Investigación

Familias salvadoreñas pagan hasta $14,000 por repatriar los cuerpos de sus muertos en el extranjero

Para repatriar un cuerpo desde otro país, las familias se enfrentan a un fuerte gasto. En algunos casos reciben apoyo de Cancillería, de comunidades de salvadoreños en el exterior o de la misma funeraria.
Familias salvadoreñas pagan hasta $14,000 por repatriar los cuerpos de sus muertos en el extranjero
María Juana Mejía sostiene una fotografía de Miguel Ángel Martínez Mejía, su hijo que murió atropellado en Estados Unidos. Foto EDH/ Menly Cortez

Por Xenia González Oliva

3 enero, 2019

Estados Unidos y México son los países desde donde más son repatriados cuerpos hacia El Salvador. Entre enero de 2009 y marzo de 2018, 833 cuerpos habían sido repatriados desde Estados Unidos, según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Desde México han sido repatriados 258 cuerpos en ese mismo período. En total han sido 1,248 cuerpos que han sido repatriados desde 25 distinos países. Algunos de sitios tan lejanos como Japón y Australia.

El 26 de septiembre de 2014, regresó al país el cuerpo de un joven de 28 años que se suicidó en Tokio, Japón. El joven era originario de San Salvador.

El costo del traslado

Al menos 40 cuerpos han sido repatriados desde países vecinos como Guatemala. En estos casos, los restos son trasladados vía terrestre debido a los costos que implica traerlos por vía aérea.

Cuando una persona fallece en Estados Unidos, las familias deben buscar una funeraria local en su estado. Ismael Guzmán, propietario de la Funeraria Ismael Guzmán, explica que dependiendo del lugar en el que se encuentren así podrá ser el costo. Por ejemplo, una funeraria de Los Ángeles a El Salvador estaría cobrando de $9,000 a $14,000, según Gúzmán.

“Por ello le damos el consejo que tengan la posibilidad de enviar el cuerpo de su ser querido en una caja provisional porque hay dos opciones, para que la persona pueda ahorrar más, le recomendamos que pueda enviarlo en una caja provisional”, asegura.

No obstante, la mayoría prefiere comprar la caja en Estados Unidos, aunque sea más caro.

 

La funeraria de Guzmán tiene convenios con funerarias de Miami, Los Ángeles y Washington, que se comunican directamente con ellos cuando una familia de El Salvador busca sus servicios. En esos casos, la funeraria de Estados Unidos se encarga de llevara cabo todo el proceso de preparación del cadáver y luego enviarlo por avión hacia El Salvador. Guzmán dice que ellos se encargan de recogerlo en el aeropuerto y llevarlo hasta la casa de sus familiares.

Guzmán expone que hay muchas familias que se desgastan económicamente para poder tener de nuevo con ellos a su familiar y poder despedirse por última vez.
“Muchas veces nos ha tocado colaborar con gente, como de San Miguel, que no tiene fondos, cobramos solo lo que se paga en el aeropuerto y la gasolina”.

En la mayoría de los casos con los que él ha trabajado, la familia ha recibido apoyo de la comunidad salvadoreña tanto en los Estados Unidos como en su lugar de origen.

¿Cuál es el apoyo de Cancillería?

Tania Camila Rosa, directora general de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores, explica que el servicio que brindan no es para la totalidad de las personas fallecidas, sino para quienes piden apoyo a Cancillería o quienes inician un proceso a través de la red consular. Hay una cantidad indeterminada de casos que no pasan por Cancillería, ni por el consulado.

Por ejemplo, Guzmán dice que hasta inicios de diciembre no había trabajado con clientes que hubieran solicitado apoyo de Cancillería.

Rosa explica que ellos solo se enfocan en confirmar la nacionalidad de la persona, mantener un diálogo entre la familia y el otro país, en caso de que necesaria una investigación por las circunstancias en la que ocurrió la muerte. El resto del papeleo queda a cargo de la familia y la funeraria. “Nuestro rol es facilitar los mecanismos. Si ya median estas circunstancias, un accidente, un tiroteo, nos vinculamos pidiendo a las autoridades competentes una investigación”, dice Rosa.

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Pero Cancillería también brinda apoyo económico en ciertos casos, ya sea parcial o totalmente.

“Dentro de los criterios de selección para el financiamiento tiene que ver ese estado de vulnerabilidad de la persona. Tiene que ver si era un migrante en tránsito. Usted es más vulnerable, empeñó todo, vendió sus animales, vendió su casa, se endeudó, le debe al coyote. Ese tipo de población es la que viene más”, dice.

Cuando la familia comienza un proceso con Cancillería, primero le piden tres cotizaciones de funerarias, que suelen ser con las que los consulados ya trabajan. Rosa dice que ellos buscan que las personas no sean engañadas y que los costos estén acordes a los parámetros del país. En caso de que no sea posible para los familiares conseguir recursos para pagar el traslado, Cancillería hace un estudio socioeconómico y una declaración jurada en la que la persona que solicitó la ayuda hace constar que no puede costear la repatriación del cuerpo.

Dependiendo del caso, Cancillería cubre los costos total o parcialmente. Rosa considera que los montos mencionados por las funerarias consultadas son más altos que con los que ellos trabajan.

Guzmán expone que esto se debe a que el costo de la caja en Estados Unidos es elevado, mientras que a través de Cancillería suele obtenerse una caja provisional.

Además, las familias también pueden optar por velar el cuerpo en Estados Unidos.

“También con Cancillería es demasiado tardado, mes y medio, dos meses. Hemos tardado dos meses en traer un cuerpo, muchas veces es el caso o el tipo de muerte de la persona”. Guzmán asegura que cuando se hace directamente con una funeraria el proceso suele tardar 15 días.

“La gente paga por un servicio más rápido, digamos. Lo que sí hace Cancillería es que cuando ayudan ellos recogen el cuerpo y lo entregan en la casa” añade.

Pero Rosa señala que ellos no se encargan de establecer los tiempos y principalmente depende de la causa de muerte. Señala que ellos comprenden el dolor y desesperación de las familias.

Cuando la Cancillería es notificada primero, mandan a llamar a la familia para darles la noticia en sus oficinas, pero también brindarles acompañamiento personal. “Tenemos personal adecuado. Toda la dirección se inunda de tristeza. Es un trabajo que hay que hacer con amor, con tacto. Es una noticia impactante”, dice Rosa.

Los períodos más largos de espera se dan cuando los cuerpos a repatriar son de salvadoreños que han fallecido en el trayecto como migrante y estuvieron desaparecidos por años.

En el registro de Cancillería, uno de los casos que tomó más tiempo fue el de un joven de 27 años que falleció en el desierto en Estados Unidos. El cuerpo fue encontrado en julio de 2009 y logró ser repatriado hasta el 4 de mayo de 2017.

En los casos de los cuerpos repatriados entre 2017 y 2018, la cantidad de días que tomaban los procesos rondaban entre 7 y 49 días.

Rosa dice que tienen el compromiso de garantizar que todos los cuerpos de salvadoreños que han sido identificados puedan regresar.
“Es lo peor que podría pasar, saber que es un salvadoreño que queda en un lugar lejano sabiendo que tiene familia acá”.

Por ello, cuando tuvieron el caso de una joven desaparecida que logró ser identificada por pruebas de ADN después de mucho tiempo de espera, pero su madre decidió que no se podía tratar de su hija, la dirección tomó la decisión de siempre trasladar el cuerpo.

“Nosotros no nos encontrábamos con la fuerza de que se dejara, ella (la mamá) decía que no, que su corazón le decía que no era. La trajimos y nosotros sabemos quién es. No nos hallamos en valor de que la enterrarán allá como desconocida. Algún día ella va a creer que sí es su hija”, expuso Rosa.

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De todos los casos reportados, el consulado más buscado para brindar apoyo ha sido el de Houston, Texas, brindando apoyo en 164 casos entre los años 2009 y 2018. Seguido por el consulado de Los Ángeles, en California, Washington D.C. y Monterrey, en México.

De los casos atendido por el consulado de Houston, la mayoría había muerto por deshidratación. Pero también brindaron apoyo para 23 casos de salvadoreños que fallecieron en su viaje como migrantes y 21 más que fueron asesinados.

En cuanto a los casos atendidos por el consulado de Los Ángeles, la principal causa de muerte fue falla del corazón, seguida de deshidratación y muerte natural.

El apoyo de una familia y la comunidad salvadoreña

En Ciudad Victoria todos temían que la noticia de la muerte de su hijo afectara aún más la salud de María Juana Mejía, de 64 años, conocida por sus comedores y su amabilidad.

Tres días antes ella había hablado por teléfono con su hijo, Miguel Martínez. Él tenía 12 años de haberse ido del país, aunque tenía trabajo estable no había podido legalizarse y no había podido regresar al país en todo ese tiempo.

Justo ese día ellos hablaron sobre la posibilidad de que María sacara su visa y lo visitara. Él le dijo que le enviaría el dinero para que ella y su esposo fueran a la Embajada Americana. Le pidió también que le llamara cuando ella saliera de la operación en el ojo que tenía programada para el 23 de julio de 2018.

Esa mañana, Miguel salió hacia su trabajo. Antes, había planchado la ropa de su hijo, se puso sus audífonos y comenzó a caminar. María sabe que él trabajaba en un rancho que le quedaba cerca de la casa.

Le han contado que mientras Miguel caminaba hacia su trabajo, un trailer se le atravesó y lo atropelló. El motorista se había dormido mientras conducía.
“Cinco pacientes esperaba cuando sentí en mi vista, que alguien se me cruzó, como dicen que uno de madre siente. Tuve una corazonada”, recuerda María.

La presión se le había disparado, su cirugía se suspendió, pero los doctores del Hospital de San Vicente decidieron que mejor se quedara ingresada. Esa noche, entre una doctora y un enfermero le contaron la noticia.

Todo pasó muy rápido, en medio de su tristeza, María se dio cuenta que entre sus hijos y amigos lograron recolectar todo el dinero que necesitaban para pagar el traslado del cuerpo de Miguel.
“Fue una bendición de Dios, porque quedaron debiendo sus centavos, sacaron un préstamo y todos los ahorritos. Se tardó quince días. Cabalito a los 15 días me lo trajeron”, dice María.

Acepta que habría sido muy doloroso para ella tener que esperar más tiempo. Durante esos quince días soñaba todas las noches con que su hijo llegaba ya.
Los de la funeraria de Guzmán se encargaron de hacer todo el traslado desde el aeropuerto y de poner lo necesario para el velorio.

Ese día se llenó la cuadra frente a su casa, de personas que querían despedir a Miguel y acompañarla en ese duro momento.

Ahora María sigue con la ilusión de que le puedan dar la visa el próximo año para cumplir la visita de la que había hablado con su hijo. “Si el señor me lo permite y Diosito me da fuerza. Voy a ir primero Dios, hijos, a ver personalmente dónde fue que mi hijo murió”.

Si le interesa acceder a los datos usados para realizar esta nota, puede descargar el documento original enviado por la Oficina de Información y Respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores así como la base de datos trabajada y normalizada haciendo click AQUÍ

3 enero, 2019

Acerca del Autor

xenia.gonzalez


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