir incendios. Sin embargo, cuando estos se salen de control necesitan el apoyo de bomberos, pobladores y personal del Sistema de Protección Civil.

Se solicitó a la Oficina de Información y Respuesta (OIR) del MARN los datos sobre los incendios ocurridos en las Áreas Naturales Protegidas entre 2006 y 2017, pero dicha cartera solo tiene estadísticas del 2012 al 2017, la cual fue proporcionada.

El 27 de febrero, tras una solicitud del MAG a la OIR del Ministerio de Gobernación, se recibió una copia de la base de datos del Cuerpo de Bomberos actualizada hasta diciembre.
Contar con un registro unificado podría ayudar a detectar cuáles son las zonas que año con año se queman para tomar planes preventivos e ir preparando un presupuesto adecuado a la emergencia, afirmó Herrera.

“Es preocupante que haya esa constante diferencia entre las instituciones que manejan la información o los datos”, comentó.

El biólogo considera que esta información, de estar completa, serviría para cuantificar las pérdidas y el riesgo en el que se encuentra las viviendas, los puentes y las carreteras cercanas a las zonas donde ocurren los siniestros. “Esto no se sabe porque los datos son contradictorios entre las mismas instituciones que trabajan en el sector y que tienen una mesa de control de incendios”, señaló el biólogo.

10 abril, 2018

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